domingo, 15 de agosto de 2010

Taller de Fomacion de Facilitadores




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miércoles, 11 de agosto de 2010

MODUS VIVENDI o CONCORDATO: Ley Aprobatoria del Convenio Celebrado entre la República de Venezuela y la Santa Sede Apostólica

MODUS VIVENDI o CONCORDATO: Ley Aprobatoria del Convenio Celebrado entre la República de Venezuela y la Santa Sede Apostólica

MODUS VIVENDI o CONCORDATO: Ley Aprobatoria del Convenio Celebrado entre la República de Venezuela y la Santa Sede Apostólica



El Papa Paulo VI y el entonces Presidente de la República de Venezuela, Rómulo Betancourt, dieron poderes plenipotenciarios a Monseñor Luigi Dadaglio, Nuncio Apostólico en Venezuela y al doctor Marcos Falcón Briceño, ministro de Relaciones Exteriores, para suscribir el convenio, fechado el 6 de marzo de 1964. El Modus vivendi o también llamado Concordato, sustituye a la Ley de Patronato Eclesiástico, aprobada por el Congreso de la Gran Colombia en 1824 y ratificada luego en el Congreso en 1833. El texto íntegro del Modus vivendi está tomado de la Gaceta Oficial Nº 27.478, publicada el martes 30 de junio de 1964.
Artículo Único: Se aprueba el convenio celebrado entre la República de Venezuela y la Santa Sede Apostólica, cuyo texto dice así:

"La Santa Sede Apostólica y el Estado Venezolano, en consideración a que la Religión Católica, Apostólica y Romana, es la Religión de la gran mayoría de los Venezolanos y en el deseo de que todas las cuestiones de interés común puedan ser arregladas cuanto antes de una manera completa y conveniente, y proponiéndose hacerlo en futuros Acuerdos, han determinado definir entre tanto algunas materias de particular urgencia sobre las cuales las dos Altas Partes han llegado a un acuerdo.
A este fin, Su Santidad el Sumo Pontífice Paulo VI y Su Excelencia el Señor Rómulo Betancourt, Presidente de la República de Venezuela, han tenido a bien nombrar por sus Plenipotenciarios, respectivamente, a Su Excelencia Reverendísima Monseñor Luigi Dadaglio, Nuncio Apostólico Pontífice Paulo VI y Su Excelencia el Doctor Marcos Falcón Briceño, Ministro de Relaciones Exteriores, quienes, después de entregadas sus respectivas Plenipotencias y reconocida la autenticidad de las mismas, han convenido lo siguiente:


Art. I.- El Estado Venezolano continuará asegurando y garantizando el libre y pleno ejercicio del Poder Espiritual de la Iglesia Católica, así como el libre y público ejercicio del culto católico en todo el territorio de la República.

Art. II.- El Estado Venezolano reconoce el libre ejercicio del derecho de la Iglesia Católica de promulgar Bulas, Breves, Estatutos, Decretos, Cartas Encíclicas y Pastorales en el ámbito de su competencia y para la prosecución de los fines que le son propios.

Art. III.- El Estado Venezolano reconoce la personalidad jurídica internacional de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Para mantener las relaciones amistosas entre la Santa Sede y el Estado de Venezuela continuarán acreditados un Embajador de Venezuela ante la Santa Sede y un Nuncio Apostólico en Caracas, el cual será el Decano del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Gobierno de Venezuela.

Art. IV.- Se reconoce a la Iglesia Católica en la República de Venezuela como persona jurídica de carácter público. Gozan además de personalidad jurídica para los actos de la vida civil las Diócesis, los Capítulos Catedrales, los Seminarios, las Parroquias, las Órdenes, Congregaciones Religiosas y demás Institutos de perfección cristiana canónicamente reconocidos. Las instituciones y entidades particulares que, según el Derecho Canónico, tienen personalidad jurídica, gozarán de la misma personalidad jurídica, ante el Estado una vez que hayan sido cumplidos los requisitos legales.

Art. V.- La erección de nuevas Arquidiócesis, Diócesis y Prelaturas Nullius y las modificaciones de los límites existentes se harán por la Santa Sede previo acuerdo con el Gobierno. Ninguna parte del territorio venezolano dependerá de un Obispo cuya sede esté fuera de las fronteras de la República. Cuando hayan de erigirse nuevas Diócesis o mortificarse los límites de las actuales se procurará que los límites diocesanos coincidan, en lo posible, con las divisiones políticas del territorio nacional.

Art. VI.- Antes de proceder al nombramiento de un Arzobispo u Obispo diocesano, o de un Prelado Nullius, o de sus Coadjutores con derecho a sucesión, la Santa Sede participará el nombre del candidato al Presidente de la República, a fin de que éste manifieste si tiene objeciones de carácter político general que oponer al nombramiento. En caso de existir objeciones de tal naturaleza, la Santa Sede indicará el nombre de otro candidato para los mismos fines. Las diligencias correspondientes se desarrollarán con la mayor reserva a fin de mantener secretos los nombres de los candidatos hasta que sea publicado el nombramiento definitivo. Transcurridos treinta días desde la comunicación hecha al Presidente de la República, el silencio de éste se interpretará en el sentido de que no tiene objeciones que oponer al nombramiento. En casos excepcionales, dicho término podrá extenderse hasta sesenta días, de acuerdo con la Nunciatura Apostólica.

Art. VII.- Los Arzobispos y Obispos diocesanos y sus coadjutores con derecho a sucesión serán ciudadanos venezolanos.

Art. VIII.- La provisión de las Dignidades de los Capítulos Metropolitanos y Catedrales está reservada a la Santa Sede. Pero, en atención a lo que dispone el Art. XI, el nombramiento se comunicará oficialmente al Gobierno de Venezuela antes de la toma de posesión por parte de los investidos. En el caso de creación de nuevas dignidades, tendrá aplicación el Artículo XI con respecto a ellas, una vez que haya mediado un acuerdo con el Gobierno.

Art. IX.- La provisión de las canonjías y beneficios menores de los Capítulos Metropolitanos y Catedrales se hará libremente por la competente Autoridad Eclesiástica, de acuerdo con las normas del Derecho Canónico. El Ordinario del lugar dará comunicación oficial de dichos nombramientos al Ejecutivo Nacional antes de que los nuevos investidos tomen posesión canónica del beneficio. En el caso de creación de nuevas Dignidades, tendrá aplicación el Art. XI con respecto a ellas, una vez que haya mediado un acuerdo con el Gobierno.

Art. X.- La erección de nuevas Parroquias se hará libremente por los Ordinarios diocesanos, los cuales comunicarán a la primera Autoridad Civil de la jurisdicción la erección y los límites de las nuevas Parroquias así como los cambios de límites de las Parroquias ya existentes.

Art. XI.- El Gobierno de Venezuela, dentro de sus posibilidades fiscales, continuará destinando un Capítulo del Presupuesto que seguirá llamándose «Asignaciones Eclesiásticas» para el decoroso sostenimiento de los Obispos, Vicarios Generales y Cabildos Eclesiásticos. También se destinará una partida presupuestaria adecuada para ejecutar y contribuir a la ejecución de obras de edificación y conservación de templos, Seminarios y lugares destinados a la celebración del culto.

Art. XII.- El Gobierno de Venezuela, en su propósito de atraer e incorporar a la vida ciudadana a nativos del país que habitan en regiones fronterizas o distantes de los centros poblados, continuará prestando especial apoyo y protección a las Misiones Católicas establecidas en algunas regiones de la República. La Santa Sede dará comunicación oficial al Gobierno de Venezuela de la erección de nuevos Vicariatos Apostólicos o de la división de los ya existentes. Los Vicarios, Prefectos Apostólicos y los Superiores de las Misiones autónomas serán nombrados por la Santa Sede, la cual dará al Gobierno comunicación del nombramiento antes de que sea publicado.

Art. XIII.- Cuando a juicio de los Ordinarios sea necesaria la colaboración ya sea de Institutos Religiosos de varones o mujeres, ya sea de Sacerdotes seculares de otra nacionalidad, para la asistencia religiosa de los fieles y para las obras sociales y de beneficencia públicas o privadas, se solicitará por escrito su entrada y permanencia en el país, las cuales serán otorgadas por la competente Autoridad, previo el cumplimiento de los requisitos legales ordinarios.

Art. XIV.- La Iglesia podrá libremente establecer Seminarios Mayores y Menores, tanto Diocesanos como Interdiocesanos, y otros Institutos destinados a la formación del Clero Secular y Religioso, los cuales dependerán únicamente de la Autoridad Eclesiástica en su dirección, régimen y programas de estudio. Reconociendo el Estado los fines específicos de la educación impartida por tales Seminarios e Institutos, está dispuesto a conceder la equivalencia de los estudios de educación secundaria siempre que el plan de dichos estudios contenga, en igualdad de condiciones, las asignaturas que integran el de educación secundaria.

Art. XV.- El Estado Venezolano, de conformidad con la Constitución, reconoce el derecho de organización de los ciudadanos católicos para promover la difusión y actuación de los principios de la fe y moral católicas mediante las asociaciones de Acción Católica dependientes de la autoridad Eclesiástica, las cuales se mantendrán siempre fuera de todo partido político.

Art. XVI.- Las Altas Partes signatarias se comprometen a resolver amistosamente las eventuales diferencias que en lo futuro pudiesen presentarse en la interpretación o aplicación de cualquier cláusula de la presente Convención y, en general, en las mutuas relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Art. XVII.- La presente Convención - cuyos textos en lengua italiana y español la hacen fe por igual - entrará en vigor desde el momento del canje de ratificación. Una vez ratificado, el presente Acuerdo será la norma que, como lo prevé el Art. 130 de la Constitución, regulará las relaciones entre la Iglesia y el Estado.


Caracas, 6 de Marzo de 1964

MARCOS FALCÓN BRICEÑO

sábado, 7 de agosto de 2010

El guardian catolico - Multitudinaria celebración del Cuatricentenario del Santo Cristo en La Grita

Multitudinaria celebración del Cuatricentenario del Santo Cristo en La Grita


El Papa Benedicto XVI envió un mensaje a los tachirenses con motivo de los 400 años del Santo Cristo, invitando a “a crecer continuamente en la fe para que mediante una adecuada formación religiosa, la recepción frecuente de los sacramentos, así como la participación activa en las diversas actividades caritativas y pastorales de la Iglesia, den testimonio de Cristo, de su enseñanza y de su amor en todos los ámbitos de la sociedad actual”



San Cristóbal, estado Táchira.- Miles de peregrinos participaron este viernes de la celebración del cuatricentenario del Santo Cristo, Patrono y Protector y del Táchira. La ceremonia se efectuó en el estadio del municipio Jáuregui, y fue presidida por monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, también participaron otros obispos y sacerdotes de Venezuela.
El Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Monseñor Mario Moronta presidó le eucaristía siendo acompañado por los Prelados de la Conferencia Epioscopal Venezolana. Foto Cortesía: Prensa DSC.
Los peregrinos que participaron de la ceremonia recibieran la grata sorpresa de la llegada de la imagen de la Virgen de la Consolación de Táriba, que era traída en hombros por el Obispo y Sacerdotes de San Cristóbal.
En la Homilía Mons. Mario Moronta exhortó a los feligreses a transformar con el poder del amor “egoísmos y mezquindades, la soberbia y el orgullo, la injusticia y la opresión del pecado, el menosprecio de los demás y los antivalores que oscurecen la vida de tantos hermanos nuestros. Con esas y otras espadas y lanzas sólo se pretende el mal que en nuestra región se manifiesta con la violencia, la delincuencia, la usura, el aborto, la prostitución, el narcotráfico, los secuestros, la corrupción, el sicariato, el desprecio hacia la vida y los ataques contra la moral de nuestros niños…”
También el Obispo expresó la necesidad de “ante la venerada y cuatricentenaria imagen del Santo Cristo de La Grita gritemos al mundo y a Venezuela, que los pobres, los excluidos, los desplazados y los menospreciados… reflejan el rostro de Cristo; es urgente que sigamos diciendo que el dolor de los familiares de los secuestrados tanto como el de ellos mismos, el de los niños explotados por mafias que buscan lucrarse a costa de ellos, el de los que sufren tantas injusticias en nuestra sociedades, el de tantas madres, padres, hijos y esposas de quienes mueren asesinados por sicarios se encuentra reflejado en el rostro de ese Cristo a quien hoy y siempre veneramos; que ellos son nuestra primera preocupación y que constituyen el resplandor glorioso de ese rostro sereno del Santo Cristo de La Grita”.
Mons. Moronta pidió como compromiso a los peregrinos que “al ir regresando a nuestros hogares y a la cotidianidad de nuestras vidas, junto a la tarea evangelizadora, tenemos el compromiso de mostrar desde nosotros el rostro de Cristo, el liberador que da vida, el salvador que da plenitud, el redentor que da perdón, el Cordero de Dios inmolado por nosotros y Testigo fiel ante el Padre Dios”.


Una multitud de peregrinos se congregó junto a sus pastores católicos para venerar al Santo Cristo de La Grita.

Durante la celebración eucarística el Santo Cristo recibió como ofrenda una corona, como símbolo de su majestuosidad divina y soberana sobre quienes expresar su fe en el amor al Cristo Redentor.
Por su parte, el Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. Ubaldo Santana, presentó el mensaje enviado por el Papa Benedicto XVI con motivo de los 400 años del Santo Cristo, en el que invita “a crecer continuamente en la fe para que mediante una adecuada formación religiosa, la recepción frecuente de los sacramentos, así como la participación activa en las diversas actividades caritativas y pastorales de la Iglesia, den testimonio de Cristo, de su enseñanza y de su amor en todos los ámbitos de la sociedad actual”. Comunicado que envió mediante la Secretaria de Estado del Vaticano.
Al final de la celebración el Obispo de San Cristóbal de manera enfática, directa y contundente denunció el sicariato, el secuestro y la extorsión que sufre la población tachirense por la presencia de paramilitares y guerrilleros en el territorio regional. A quienes llamó a la conversión en nombre del Santo Cristo.
Al concluir la misa, la imagen del Cristo de La Grita fue acompañada por fieles en la procesión por las calles del municipio Jáuregui. Población que continuará celebrando el año jubilar del cuatricentenario de la aparición de esta imagen hasta el mes de enero próximo.



HOY, NO TE OLVIDES: ¡ROSARIO BLOGUERO!

HOY, NO TE OLVIDES: ¡ROSARIO BLOGUERO!

HOY, NO TE OLVIDES: ¡ROSARIO BLOGUERO!

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En ausencia del maestro (
Ver enlace) y sin querer sustituirlo, porque eso es imposible; me atrevo a recordar a la bloguería, nuestro compromiso sabatino con la Madre.
Hoy, de nuevo, gracias a la iniciativa e inspiración “angelical” de
UNO, nos unimos MUCHOS para rezar unos por otros, para pedir ayuda y protección a la Madre común y sobretodo para honrarla y decirla que la queremos mucho.
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Así pues, nuestra intención es recordarla, que no se nos pase ni un sábado, sin dar gracias a Dios por su presencia entre nosotros; que no se nos pase EL ROSARIO BLOGUERO, que es algo así como decirle a Nuestro Dios, algo tan castizo y tan bonito como….
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VIVA LA MADRE QUE TE PARIÓ.
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Ella sigue siendo el puente, nuestra última y mejor defensa.

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NO LO DUDES PUES,.... ENTRA y UNETE A NUESTRO ROSARIO BLOGUERO (Ver enlace).

De momento ahí va.... medio MISTERIO para que lo escuches y lo reces conmigo.

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UNA SUPERVIVIENTE DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA (1931-1939) CUENTA SU HISTORIA

UNA SUPERVIVIENTE DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA (1931-1939) CUENTA SU HISTORIA

UNA SUPERVIVIENTE DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA (1931-1939) CUENTA SU HISTORIA


TESTIMONIO DE PERSECUCIÓN, MARTIRIO Y PERDÓN

Tomado del Proceso de Beatificación de sor María Victoria Valverde, Franciscana de la Divina Pastora, brutalmente asesinada por los milicianos de izquierdas por la única razón de ser por aquel entonces la superiora de la comunidad de su congregación en Martos, provincia de Jaen, al estallar la guerra civil española:

“Conocí a M. Victoria Valverde en el año 1924, fecha en la cual ingresé en el Noviciado en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde M. Victoria era la Superiora. Más tarde, siendo profesa, fui destinada a la Comunidad de Martos (Jaén) estando en este tiempo M. Victoria como Superiora de esta Comunidad. Aquí conviví con ella desde el año 1931 hasta el 12 de enero de 1937. M. Victoria era muy querida por todos los miembros de la Comunidad, alumnas y personas allegadas al Colegio, por su trato amable y delicado, virtud y capacidad, don de gentes pero sobre todo destacaba en ella profundamente la prudencia, la caridad y la humildad; afirmo que era humildísima. Se dedicaba en este tiempo a las clases de labores y bordados, con las señoritas mayores. Si bien no poseía preparación intelectual destacada, dada la ascendencia moral que tenía su persona en la Congregación, se rumoreaba entre las Religiosas que podía ser la futura Superiora General.

Hago constar, que durante los años que convivimos juntas inmediatos al desenlace de la guerra civil española, nunca le oí referencia alguna a cuestiones políticas, pues estábamos absolutamente ignorantes de ellas, ni siquiera leíamos periódicos. Era una mujer de vida sencilla, muy delicada de salud, cuya preocupación constante era servir a sus hermanas con diligencia y caridad; quería mucho a las niñas. Me consta que tampoco tenía enemigos, fácil de comprender dada su suavidad de trato, su dulzura y caridad con todos; su vida era sencilla y sin ruidos. Formábamos la Comunidad en este tiempo doce Religiosas.

En el año 1936, la situación se ponía cada día más peligrosa. Ya hacía tiempo que M. Consolación del Blanco y la que declara vestíamos de seglar, para poder dictar clases en el nivel secundario, pasando desapercibidas como religiosas. Se fue complicando cada día más la situación, se suspendieron las clases y ya se oían amenazas telefónicas y verbales. A1 ver el cariz que esto tomaba, M. Victoria, Superiora de la casa, permitió a las Religiosas, sobre todo a las más temerosas, que se fueran con sus familias, otras a las casas de las personas más adictas al Colegio. En un corto lapso de tiempo salieron todas, menos M. Victoria, M. Amparo Rodríguez y yo, que permanecimos hasta el 20 de julio de 1936; después de haber tenido varios registros y a la fuerza, ya que el Colegio estaba lleno de milicianos, nos obligaron a abandonarlo. M. Amparo Rodríguez, de avanzada edad, le hizo tal impacto el obligarla a quitarse el hábito que se trastornó, perdiendo sus facultades mentales: no había medio ni fuerza humana para sacarla de casa, ni por las amenazas de los milicianos, ni de los fusiles que la apuntaban. El vestido de seglar que se le puso lo rasgó entero, y gracias a la fuerza hercúlea que el Señor me dio en ese momento, la cogí debajo del brazo y sosteniéndome de la baranda de la escalera, la pude sacar a la calle.

En este intervalo, los milicianos estaban invadiendo la casa entera y profanando los objetos religiosos que encontraban a su paso: a mis pies arrojaron un hermoso crucifijo que hicieron pedazos en mi presencia. Ante esta profanación me estremecí de tal forma que lancé un grito: ¡Virgen Santísima!, a lo que los milicianos replicaron: “Piense usted lo que dice, que le puede costar la vida". Oí decir también: “Lástima de mujer metida en el convento". Les pedimos que nos permitieran recoger una muda de ropas, lo cual lo hicimos vigiladas constantemente. Antes de esto, viendo la situación cómo estaba, se habían consumido las especies sacramentales.

Las tres religiosas fuimos a la casa de la Sra. Ana Fernández, viuda de Espejo, en el pueblo de Martos. Durante dos meses estuvimos aquí las tres, y viendo que éramos demasiada carga para la familia, M. Victoria se va con la Sra. Camacho, donde permanece un mes, habiéndose enterado que un hijo era miliciano y ya sabían que estaba allí la Superiora de San Francisco, según nos llamaba la gente, por haber sido este Colegio convento de Franciscanos, y se enteró que comentaban que iban a buscarla para apresarla; le aconsejaron que abandonara Martos o por lo menos que se marchara de aquella casa. A lo de abandonar Martos siempre contestó que mientras hubiera una sola de sus Religiosas, ella no se marchaba, ella era la Superiora y, por lo tanto, la que debía responder; por esta razón vuelve a la casa de la Vda. de Espejo. Aquí permaneció hasta el día del martirio.

El 25 de julio, fiesta del apóstol Santiago, sobre las 10 de la mañana, se armó un gran alboroto en la Plaza Fuente Nueva, delante de la Iglesia de San Francisco (que era la del Colegio) y nos enterarnos enseguida que habían sacado las imágenes arrastrándolas por las calles: la Divina Pastora, después de romperla en varias partes, la tiraron a un pilón que había en dicha fuente y la imagen del Niño Jesús la ataron por el cuello y la llevaron arrastrando por varias calles hasta que se hizo pedazos.

Durante todo este tiempo tuve que acompañar a M. Victoria a dar cuenta al ayuntamiento dónde se encontraban las Religiosas primero cada 15 días, muy pronto cada 8 días y después todos los días. Uno de estos días que íbamos al ayuntamiento, estaba la plaza llena de milicianos y el Sr. Alcalde dándoles una arenga desde los balcones del ayuntamiento; había gran alboroto, vociferando: “¡Viva el Alcalde! ¡Mueran los curas y las monjas!” Al desembocar en dicha plaza, M. Victoria se conmovió tanto que casi se desmaya en medio de la calle; apoyada en mi brazo la metí en un comercio de toda confianza de la Comunidad y haciéndole señas al jefe del comercio (le indiqué la situación, no podía hablar), le pedí una silla y piezas de tela, para que simulara estar comprando.

Mientras, yo me iba cruzando por en medio de esta turba y gritería, y pude llegar al conserje del Ayuntamiento, exponiéndole que la M. Superiora no podía acercarse por encontrarse mal; estaba muy delicada de salud, casi siempre tuvo 38° y 39° de temperatura. El conserje me recibió amablemente, diciéndome que no me preocupara y que hasta tanto se pusiera buena me presentara sola, como así lo hice, no sin gran temor, ya que veía con claridad que aquella amabilidad y simpatía no podía tener un fondo sano. Vi claramente la mano de Dios, después de enterarme de los proyectos que este señor tenía de llevarme a su casa. Este mismo día, al regresar con M. Victoria, ya repuesta de su desmayo, alguien nos conoció y empezaron a gritar y a tirar pedradas contra nosotras. Marchamos ocultamente por un callejón, escapando sin alcanzarnos ninguna piedra. Lo vi también providencial.

Yo visitaba todos los días a M. Victoria, pasaba la tarde con ella, y a pesar del cariño y confianza que tenía a esta familia, en cuanto yo llegaba, me llevaba aparte; se veía en ella la necesidad de desahogar la impresión que tenía en su interior. Siempre sacaba la conversación sobre su martirio, estaba segura que la mataban, repetía constantemente que no se sentía con fuerzas de mártir, tenía terror que pudieran profanarla, más que a la muerte; yo trataba de animarla y contagiarle el optimismo que sentía, pero a ella nada la convencía. El 11 de enero de 1937, por la mañana, se presentó en casa donde estaba M. Victoria, Dolores Camacho notificándole que la noche anterior se había acordado en el Comité Miliciano, que recogerían todas las Religiosas para matarlas, en primer lugar las Superioras de las distintas Comunidades.

Llegó el 12 de enero de 1937; M. Victoria se levanta persuadida que era el último día de su vida. Y así lo dijo a Doña Ana: “Tengo un presentimiento triste, no sé por qué me figuro que de hoy no pasa, que me van a prender, y quiero ver a mis hijas por última vez (a sus Religiosas)". Vino a buscarme a la casa donde yo me alojaba, me entregó un monedero vacío, me dio todo lo que tenía; que diera cuenta a M. Natividad Vázquez, Superiora General, dónde estaban las Religiosas y entregara las escrituras de la casa. Efectivamente, a eso de las ocho de la noche se escucha un estruendo grande y llaman a la puerta bruscamente. Venían por ella. La llevaron y atrozmente la mataron juntamente con la Abadesa de las Religiosas Clarisas y otra religiosa Trinitaria, en la madrugada del 13 de enero de 1937.

Ese mismo día, a altas horas de la noche, se presentaron también en mi búsqueda en la casa donde me refugiaba, pero como momentos antes nos avisaron, por amistad de la familia con un jefe de los milicianos, salimos huyendo en su coche para un pueblo próximo, Torredonjimeno, donde vivía un hermano de estas señoritas, farmacéutico, que nos acogió en su casa; yo tuve que vivir escondiéndome constantemente hasta que terminó la guerra, casi los tres años, refugiándome en buhardillas. La familia se iba a los refugios cuando los bombardeos arreciaban, pero yo me quedaba en unas buhardillas al amparo sólo de la Providencia.

Continuando con el relato de lo acaecido a M. Victoria, no lo vi pero se comentó por todo el pueblo al día siguiente del hecho, por algunos que escucharon y otros presenciaron de lejos; esto se dijo: “Las sacaron de la cárcel donde estaban y las metieron en un camión para llevarlas al sitio del martirio". De esto se puede decir poco, ya que todas murieron y no hubo más testigos que ellas mismas y un señor que se había escapado de la cárcel y estaba escondido en un monte y desde lejos pudo observar algo de lo que ocurría. Tampoco pudimos hablar con él porque lo cogieron y lo mataron; así que lo poco que se sabe es lo que él pudo contar a sus familiares y lo que los verdugos han querido declarar en el juicio: Las llevaron a un caserío, término de Las Casillas, y allí quisieron profanarlas, y se supone que lo llevarían a cabo por una conversación que tuvieron después del martirio, celebrando un banquete y con las manos aún llenas de sangre, decían: “Hasta hoy no he creído que las monjas eran vírgenes; hoy lo creo". A M. Victoria me dijo uno de sus verdugos que quisieron quitarle el anillo de profesión perpetua que tenía puesto y como estaban las manos hinchadas no podían sacárselo y, para lograrlo, le cortaron el dedo. El anillo lo entregó el criminal y está en nuestro poder.

El alcalde de Martos, envió a darles sepultura al cementerio de Las Casillas y allí permanecieron hasta que terminó la guerra. Al terminar la guerra volví a Martos. Yendo al Colegio, no encontré más que auténticas ruinas y un asqueroso muladar. Me tocó llevar adelante la reconstrucción del Colegio siendo la Superiora de la Casa, pudiendo así enterarme de todos estos datos referentes a M. Victoria. También quiero decir que me propusieron hacer declarar al verdugo, pero como lo iban a obligar a declarar apaleándolo, lo consideré inhumano y no lo consentí. Con respecto al anillo, lo tenía en su casa la madre del asesino y nos lo entregó, como he manifestado anteriormente.”

jueves, 5 de agosto de 2010

¿CÓMO VOTAR?, de Pedro González

¿CÓMO VOTAR?

Ing Pedro A González R

Procedimiento:

1. La electora o elector se dirigirá ante el miembro de la Mesa Electoral a cargo del respectivo cuaderno de votación, entregará su cédula de identidad laminada, vencida o no, y luego de verificada su identidad, estampará su firma y huella dactilar en el cuaderno de votación, se colocará el sello “VOTO” en la casilla correspondiente y se le devolverá la cédula de identidad;
2. La presidenta o presidente de la Mesa Electoral preguntará a la electora o elector si conoce el procedimiento para votar. En caso que responda afirmativamente, la electora o elector pasará directamente a la máquina de votación. En caso contrario, la presidenta o presidente explicará a la electora o elector cómo utilizar la máquina de votación. Le advertirá que completará su elección cuando presione el recuadro “VOTAR”. Seguidamente, al ubicarse la electora o elector frente a la máquina de votación, la presidenta o presidente de la Mesa Electoral presionará el botón de desbloqueo y la activará, emitiendo la misma un sonido claramente audible;
3. Desbloqueada la máquina de votación, la electora o elector dispondrá inicialmente de tres minutos para emitir su voto, en caso de no hacerlo, la máquina emitirá un timbre claramente audible en señal de la expiración de la mitad del tiempo para votar, restándole tres minutos para que ejerza su derecho al voto;
4. Cuando la electora o elector se equivoque en la selección, estando dentro del lapso de tiempo referido en el numeral anterior, siempre y cuando no haya presionado el recuadro “VOTAR”, tendrá la oportunidad de corregir al presionar en la pantalla la selección incorrecta y presionar en la boleta electoral electrónica la nueva opción de su preferencia. La electora o elector no podrá modificar la selección efectuada una vez presionado el recuadro “VOTAR”;
5. En caso que la electora o elector no efectúe selección alguna de los cargos que tiene derecho a elegir, en la máquina de votación aparecerá una expresión que indique que no ha seleccionado ninguna candidata o candidato, y dos recuadros: “SELECCIONAR” y “VOTAR”. Si la electora o elector oprime el recuadro “VOTAR”, el voto será registrado como nulo, para todos los cargos. Si la electora o elector oprime el recuadro “SELECCIONAR”, la pantalla de la máquina quedará nuevamente habilitada para seleccionar las candidatas o los candidatos. Realizada la selección, la electora o elector deberá oprimir el recuadro “VOTAR”, para ejercer su derecho;
6. En caso que la electora o elector deje de efectuar la selección de alguno de los cargos que tiene derecho a elegir, en la máquina de votación aparecerá un mensaje indicando que ha dejado de elegir uno o varios cargos según sea el caso, y dos recuadros: “SELECCIONAR” y “VOTAR”. Si la electora o elector oprime el recuadro “VOTAR”, el voto será registrado como nulo, para el o los cargos no seleccionados. Si la electora o elector oprime el recuadro “SELECCIONAR”, la pantalla de la máquina quedará nuevamente habilitada para seleccionar las candidatas o candidatos. Realizada la selección, la electora o elector deberá oprimir el recuadro “VOTAR”, para ejercer su derecho;
7. Una vez presionado el recuadro “VOTAR” en la pantalla, la máquina de votación imprimirá un comprobante de voto, el cual deberá ser obligatoriamente depositado por la electora o elector en la caja de resguardo, a los fines de preservar el secreto del voto y para la realización de la Verificación Ciudadana que, a tal efecto, acuerde el Consejo Nacional Electoral;
8. Transcurrido el tiempo previsto en el numeral 3 del presente artículo, sin que la electora o elector presione el recuadro “VOTAR”, la máquina de votación se bloqueará , el voto será registrado como nulo y expedirá el respectivo comprobante el cual deberá ser depositado en la caja de resguardo de comprobantes de votos. Igual consecuencia acarreará el hecho de que en el mismo tiempo la electora o elector oprima varias opciones sin marcar el recuadro “VOTAR”;
9. Concluida la votación y depositado en la caja de resguardo el comprobante del voto, la electora o elector se dirigirá a uno de los integrantes de la Mesa Electoral a fin de que le sea impregnado con un colorante indeleble la última falange del meñique de la mano derecha, o en su defecto, el de la izquierda, en señal de haber ejercido su derecho.
10. En caso de que el elector o electora presente una discapacidad que no permita el cumplimiento del procedimiento previsto en el numeral anterior, se dejara constancia de tal situación.

Art. 33 del reglamento Nº 4 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales)

lunes, 2 de agosto de 2010

Documento Doctrinario del Partido Demócrata Cristiano

Documento Doctrinario del Partido Demócrata Cristiano

Documento Doctrinario del Partido Demócrata Cristiano
1. Introducción.

Los próximos años marcan en el calendario el fín de un siglo y el comienzo de otro junto a un nuevo milenio, el tercero en la Era Cristiana. Lo que no expresa el Calendario es el particular marco socio político en el que ocurren esas vueltas de hojas en el almanaque.

Ya nadie duda que los cambios se están operando a una velocidad inusitada en la historia de la humanidad. Lo que parecía la construcción de un modo de produción llamado a un largo recorrido desde la revolución bolchevique de 1917, dando origen al comunismo, llegaría a un inesperado fin, simbolizado en la caída del muro de Berlín en el año 1989. Por otro lado, el capitalismo ha sufrido en pocos decenios la aplicación de diferentes modelos, entre los cuáles el del Estado Liberal primero, de Bienestar luego, para llegar al actual modelo neoliberal, causante de los principales males vivenciados por la humanidad en el plano socioeconómico.

Estos hechos tienen particular importancia para la discusión ideológica y doctrinaria de los demócratacristianos. Particularmente movidos e inspirados por el llamado a construir una sociedad diferente tanto al capitalismo como al comunismo, la sucesión de éstos acontecimientos históricos, son una llamada para la revisión, -y porqué no- reafirmación de nuestra doctrina, de suerte que la Democracia Cristiana resulta también interpelada por estas hondas mudanzas.

En tal sentido, el quehacer político a desarrollar por el Partido en el nuevo entorno emergente, conlleva un fundamental perfil doctrinario. A estas circunstancias, debemos agregar la posibilidad cada día más cercana de poder compartir junto a otras organizaciones políticas amigas, la conducción política de nuestra Nación.

Una primer constatación que hacemos en este marco, es la reafirmación de nuestra matriz doctrinaria en momentos que desde los voceros neoliberales, se señala el fin de la historia y de las ideologías, la caída de la modernidad caracterizada por la construcción de metarelatos, que han dado paso a sociedades pragmáticas y postmodernas, donde parecería ser que toda discusión doctrinaria y todo planteo utópico resulta, por un lado estéril y por otra parte iluso.

Sin embargo, los demócratacristianos reafirmamos una vez más nuestra discrepancia con el modelo de desarrollo hegemónico en nuestros países, causante de los mayores números de pobres jamás contabilizado, de la mayor diferencia de niveles de vida jamás vista, de la mayor destrucción del planeta jamás imaginada, y de un paulatino deterioro de valores sociales fundamentales para una correcta convivencia. Tal afirmación debe conducir indudablemente a la necesidad de pensar hacia qué tipo de sociedad debemos marchar, hacia qué modelo apuntar nuestras miras y hacia qué Utopía dirigir todos nuestros esfuerzos. Para ello, la construcción de un Programa debe obedecer a la necesariamente previa reafirmación de nuestra matriz doctrinaria.

2.- El Partido, el Humanismo Cristiano y la Utopía.

El Partido Demócrata Cristiano (PDC) es el instrumento que pretende reunir a las personas que adhieren al Humanismo Cristiano. Como tal, aspira por medio de la acción política, a progresar hacia la utopía, modificando los aspectos de la realidad que no sirven a la causa, potenciando aquellos que la conforman, y creando los medios para los aspectos que siendo hoy inexistentes, son fundamentales para su realización.

Cuando hablamos de Humanismo, nos estamos refiriendo a un enfoque filosófico que pone su acento en la persona humana, buscando el desarrollo de sus potencialidades en el marco del respeto a la dignidad de la naturaleza humana.

Nuestro particular enfoque, sin embargo, es el Humanista Cristiano, esto es, añadimos un adjetivo que nos identifica con los valores y principios del cristianismo, con raíces en el testimonio de Jesús, y más actualmente a la luz de la doctrina social de la Iglesia, y de las contribuciones realizadas por numerosos autores a lo largo de nuestra era, más allá de toda consideración de tipo confesionalista.

Somos demócratacristianos, más allá de si hemos sido o no agraciados con el don de la fe religiosa, porque nuestra visión del mundo, de los seres humanos, de la vida, es la que emana del Evangelio de Cristo. Profesamos los valores del bien, verdad, justicia, libertad, fraternidad humana y paz, que se desprenden de ese Evangelio. En suma, somos demócratacristianos porque somos cristianos, o al menos tratamos de serlo.

Esos valores y principios se traducen en un sistema de ideas o doctrinas que constituyen el humanismo cristiano, que es la fuente teórica de inspiración de nuestra conducta práctica.

¿Para qué somos demócratacristianos?. Para procurar cumplir el mandato evangélico, de buscar primero el reino de Dios y su justicia, tratar de conseguir que la vida de nuestra sociedad, del mundo en que vivimos, sea lo más acorde posible con esos valores cristianos.

Patricio Aylwin, 1993.

En cuanto a la utopía, para los demócratacristianos, ésta no se trata de un modelo definitivo y acabado, sino fundamentalmente de un anhelo que a diferencia de lo mítico, no supone un sueño imposible, sino un proyecto final al que se puede llegar, y que en forma embrionaria podemos ir realizando y viviendo.

Yo me experimento como un ser incompleto y desde mi indigencia veo mi ser como un vivir tendiendo hacia lo utópico, denunciando y anunciando. Por eso me es imposible exigir sin comprometerme. Yo camino hacia la paz, porque me reconozco falto de paz. En esto consiste un pensar utópico: no en el compromiso con lo invisible, sino concretar los sueños que están a mi alcance. Por eso un pensar utópico se opone a un pensar resignado.

Paulo Freire, s/f.

3.- La esencia del Humanismo Cristiano: la persona humana.

Como señalábamos, es natural a todos los humanismos, la centralidad que adquiere la persona humana. Para los humanistas cristianos, sin embargo, hay una mirada muy particular sobre esta centralidad. En la búsqueda de un desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre, se encuentran dos valores de indudable importancia:

  1. el respeto absoluto a la persona humana

  2. la promoción y defensa de la vida.

Es poniendo en práctica estos dos valores que en la vida política los demócratacristianos encontramos luz en nuestras búsquedas. Siguiendo estos valores, resultará claro el reto político: la movilización y lucha contra toda forma deshumanizadora que atente la dignidad de la persona. Ejemplos de situaciones deshumanizadoras en nuestro tiempo son: el consumismo materialista, la competencia mercantil desenfrenada, la violación de los derechos humanos, el deterioro de la naturaleza, la pobreza, la violencia en todas sus expresiones, las nuevas formas de criminalidad, etc.

Para el humanismo cristiano, además, esa persona humana es concebida como subsistente, esto es, que existe en si misma y para sí misma, siendo ella misma y no otra cosa. Esta entidad autónoma es también un ser en relación y por tanto abierto a una relación vertical y otra horizontal. Por la primera, la persona está abierta a la trascendencia. Por la segunda, está abierta a sus hermanos.

Para los demócratacristianos, esa persona en comunidad es tan importante como lo es su dimensión trascendental; separándonos por esta vía de la versión liberal que entiende a la persona como individuo aislado, sólo abierto a la socialización en tanto satisfaga sus inquietudes egoístas; como a la versión marxista, donde el hombre en definitiva importa como resultante de las meras relaciones sociales. Nuestro especial concepto de persona, entonces, la identifica presentando cuatro dimensiones fundamentales en torno a dos ejes: un eje que implica la dimensión espiritual junto a la material; y otro que integra una dimensión comunitaria junto a otra individual.

Una civilización personalista es una civilización cuyas estructuras y espíritu está orientadas a la realización como persona de cada uno de los individuos que la componen. Las colectividades naturales son reconocidas en ella en su realidad y en su finalidad propia, distinta de la simple suma de los intereses individuales y superior a los intereses del individuo considerado materialmente. Sin embargo, tienen como fin último el poner a cada persona en estado de poder vivir como persona, es decir, de poder acceder al máximo de iniciativa, de responsabilidad, de vida espiritual.

E. Mounier, 1936.

A esta particular mirada de la persona que reúne las dimensiones citadas, los demócratacristianos la hemos llamado Personalismo Comunitario.

Entendemos por comunidad al conjunto de las personas que viven relacionadas en función de un destino en común. Desde nuestro punto de vista la sociedad no es una simple suma de individualidades, sino una comunidad de hombres cuyo destino es vivir con los demás de forma participativa y solidaria.

Esta sociedad, para los demócratacristianos, debe orientarse al logro del bien común. Este se concibe como la armónica concurrencia de elementos sociales en un orden legítimo, cuyo funcionamiento permite la generación de las condiciones óptimas para que las personas, las familias y las asociaciones logren su más pleno desarrollo.

4.- Los principios

En la búsqueda de nuestras utopías, los demócratacristianos nos vemos acompañados por una serie de principios que en esencia no cambian con el paso del tiempo, y que en definitiva derivan de nuestra concepción personalista comunitaria definida anteriormente. Estos principios son:

  • Una sociedad comunitaria.

A diferencia de las formas más contractualistas de las sociedades a secas, los demócratacristianos aspiramos a un grado superior: la construcción de una comunidad, donde la persona y las familias se vinculen de forma más integral y participativa, de tal manera que se refuercen los naturales lazos solidarios que han distinguido a numerosas culturas humanas a lo largo de la historia.

Cuando la DC afirma y propone construir una sociedad comunitaria está centrando el problema en la cualidad de la relación asociativa que pretende lograr: lo central es lograr la relación comunitaria, la cual se caracteriza sobre el modelo de los lazos en una comunidad por una unión fraternal, de cooperación leal y solidaridad verdadera, en busca del Bien Común. Ahora bien, esto no se da porque nosotros lo deseemos. Hay que construirlo. Y hay que construirlo a partir de situaciones en que estamos, situaciones donde hay comunidades, pero en las que predominan lazos entre los hombres que están mucho más sobre el modelo del "doy para que me den", de la lucha y la confrontación, que no sobre el modelo de entregarse al servicio de los otros y de lograr hacer prevalecer el compartir sobre el competir.

E. Pérez Olivares, s/f.

  • Una sociedad pluralista y participativa:

El deber que la sociedad tiene de procurar de modo primordial la realización del ser humano como persona, le impone la obligación de respetar las plurales formas en que esta persona se plasme. De ahí dinama, pues, el pluralismo que en materia religiosa, educacional, política, sindical, etc., la sociedad debe asegurarle.

Junto a estas variadas formas de expresión, la persona para su realización debe tener una activa participación en el quehacer de la sociedad que integra, desde sus hechos más cotidianos en el ámbito local, hasta en las decisiones más importantes en el ámbito nacional.

Por ello, los demócratacristianos creemos en la necesidad de potenciar todas las formas posibles que permitan una mayor expresión de las personas, poniendo especial hincapié en los mecanismos de participación en el ámbito local.

Derivan de este principio, otros fundamentales para preservar el pluralismo y la participación: el fortalecimiento de la sociedad civil, el derecho a la libre búsqueda de la verdad, el derecho a difundir lealmente la propia opinión, el respeto a la opinión ajena, la pluralidad y confrontación de ideas y opiniones orientadas a la búsqueda de consensos por medio del diálogo, el derecho a una información veraz y objetiva, etc.

La formulación debe empezar por el reconocimiento claro y abierto, de la existencia de diferentes familias culturales, religiosas e ideológicas dentro de la misma sociedad y del reconocimiento de su derecho a organizarse socialmente y a cultivar colectivamente su acerbo cultural, religioso o ideológico.

Juan P. Terra, 1969.

Un Estado social y de derecho, solidario y subsidiario.

La función del Estado es servir a todos los habitantes. En base a ello, propugnamos un estado social y democrático de derecho. El Estado está sometido a derecho, que tanto gobernantes como gobernados deben acatar actuando dentro del marco de la Constitución y las leyes, las cuáles se han de generar como expresión auténtica de la voluntad popular.

Para los demócratacristianos el Estado tiene que sujetarse en su labor, a dos principios complementarios:

  1. El principio de la solidaridad que obliga al Estado a concurrir en ayuda de aquellas personas que transitoriamente o permanentemente se encuentran impedidos de satisfacer las necesidades que la sociedad toda ha entendido como vitales.

  2. El principio de la subsidiaridad, que obliga al Estado a intervenir en los diversos planos toda vez que sea necesario porque la sociedad civil, a través de sus numerosos componentes, se resta a tal acción.

Este último principio, ha sido mal utilizado por quienes entienden que el Estado debe deshacerse de sus roles tradicionales, razón por la cuál bregaron por la privatización. Los demócratacristianos vemos con preocupación en tal sentido, el avance que ha tenido el sector privado-capitalista, asumiendo funciones antes reservadas a la lógica regulada-estatal. Ante este fenómeno, y amparados en el fortalecimiento de la sociedad civil, sostenemos la necesidad de potenciar el tercer sector de la economía compuesto por las diversas organizaciones comunitarias, las que debieran asumir mayores roles y actividades, de forma de avanzar sobre las que realiza el Estado y el Capital privado.

Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la "subjetividad" de la sociedad mediante la creación de estructuras participativas y de corresponsabilidad.

Juan Pablo II, 1991

  • La vocación democrática

La Democracia Cristiana reconoce al sistema democrático como el único capaz de crear las condiciones de respeto a la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales.

Por otra parte, ello no quita que los demócratacristianos consideremos el proyecto democrático como inacabado e incompleto, de suerte que su perfeccionamiento y profundización es uno de los fines permanentes de nuestra acción.

Valoramos como componentes de este sistema, el ejercicio del poder legítimamente otorgado por la voluntad popular libre y periódicamente expresada, por el respeto a las minorías, por las garantías al ejercicio de los derechos políticos, civiles, económicos y sociales, la separación de Poderes, el pluralismo, y la participación del pueblo en los diferentes niveles, desde el local hasta el nacional, para lo cuál se postula un Estado descentralizado y preocupado por el desarrollo local.

Estamos convencidos de que una auténtica sociedad comunitaria no se realiza sin democracia y que una verdadera democracia no se realiza si no se orienta hacia una sociedad comunitaria. En efecto, sólo la experiencia de la vida democrática crea las mejores condiciones para alcanzar un consenso en el respeto del pluralismo y promover los derechos políticos, culturales y socioeconómicos del hombre.

Manifiesto político mundial de los demócratacristianos, 1981.

  • La defensa y respeto por todos los derechos humanos

Nuestra inspiración cristiana nos lleva a proclamar los Derechos Humanos, como un criterio ético y jurídico de la humanidad. En este sentido, pensamos que las sociedades deben generar una cultura de los Derechos Humanos, en la que cada ciudadano se sienta reconocido como un legítimo otro en la convivencia social.

Los Derechos Humanos, según nuestra visión, son superiores y anteriores al Estado y emanan de la naturaleza propia del hombre. Por ello el Estado debe reconocerlos, ampararlos y establecer medios eficaces para garantizar su pleno ejercicio.

Entendemos además, que junto al reconocimiento de los derechos políticos se impone una profundización de los derechos sociales y económicos. Por otra parte, también aspiramos a una profundización de los derechos de las familias y las comunidades, además de la consagración de los derechos de los pueblos, que incluye entre otros, el derecho al desarrollo, a la paz, y al medio ambiente.

Nuestra región está marcada profundamente por grandes injusticias que atentan contra la calidad de vida de sus habitantes. Hay un desprecio generalizado de la dignidad de la persona y de sus derechos fundamentales. Vemos crecer con angustia una cultura de la muerte generadora de violencia, y de graves problemas de contracepción y aborto, que destruyen los tejidos sociales y ambientales, reduciendo nuestros pueblos a situaciones extremas de sobrevivencia.

Conclusiones del XIII Congreso Latinoamericano y del Caribe de Cáritas, 1994.

  • Una política ética

La política, según nuestra visión, debe ser regida por la ética. Su objeto es realizar los valores fundamentales de libertad, tolerancia, igualdad, solidaridad, justicia social y paz. No es posible alcanzar el cumplimiento de dichos valores si, al mismo tiempo, se emplean en su logro métodos discordantes con ellos. Los fines y medios, en política, deben ser coherentes entre sí.

De tal forma lo anterior, que los métodos de la no-violencia, de ejercicio y aplicación del Derecho y la justicia, el diálogo y comprensión, la serenidad y perseverancia para introducir los cambios que nos conduzcan a nuestra utopía, son los procedimientos adecuados en el marco democrático.

La tentación del pragmatismo, que es olvido de los valores fundamentales y sustitución de éstos por el egoismo, el clientelismo, la avaricia, la corrupción y el ansia de poder, es nuestro principal enemigo, y sabemos que su más profunda raíz se encuentra en el centro del corazón humano.

Proyecto de Plataforma para el Congreso Ideológico de la IDC, 1993.

  • Una economía humana y de la solidaridad.

Los demócratacristianos tenemos por motivación, a la luz de nuestros valores, orientar la economía en la perspectiva de una sociedad solidaria, de la cuál los aspectos económicos son solo una parte. De acuerdo a ello, sostenemos que las formas económicas predominantes son en definitiva fruto de los valores que imperan en el ámbito social. Bastaría cambiar los valores hoy hegemónicos para lograr una economía más humana y de la solidaridad.

Son componentes de una economía de la solidaridad, las formas alternativas de producción, distribución, consumo y acumulación, que logren superar la visión, valores, factores y relaciones económicas predominantes en las formas privado-capitalistas, y estatal-regulada.

Sostenemos en tal sentido, que hay un especial desafío para los demócratacristianos en potenciar ese sector de la economía que se basa en los valores y formas alternativas: la economía social, el sistema cooperativo y autogestionario, la economía ecológica, las formas solidarias, el fortalecimiento del tercer sector, etc., son especialmente considerados en el proyecto por una economía más humana que conduzca a un desarrollo de todo el hombre y todos los hombres.

Definimos a la economía humana como la disciplina –disciplina del saber y disciplina de la acción- del paso, para una población determinada, de una fase menos humanas a una fase más humana, al ritmo más rápido posible, al costo financiero y humano lo menos elevado posible, teniendo en cuenta la solidaridad entre todas las poblaciones.

L.J.Lebret, 1962.

  • La primacía del trabajo sobre los otros factores

Una economía humana y solidaria, si bien cuenta con una pluralidad de factores económicos, ve en el trabajo el factor central de producción, el cuál, transformándose en categoría económica subsumiendo al resto de los factores productivos, contribuirá a una mayor humanización de la economía. Además de esta dimensión objetiva, los demócratacristianos, entendemos al trabajo también desde el punto de vista subjetivo, afirmando que detrás de tal factor existe un trabajador, esto es, una persona.

En momentos en que los impactos de las nuevas tecnologías y la reorganización económica mundial en el marco de la globalización, muestran la mayor crisis de empleo en todo el mundo, se hace más necesario que nunca plantear la centralidad del trabajo como la clave esencial de toda cuestión social.

Esta centralidad tiene una especial trascendencia económica, al colocar al trabajo por encima del capital, elemento que si bien es necesario de ninguna manera puede entenderse como privilegiado ante el trabajo, como se puede desprender de muchas prácticas y políticas contemporáneas. Colocar al trabajo por encima de los factores materiales de producción, no solo impacta directamente en el plano de los empleos, sino que conduciría además, a una humanización mayor del mismo, en la medida que los hombres, por medio de su trabajo, puedan organizar para provecho propio y de su medio, al resto de los factores de producción. Las empresas basadas en el trabajo, y especialmente en el trabajo comunitario, reúnen ambos desafíos, parapetándose como referente de nuestro modelo económico.

Ante la realidad actual, en cuya estructura se encuentran profundamente insertos tantos conflictos, causados por el hombre, y en la que los medios técnicos -fruto del trabajo humano- juegan un papel primordial... se debe ante todo recordar un principio enseñado siempre por la Iglesia. Es el principio de la prioridad del trabajo sobre el capital. Este principio se refiere directamente al proceso mismo de producción, respecto al cuál el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental.

S.S. Juan Pablo II, 1981.

  • Una economía participativa y autogestionaria.

Fieles a la búsqueda de la realización de la persona, y en el marco del fortalecimiento del trabajo como categoría subjetiva organizadora de los procesos económicos, creemos que la posibilidad de decidir, y gestar comunitariamente, es un componente fundamental en nuestro proyecto.

Tal sistema autogestionario, que se prevé exitoso en la medida que comparta el mercado en igualdad de condiciones con los otros sistemas posibles (dando origen al pluralismo de formas de propiedad, y a un verdadero mercado democrático), estará fundado en una reformulación del poder, como asimismo de una cultura humanista, participativa y solidaria.

Entraña también una concepción del Estado, que primordialmente tienda a la descentralización de su aparato y que conceda una nueva dimensión de autonomía a los distintos organismos de la sociedad.

En un sentido amplio, la Autogestión significa un sistema basado en la toma de decisiones democráticas en todas las áreas de la actividad humana, basado en los derechos personales de los seres humanos, en contraste con el capitalismo, que es un sistema basado en los derechos de la propiedad de los poseedores. En un sentido más concreto, la autogestión en la empresa significa la aplicación de los principios democráticos al control y gestión de la firma, por supuesto, con delegaciones de poderes a una administración elegida democráticamente.

J. Vanek, 1992.

  • La pluralidad de propiedades y la opción preferencial por la propiedad comunitaria

La propiedad es un derecho legítimo fruto de la puesta en juego de los diferentes factores en el proceso económico, o cuando ello no es posible, de lo que legítimamente deba recibir la persona de su comunidad.

La propiedad, sin embargo, no es para los demócratacristianos un fin en sí mismo, sino que debe entenderse fundamentalmente como medio que permita la realización de todas las personas en sociedad. De tal manera lo anterior, que la posesión privada se encuentra subordinada a una norma de superior jerarquía, cual es el derecho al uso común de los bienes, basado en su destino universal. Por lo tanto, el derecho de propiedad se encuentra limitado y regulado por el bien común.

Conforme al principio según el cuál se asigna la propiedad de la obra a quien la hace, el producto generado en una empresa, corresponde a todos los sujetos que la integran, en proporción a los aportes que hayan realizado, para lo cuál es necesario fomentar la participación en la toma de decisiones y en las ganancias de las empresas, por parte de todos sus integrantes. En un plano más general, las personas recibirán de acuerdo a su aporte en la sociedad, y cuando la remuneración no sea justa, o cuando la persona no pueda aportar, el Estado y la sociedad a través de sus organizaciones deben distribuir de acuerdo a las necesidades de cada uno. De esta manera, el proceso de distribución para los demócratacristianos no debe ser dejado en manos de la mera lógica de intercambios, sino que debiera fortalecer también las lógicas de redistribución y reciprocidad, de un trasfondo mucho más humanista y socializador.

Un mercado democrático, para nosotros, es aquel que logra colocar en pié de igualdad, la propiedad estatal, con la propiedad privada y la propiedad comunitaria. Todas ellas deben ser defendidas en el marco de los principios generales, aunque la propiedad comunitaria, cooperativa y asociativa, con sus diferentes formas y niveles, se acerque más al proyecto demócratacristiano.

La economía que proponemos fundamenta una democracia de trabajadores, que exige por lo tanto, la reformulación y redistribución de la propiedad, multiplicando las formas de agrupación colectiva a nivel de grupos, empresas y comunas –cooperativas y otras empresas de trabajadores-, junto con distintas formas de participación en los frutos de la propiedad y en la gestión de las empresas.

Programa de Principios del Partido Demócrata Cristiano, 1970.

  • La defensa y respeto por los derechos de la naturaleza

Una verdadera economía humana, además, es la que preserva los recursos naturales y valora en sí mismos los frutos de la naturaleza. En el estado actual de la evolución del mundo, la crisis ambiental ha puesto en tela de juicio el modelo de desarrollo imperante, que está íntimamente relacionado con el caos ambiental. Para los demócratacristianos el hombre está llamado a utilizar su medio en beneficio de su bienestar y el de las futuras generaciones. En ese sentido, se vuelve imperioso el principio de defensa de la naturaleza agredida desde las particulares formas económicas vigentes en nuestros mercados.

Por lo demás, los seres de la creación tienen valor en sí mismos y por lo tanto derecho a ser respetados. El desarrollo, como la economía, no pueden desvincularse de los valores ecologistas. Los demócratacristianos, nos oponemos de esta manera, a la expansión que el neoliberalismo ha tenido también en este campo, con la generación de nuevas contabilidades que implican pornerle precio a la vida, de suerte que la discusión ética termina siendo meramente técnica.

Distinta a la ética antropocéntrica, puede pensarse otra ética alternativa en la que la naturaleza no se redujera al hombre como referencia preponderante, sino que se concibiera la naturaleza como un todo, siendo el hombre una parte de ella, no necesariamente la más privilegiada, sino la más responsable, en cuanto el hombre es por su racionalidad el jardinero del mundo.

Rafael Carías, S.J., 1997.

  • El Desarrollo no es de cosas materiales sino de personas.

El desarrollo de las personas y del medio en que viven tiene implicancias económicas, sociales, culturales y políticas. La integración armónica de todos estos elementos se denomina "desarrollo integral". Por medio de éste, no se debe promover un "más tener" o un "más hacer", sino lograr un "más ser" o un "más vivir" en cada hombre, en todas sus dimensiones como hombre y en todos los hombres.

Ello supone nuestra defensa por un "desarrollo a escala humana", cuyo postulado básico es que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. La calidad de vida, que dependerá de la forma en que la persona satisfaga sus múltiples necesidades, en este sentido, debería tener más peso que la medición parcializada de cosas que muestra la reina de las categorías estadísticas en nuestros países consumistas y materialistas: el PBI.

En condiciones donde priman visiones materialistas del desarrollo, los demócratacristianos afirmamos que el objetivo de este proceso es la felicidad de los hombres y de los pueblos. En esa dirección, y en íntima conexión con el principio anterior, propugnamos un modelo de austeridad solidaria, donde todos puedan tener acceso a bienes y servicios fundamentales, en un marco de creciente igualdad de condiciones. Este modelo precisa en tal sentido, de un consumo alternativo de las personas, que supere la cultua consumista predominante y la cambie por formas más críticas y responsables, así como solidarias, de esta fase que es a la vez fin y finalidad de la economía.

El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.

domingo, 1 de agosto de 2010

DESDE EL PUENTE - LAS CARTAS SOBRE LA MESA

DESDE EL PUENTE
Oswaldo Álvarez Paz
LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Las sospechas son confirmadas por datos precisos que ratifican informaciones de ambos lados de la frontera. Especialmente de dirigentes agropecuarios de Zulia y Táchira, comerciantes y familiares de víctimas de acciones del crimen organizado que le dan soporte operativo al terrorismo y al narcotráfico. La presencia activa de las FARC, de lo que va quedando del ELN, de las FBL –Fuerza Bolivariana de Liberación, única guerrilla
terrorista en el mundo al servicio del gobierno del país en el que actúa- y de disidentes del paramilitarismo desmovilizado, son hechos públicos y notorios. También información de militares que desahogan su impotencia ante las órdenes superiores que los obligan a dejar hacer, desatendiendo lo fundamental de sus obligaciones militares y legales.

Nada es casual. Recordemos que antes de ser elegido, Chávez fue acusado por el gobierno de Colombia de estar relacionado con las FARC. Samper era presidente. Una vez investido, en reunión conjunta con las fuerzas militares de Colombia, declaró su neutralidad con relación al conflicto interno de ese país. Dijo que las FARC no eran enemigas de Venezuela e interrumpió los acuerdos binacionales de cooperación militar.

Se conocieron las relaciones epistolares con Marulanda y las gestiones para entrevistarse. Uribe revocó la decisión de hacerlo mediador para liberar secuestrados por su parcialidad. Pidió formalmente a la Asamblea Nacional que desconociera la calificación de terrorista que tienen las FARC y el ELN, abogando por la beligerancia. En el mismo escenario, quizás aturdido por la acción contra su campamento en la frontera ecuatoriana, guardó un minuto de silencio por (a) Raúl Reyes, interrumpió las relaciones con Colombia, ordenó movilizaciones militares hacia la frontera, insultó a todo el mundo y amenazó con la guerra hasta a Estados Unidos. Para él, limitamos por el Oeste ¡con las FARC y no con Colombia! Las computadoras capturadas allí y en otras acciones, más los testimonios de quienes se han acogido a la política de desmovilización de Uribe, arrojan graves evidencias sobre cuanto sucede. La relación es vieja e intensa.

Todo está ampliado en las investigaciones de la Audiencia Nacional de España. Con la muerte de Marulanda y Reyes, de varias decenas de líderes de la segunda y tercera línea de mando y la presencia en Venezuela de la mayoría de los integrantes de la primera línea y el supuesto líder máximo, Alfonso Cano, acosado y quizás también fuera de Colombia, podemos concluir que las FARC son orientadas y dirigidas desde Venezuela, alimentadas y protegidas por una población tan indignada e impotente como desprotegida. El gobierno canceló el convenio militar con Estados Unidos y expulsó del país a la DEA hace unos cuatro años. ¿Por qué sería?, ¿Será que las FARC tienen un nuevo liderazgo, una nueva vocería y apuntan hacia ambos lados? Fuerza para destruir por igual la oposición a Chávez y a la democracia colombiana. Ya veremos.

oalvarezpaz@gmail.com Lunes, 2 de agosto de 2010




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