miércoles, 5 de enero de 2011

TEMAS DE HISTORIA DE LA IGLESIA

TEMAS DE HISTORIA DE LA IGLESIA

EL ANGUSTIOSO GRITO DE PÍO XII EN FAVOR DE LA PAZ


EL RADIOMENSAJE DEL 24 DE AGOSTO DE 1939

RODOLFO VARGAS RUBIO

Pío XII había sido testigo del sufrimiento de su predecesor san Pío X al ver cernirse el fantasma bélico sobre la Europa de 1914, sufrimiento que le llevó a la tumba. También había colaborado con Benedicto XV en sus incansables esfuerzos –maliciosamente tergiversados por las potencias– para detener la maquinaria de muerte y de destrucción ya desencadenada, lo que él llamó con palabras elocuentes e inequívocas l’inutile strage (“la inútil carnicería”). Ante los oídos sordos que si hicieron a sus admoniciones, al menos intentó paliar los indecibles sufrimientos de las víctimas y en esto también le fue de valiosa ayuda el entonces nuncio Pacelli. Éste no pudo por menos de dolerse más tarde con el papa Della Chiesa no sólo de que se hiciese oídos sordos a sus palabras, sino que se excluyera a la Santa Sede de las negociaciones de paz en Versalles, donde, haciendo caso omiso de los consejos de moderación de Roma, se sembraron, en cambio, las semillas de discordia, cuyos amargos frutos estaban a punto de cosecharse en el verano salvaje de 1939. Sí, Pío XII sabía por experiencia que Europa y el mundo entero se hallaban sobre un polvorín presto a estallar si no prevalecía una última luz de razón. Queremos enmarcar el llamado que hizo el Papa aquel 24 de agosto de hace setenta años en su contexto histórico, para lo cual nos servimos de los datos proporcionados por el R.P. Pierre Blet, S.I., en su libro Pie XII et la Seconde Guerre Mondiale d’après les Archives du Vatican (Perrin, 1997).

Eugenio Pacelli había sido elegido el 2 de marzo en medio de una situación internacional muy enrarecida. El año anterior había debutado con la anexión a Austria a la Gran Alemania (el Anschlüss), pero Hitler no se había detenido en su política expansionista y ambicionaba los Sudetes (región de la entonces Checoeslovaquia con mayoría de población alemana) y el corredor de Danzig para poner en contacto la Prusia Oriental con el resto de Alemania, separados por Polonia. El canciller empleó la táctica de gritar alto en tono amenazante para lograr sus propósitos. Neville Chamberlain, primer ministro de la Gran Bretaña, partidario de la política de apaciguamiento, propició la Conferencia de Múnich, en la que los jefes de los gobiernos británico, francés, italiano y alemán aceptaron la anexión de los Sudetes a cambio de las garantías de Hitler de mantener el equilibrio europeo absteniéndose de ulteriores reclamaciones. Pero ya se sabe lo que pensaba éste de los pactos y compromisos. Así, el 15 de marzo de 1939, tres días después de la coronación de Pío XII, Alemania invadía Checoeslovaquia ocupando Bohemia y Moravia y sometiéndolas bajo régimen de Protectorado y creando con Eslovaquia un Estado títere. Esta violación de los Acuerdos de Múnich hizo cambiar la política británica y Chamberlain declaró que su país intervendría en caso de “cualquier acción que pusiera en peligro la independencia de Polonia”.

Efectivamente, la presa ambicionada por el Reich era ahora su molesto vecino del Este, al que le oponía su reivindicación de Danzig, ciudad libre bajo control polaco, con población alemana. Pero las potencias occidentales no estaban dispuestas a que se repitiera el caso de Checoeslovaquia. Italia, por su parte, que no quería ser menos que Alemania, se apoderó de Albania el Viernes Santo (7 de abril), entregando Mussolini al rey Víctor Manuel III la corona del depuesto Zog I (como había hecho en 1936, haciéndolo emperador de Etiopía). Este hecho no ayudaba ciertamente a la distensión. El presidente Roosevelt creyó su deber intervenir en la situación europea, enviando un mensaje a Hitler y Mussolini el 14 de abril. Había pedido al Papa que apoyase su iniciativa, pero Pío XII le hizo responder que, aunque seguía de cerca sus esfuerzos, la Santa Sede no se hacía ilusiones y no podía actuar ante Hitler en el sentido deseado. Los temores de aquélla resultaron tener fundamento, ya que el canciller no sólo no contestó al presidente estadounidense, sino que puso en ridículo su mensaje en un discurso al Reichstag del 28 de abril.

Pío XII intentó entonces convocar a las potencias a una nueva conferencia de paz, no sin antes obtener el apoyo de Mussolini, que veía lúcidamente la cuestión: “Alemania no puede pensar que saldrá de una invasión a Polonia como con Checoeslovaquia. Polonia se defenderá; los alemanes la aplastarán por su superioridad militar y tendremos el comienzo de una nueva guerra europea”. El 3 de mayo el cardenal Maglione, secretario de estado de Pío XII, envió sendos telegramas a los representantes papales en Francia, Alemania, Gran Bretaña y Polonia, indicándoles que explicaran a los respectivos gobiernos la intención del Papa, “vivamente preocupado por el peligro cada vez más creciente de ver estallar la guerra", de invitar a las cinco potencias -las cuatro anteriores e Italia- a una conferencia para resolver por la vía diplomática las diferencias que enfrentaban a Alemania y Polonia, por un lado, y a Francia e Italia por otro. Desgraciadamente, el llamado pontificio no tuvo éxito. Los gobiernos francés y británico, sin rechazarlo, expresaron sus reservas. El premier alemán Ribbentrop y el conde Ciano, ministro de relaciones exteriores de Mussolini, después de discutir el asunto, dieron una respuesta conjunta, comunicada al cardenal Maglione por medio del embajador de Italia ante la Santa Sede, en la que, agradeciendo al Papa su iniciativa, le pedían que renunciara a su llamado a las cinco potencias. En fin, el gobierno polaco expreso su negativa, temiendo que la conferencia fuera contraproducente y agravase aún más la situación.

Quedó claro que ni Gran Bretaña ni Francia se fiaban ya de encuentros internacionales plurilaterales, dada la experiencia de Múnich. Tampoco Alemania e Italia esperaban ya poder ganar en el juego que les había resultado exitoso en septiembre de 1938. Por otra parte, tanto Londres como París confiaban en ganar tiempo para poner a punto acuerdos con los Estados Unidos y Rusia, que reforzasen su poder de disuasión. Polonia confiaba en la protección anglofrancesa y creía que, al final, Alemania se abstendría de atacarla, pero no descartaba llegar a un acuerdo pacífico. Pío XII renunció, pues, a su propuesta, pero orientó desde entonces sus esfuerzos a favorecer negociaciones bilaterales entre Alemania y Polonia y Francia e Italia. Lo que nadie sabía era que precisamente por aquellos días, el gobierno del Reich estaba negociando en secreto con la Rusia de Stalin, cosa que Ribbentrop dejó entrever al nuncio Cesare Orsenigo cuando le aseguró que si Polonia se lanzaba a la locura de atacar a Alemania, sería invadida “desde diez puntos a la vez” en pocos días y sus aliados no tendrían tiempo de reaccionar.

La firma el 22 de mayo del Pacto de Acero entre Italia y Alemania y las seguridades de Gran Bretaña y Francia a Polonia y a Rumanía (cuyo petróleo ambicionaba el Reich) dibujaban cada vez más un panorama nada halagüeño de configuración de bloques. Sin embargo, la Santa Sede confiaba en que Mussolini podía contribuir a aplacar a Alemania, dado que había manifestado su voluntad contraria a la guerra (a Hitler le había asegurado que, si bien Italia honraría el Pacto de Acero, no podría entrar en una eventual conflagración hasta 1943). En este sentido, intentó favorecer el Vaticano un acercamiento entre Francia e Italia, pues consideraba a esta última “la única potencia con una no desdeñable influencia sobre Alemania como para poderla contener". Parecía que estas gestiones iban por buen camino cuando el conde Ciano aseguraba al nuncio Cortesi que Alemania no declararía ninguna guerra en por lo menos seis meses y que el peligro venía más bien de Polonia, cuya exasperación por el asunto de Dantzig podía llevarla a cometer alguna locura. La Santa Sede consideró útil recomendar prudencia al gobierno polaco. Ciano aseguró al nuncio Borgongini-Duca que Alemania no se movería sin el consentimiento de Mussolini.

Hitler, mientras tanto, preparaba un movimiento popular para proclamar la unión de Dantzig con Alemania. La situación en la ciudad libre era cada vez más insostenible, debido a los conflictos entre la pobalción alemana y los aduaneros polacos, cuya labor se veía constantemente saboteada. Sabedoras de estos manejos y no creyendo en el poder diasuasorio de Italia sobre Alemania, a principios de julio, tanto Gran Bretaña como Francia declararon su voluntad irrevocable de hacer honor a sus compromisos con Polonia y socorrerla por todos los medios en caso de ataque por parte de Alemania. Sin embargo el resto del mes se pasó en una relativa tranquilidad. La situación volvió a tornarse tensa cuando el 4 de agosto envió Varsovia una nota explosiva al presidente del senado de Dantzig, conminándolo a revocar la disposición que impedía a los aduaneros polacos a inspeccionar las mercaderías que pasaban por la ciudad libre. El 9 de agosto, Alemania protestaba formalmente contra esta intervención del gobierno polaco, el cual, a su vez, replicó que consideraba actos de agresión las intervenciones del Reich en detrimento de sus intereses.

En el ínterin, el senado de Dantzig ponía a la ciudad libre en estado de sitio, mientras iban llegando oleadas de “turistas” alemanes, que en realidad tenían por misión preparar la declaración de retorno de aquélla a Alemania. El 11 de agosto, Hitler recibió en Berchtesgaden al comisario de la Sociedad de Naciones en Dantzig, Burckhardt, a quien significó su extrema irritación contra los polacos y aseguró que, si bien la cuestión territorial podía esperar, no toleraría que las minorías alemanas que habitaban en Polonia siguieran siendo objeto de vejaciones, lo cual comprometía el honor de Alemania. El 14 de agosto recibió el Vaticano un telegrama del nuncio en Varsovia asegurando que tropas alemanas estaban siendo apostadas desde hacía dos semanas ante la frontera polaca. El cardenal Maglione contestó encargando a monseñor Cortesi preguntar discretamente al gobierno si la Secretaría de Estado podía hacer algo ante esta situación. El embajador de Polonia ante la Santa Sede aseguró a Maglione que la cuestión de Dantzig era un pretexto y que Alemania necesitaba un pretexto para llegar a Ucrania e invadir Rumanía. Sin embargo, su gobierno, confiado en la eficaz ayuda anglofrancesa, guardaba la calma.

Al contrario, Hitler estaba convencido de que Gran Bretaña y Francia se abstendrían de intervenir a favor de Polonia. Por eso, cuando Ciano se reunió con él y con Ribbentrop a mediados de agosto, no pudo convencerles de arreglar el asunto de Dantzig por la vía diplomática. Desde entonces, la guerra se consideró una cuestión de días. Esta convicción quedó reforzada cuando se hizo público el Pacto Germano-Soviético de No Agresión, que subscribieron, ante un complacido Stalin, Ribbentrop y Molotov el 23 de agosto. Esto echaba por tierra los esfuerzos de las potencias protectoras de Polonia de cerrar un acuerdo con el gigante del Este. Sorprendentemente, Varsovia estaba convencida de que Rusia no la atacaría. El embajador británico en Berlín viajó el mismo 23 a Berchtesgaden para decirle a Hitler de parte de su gobierno que la Gran Bretaña no se quedaría impasible ante un ataque a Polonia. De su entrevista con el canciller, el enviado inglés sacó la conclusión de que era imposible razonar con él. Fue entonces cuando lord Halifax, secretario del Foreign Office, se dirigió a Pío XII, por medio del embajador Orborne d’Arcy, para pedirle que interviniera mediante una declaración solemne para evitar el estallido de la guerra. Era ya el último recurso.

La mañana del 24 de agosto fue de febril actividad. Monseñor Tardini recibió la visita de los embajadores de Francia, Gran Bretaña, Italia y Yugoslavia, que coincidían en señalar la inminencia de la guerra. Mientras tanto, en la Secretaría de Estado se trabajaba en el texto del radiomensaje que Pío XII pensaba dirigir al mundo como el último y extremo recurso para salvar la paz amenazada. Se prepararon cuatro borradores, de los cuales fue elegido el del substituto monseñor Montini, que fue revisado y corregido por el proprio Papa. A las 19 horas era emitido por la Radio Vaticana el mensaje, que reproducimos a continuación:

RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII DIRIGIDO A LOS GOBERNANTES Y LOS PUEBLOS EN EL INMINENTE PELIGRO DE LA GUERRA

Jueves, 24 de agosto de 1939

A todo el mundo.

Suena nuevamente una hora grave para la gran familia humana; hora de tremendas deliberaciones, de las cuales no puede desentenderse Nuestro corazón, no debe desintersarse Nuestra autoridad espiritual, que viene de Dios, para conducir los ánimos por las vías de la justicia y de la paz.

Y henos aquí con todos vosotros, los que en estos momentos lleváis el peso de tanta responsabilidad, para que a través de la Nuestra escuchéis la voz de aquel Cristo de quien tuvo el mundo alta escuela de vida y en el cual millones y millones de almas depositan su confianza en una situación en la cual sólo su palabra puede prevalecer sobre todos los rumores de la tierra.

Henos aquí con vosotros, los combatientes de los pueblos, los hombres de la política y de las armas, los escritores, los oradores de la radio y de las tribunas, y todos cuantos tenéis autoridad sobre el pensamiento y la acción de los hermanos, y responsabilidad de su suerte.

Nos, armados no de otra cosa que de la palabra de Verdad, por sobre las públicas competiciones y pasiones, os hablamos en el nombre de Dios, de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra toma el nombre (Eph., III, 15); de Jesucristo, nuestro Señor, que ha querido que todos los hombres sean hermanos; del Espíritu Santo, don de Dios altísimo, fuente inexhausta de amor en los corazones.

Hoy, cuando no obstante Nuestras repetidas exhortaciones y Nuestra especial preocupación, se hacen cada vez más persistentes los temores de un sangriento conflicto internacional; hoy, cuando la tensión de los espíritus parece que ha llegado al punto de hacer juzgar inminente el desecadenamiento del tremendo torbellino de la guerra, lanzamos con ánimo paternal un nuevo y más caluroso llamado a los Gobernantes y a los pueblos: a aquéllos, para que, depuestas las acusaciones, las amenazas las causas de la desconfianza recíproca, intenten resolver las actuales divergencias con el único medio adecuado para ello, o sea con comunes y leales acuerdos; a éstos, para que, en la calma y en la serenidad, sin agitaciones descompuestas, alienten los intentos pacíficos de quien los gobierna.

Es con la fuerza de la razón y no con la de las armas, como la Justicia se abre camino. Y los imperios que no se fundan en la Justicia no son bendecidos por Dios. La política emancipada de la moral traiciona a aquellos mismos que así la quieren.

El peligro es inminente, pero aún hay tiempo.

Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra. Vuelvan los hombres a entenderse. Retomen las negociaciones. Al tratar con buena voluntad y con respeto de los recíprocos derechos se percatarán que a las negociaciones sinceras y diligentes nunca se ha resistido un honorable éxito.

Y se sentirán grandes -con verdadera grandeza- si, imponiendo silencio a las voces de la pasión, sea colectiva que privada, y dejando su imperio a la razón, habrán ahorrado la sangre de los hermanos y la ruina de la patria.

Haga el Omnipotente que la voz de este Padre de la familia cristiana, de este siervo de los siervos, que, aunque indigno, es realmente portador de la persona, la palabra, la autoridad de Jesucristo, halle en las mentes y en los corazones pronta y voluntariosa acogida.

Escúchennos los fuertes, para no volverse débiles en la injusticia. Escúchennos los potentados, si quieren que su poder no signifique destrucción sino sostenimiento para los pueblos y tutela de la tranquilidad en el orden y en el trabajo.

Nos les suplicamos por la Sangre de Cristo, cuya fuerza vencedora del mundo fue la mansedumbre en la vida y en la muerte. Y, suplicándoles, sabemos y sentimos que tenemos de Nuestro lado a todos los rectos de corazón; a todos aquellos que tienen hambre y sed de Justicia; a todos aquellos que sufren ya por los males de la vida, toda clase de dolor. Tenemos con Nos a los corazones de las madres, que bate al unísono del nuestro; a los padres, que deberían abandonar a sus familias; a los humildes, que trabajan y no saben; a los inocentes, sobre los que pesa la tremenda amenaza; a los jóvenes, caballeros generosos de los más puros y nobles ideales. Y está con Nos el alma de esta vieja Europa, que fue obra de la fe y del genio cristiano. Con Nos la Humanidad entera, que espera justicia, pan, libertad, y no el hierro que mata y destruye. Con Nos aquel Cristo, que del amor fraterno ha hecho Su mandamiento fundamental, solemne; la substancia de Su religión, la promesa de la salvación para los individuos y para las Naciones.

Recordando, en fin, que las industrias humanas no valen nada sin el auxilio divino, invitamos a todos a dirigir la mirada a lo Alto y a pedir con fervientes plegarias al Señor que su gracia descienda abundantemente sobre este mundo trastornado, aplaque las iras, reconcilie los ánimos y haga resplandecer el alba de un más sereno mañana. En esta expectativa y con esta esperanza, impartimos a todos de corazón Nuestra paternal Bendición.

Benedictio Dei Omnipotentis Patris et Filii et Spiritus Sancti descendat super vos et maneat semper.

Este radiomensaje de Pío XII es un testimonio irrebatible de su vocación de paz (vocación curiosamente impresa en su apellido: Pacelli, pax coeli, la paz que viene de lo Alto), pero al mismo tiempo la reafirmación del principio cristiano de que la paz es obra de la justicia. Éste era precisamente el lema que aparecía en el blasón del Papa: Opus Iustitiae Pax. Una paz sin justicia es una paz precaria y destinada a perecer tarde o temprano. Por eso, el Pontífice quiere que la paz no sólo signifique la ausencia de hostilidades, sino que las partes en disputa se sienten a negociar con ánimo sincero y con arreglo al derecho. No se podía esperar demasiado, sin embargo, que los dirigentes del mundo se plegasen al urgente llamado apostólico, pero sí es verdad que Hitler, que tenía proyectado invadir Polonia el 24 o 25 de agosto, difirió la orden de marcha de sus tropas unos días. En este período de respiro se reanudaron los intercambios diplomáticos en un último esfuerzo por cambiar el curso que llevaban las cosas. Hitler seguía empeñado en lograr que Gran Bretaña y Francia no intervinieran a favor de Polonia. Mussolini confiaba en convencerlo de detener la maquinaria bélica, asegurándole que si estallaba la guerra Italia no estaría en condiciones de entrar en ella. Francia instó a Pío XII a que hablara públicamente a favor de la católica Polonia, pero el Papa declinó hacerlo respondiendo que en Alemania había 40 millones de católicos y que él era el Padre de todos. El 31 de agosto, Pío XII renovó su mensaje del 24, suplicando, en nombre de Dios, a los gobernantes de Alemania y de Polonia que hicieran todo lo posible para evitar cualquier incidente que pudiera desencadenar la guerra. También pedía a Gran Bretaña, Francia e Italia que apoyaran su pedido. Un último intento de negociaciones in extremis de Alemania y Polonia fracasó la tarde de ese mismo día. Al siguiente, 1º de septiembre, Polonia era invadida por el ejército alemán, en una operación que debía durar pocos días y que fue conocida como la Blitzkrieg (la “Guerra Relámpago"). El 3, Gran Bretaña y Francia declaraban la Guerra a Alemania. El 17, la Unión Soviética invadía Polonia por el Este, consumándose así el martirio del país, que iba a sufrir una nueva y cruel partición.

El 9 de septiembre, el ministro británico ante la Santa Sede, Sir D’Arcy Osborne, escribía al cardenal Maglione:

"En la última conversación que tuve con Vuestra Eminencia, me preguntó si yo creía que la Santa Sede había hecho todo lo que le fue posible en vista a salvar la paz. Yo le respondí sin dudar que estaba convencido de ello. He referido esta conversación a lord Halifax, que me ha encargado decir a Vuestra Eminencia que está totalmente de acuerdo con mi respuesta".

VETO DEL PRESIDENTE CHÁVEZ. ANÁLISIS DEL VETO Y NUEVA ASAMBLEA NACIONAL DE VENEZUELA. (Toda la información en VIDEOS).

VETO DEL PRESIDENTE CHÁVEZ. ANÁLISIS DEL VETO Y NUEVA ASAMBLEA NACIONAL DE VENEZUELA. (Toda la información en VIDEOS).

VETO DEL PRESIDENTE CHÁVEZ. ANÁLISIS DEL VETO Y NUEVA ASAMBLEA NACIONAL DE VENEZUELA. (Toda la información en VIDEOS).



ÚLTIMA HORA:


Estados Unidos sigue considerando a Larry Palmer como su embajador nominado para Venezuela y está dispuesto a mantener esa postura indefinidamente, declaró este miércoles el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

Washington considera que es importante tener un embajador en Venezuela pero censura las "tendencias crecientemente autocráticas" en ese país, advirtió el portavoz.
Dos días antes, Crowley había reconocido que la nominación del diplomático Palmer, que nunca llegó a ser aprobada por el Senado, había quedado sin efecto porque el Congreso estadounidense cerró en diciembre su 111ª legislatura.
"No hemos cambiado nuestra postura, a pesar de que su nominación técnicamente expiró", dijo el portavoz.
"Lo apoyamos antes de que se cerrara el anterior Congreso, y continuamos apoyándolo, y lamentamos mucho que Venezuela retirara su beneplácito, pero el hecho es que no estamos buscando otro candidato", añadió.




FERNANDO SOTO ROJAS, Presidente de la Asamblea Nacional.
Miércoles, 05 de enero de 2011 a las 17:40

Escrito por: General Ejército, Ángel Omar Vivas Perdomo.
Fuente: venezuelanoticia.com
Editado por: Carolina Vascue.


Este individuo es un guerrillero castro-comunista asesino de soldados y campesinos venezolanos en la década de los 60 que gracias a la política de pacificación de (Rafael) Caldera está libre (…).

Conocido en el mundo criminal comunista cubano-venezolano con el alias de “Comandante Ramírez”, (…) operó en la Serranía del Bachiller (desde el Guapo hasta Cúpira), (…) designado por Fidel Castro para recibir a los militares cubanos que invadieron Venezuela por Machurucuto (…).

“El Comandante Ramírez” y el Frente Ezequiel Zamora diezmaban a la población civil del Bachiller y zonas aledañas que pidieron auxilio al Ejército de Venezuela, que en su defensa lanzó a las unidades de cazadores para enfrentarlos, pero este asesino y sus bandoleros cubanos y venezolanos nunca atacaban de frente, siempre a traición, ocultos en las tinieblas, por la espalda; le tenía terror a las unidades de Cazadores del Ejército y la mayor parte del tiempo se mantuvo huyendo de ellas junto a los cubanos que lo acompañaban, (…).

domingo, 2 de enero de 2011

Ángelus: el Papa califica de 'vil gesto de muerte' la masacre ocurrida contra la Iglesia copta en Alejandría de Egipto y alienta a las familias congregadas en Madrid a vivir con renovado entusiasmo la vocación cristiana en el seno del hogar

Ángelus: el Papa califica de 'vil gesto de muerte' la masacre ocurrida contra la Iglesia copta en Alejandría de Egipto y alienta a las familias congregadas en Madrid a vivir con renovado entusiasmo la vocación cristiana en el seno del hogar

Ángelus: el Papa califica de 'vil gesto de muerte' la masacre ocurrida contra la Iglesia copta en Alejandría de Egipto y alienta a las familias congregadas en Madrid a vivir con renovado entusiasmo la vocación cristiana en el seno del hogar








Domingo, 02 ene (RV).- Benedicto XVI a las doce, desde la ventana del palacio Apostólico ha dirigido la plegaria mariana del Ángelus para los miles de fieles y peregrinos que se han congregado en la plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios con el Papa y ha expresado su dolor por la masacre ocurrida la noche del 31 de diciembre al uno de enero contra la Iglesia copta en Alejandría de Egipto:

Ayer por la mañana conocimos con dolor la noticia del grave atentado contra la comunicad cristiana copta ocurrido en Alejandría de Egipto. Este vil gesto de muerte, como el de colocar bombas, también ahora cerca de las casas de los cristianos en Irak para obligarles a que se vayan, ofende a Dios y a la humanidad entera, que precisamente ayer ha rezado por la paz y ha comenzado con esperanza un nuevo año. Ante esta estrategia de violencia que tiene como punto de mira a los cristianos, y que tiene consecuencias sobre toda la población, rezo por las víctimas y los familiares, y animo a las comunidades eclesiales a perseverar en la fe y en el testimonio de la no violencia que proviene del Evangelio. Pienso a los numerosos agentes pastorales asesinados en el 2010 en las distas partes del mundo: a ellos va igualmente nuestro afectuoso recuerdo ante el Señor. ¡Permanezcamos unidos en Cristo, nuestra esperanza y nuestra paz! RealAudioMP3

El Santo Padre en su breve alocución previa a la plegaria mariana del Ángelus ha renovado su felicitación por el nuevo año y ha dado las gracias a cuantos han enviado mensajes de cercanía espiritual y seguidamente ha reflexionado, como es habitual, sobre el Evangelio que hoy la Iglesia nos propone: el Prólogo del Evangelio de san Juan, proclamado solemnemente el día de Navidad.

Este admirable texto expresa, en forma de himno, el misterio de la Encarnación, predicado por los testigos oculares, los Apóstoles, en particular Juan, cuya fiesta, se celebra, no por casualidad, el 27 de diciembre. San Cromacio de Aquileya afirma que “Juan era el más joven de todos los discípulos del Señor; el más joven de edad, pero el más anciano por la fe” (Sermo II,1 de Sancto Iohanne Evangelista, CCl 9ª, 101) RealAudioMP3

Cuando leemos el prologo del Evangelio de San Juan, el Evangelista - parangonado tradicionalmente a un águila –se eleva por encima de la historia humana escrutando la profundidad de Dios; pero rápidamente, siguiendo a su Maestro, vuelve a la dimensión terrena diciendo: “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). La Palabra es “una realidad viviente: un Dios que se comunica haciéndose Él mismo Hombre” (J. Ratzinger, Teología de la liturgia, LEV 2010, 618)

A este punto Benedicto XVI ha subrayado que en efecto Juan afirma, siempre en su prólogo, que acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria” (Jn 1,14). San León Magno comenta que, “Él se abajó para asumir la humildad de nuestra condición sin que fuese disminuida su majestad” (Tractatus XXI, 2, CCL 138, 86-87). Y el Papa volviendo al Prólogo de san Juan recuerda que de su plenitud hemos recibido gracia tras gracia” (Jn 1,16). Y san Agustín preguntándose cuál es la primera gracia que hemos recibido responde que es “la fe” e inmediatamente afirma que la segunda es “la vida eterna” (Tractatus in Ioh.III, 8.9.CCL 36,24.25).

Seguidamente el Papa se ha dirigido en español a los fieles congregados en la Plaza de Colón de Madrid celebrando por cuarto año consecutivo la fiesta de la Familia que habitualmente se celebra el Domingo de la Sagrada Familia pero este año, por estar esta fiesta tan cerca del día de Navidad se ha celebrado hoy, bajo el lema: “La familia Cristiana, esperanza para Europa”.

Saludo con afecto a los numerosos Pastores y fieles reunidos en la Plaza de Colón, de Madrid, para celebrar con gozo el valor del matrimonio y la familia bajo el lema: “La familia cristiana, esperanza para Europa”. Queridos hermanos, os invito a ser fuertes en el amor y a contemplar con humildad el Misterio de la Navidad, que continúa hablando al corazón y se convierte en escuela de vida familiar y fraterna. La mirada maternal de la Virgen María, la amorosa protección de San José y la dulce presencia del Niño Jesús son una imagen nítida de lo que ha de ser cada una de las familias cristianas, auténticos santuarios de fidelidad, respeto y comprensión, en los que también se transmite la fe, se fortalece la esperanza y se enardece la caridad. Aliento a todos a vivir con renovado entusiasmo la vocación cristiana en el seno del hogar, como genuinos servidores del amor que acoge, acompaña y defiende la vida. Haced de vuestras casas un verdadero semillero de virtudes y un espacio sereno y luminoso de confianza, en el que guiados por la gracia de Dios se pueda sabiamente discernir la llamada del Señor, que sigue invitando a su seguimiento. Con estos sentimientos, encomiendo fervientemente a la Sagrada Familia de Nazaret los propósitos y frutos de ese encuentro, para que sean cada vez más las familias en las que reine la alegría, la entrega mutua y la generosidad. Que Dios os bendiga siempre RealAudioMP3

Benedicto XVI ha concluido su alocución previa al rezo mariano con estas palabras: “A la Virgen María, que el Señor ha confiado como Madre al “discípulo que Él amaba”, pedimos la fuerza de comportarnos como hijos “generados por Dios” (cfr. Jn 1,13), acogiéndonos los unos a los otros y manifestando de esta manera el amor fraterno.

Benedicto XVI antes de concluir el habitual encuentro con los fieles presentes en la Plaza de San Pedro para rezar a la Virgen con el sucesor de Pedro, ha saludado en varias lenguas. Este ha sido su saludo en español:

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La liturgia de este tiempo de Navidad nos conduce a contemplar con asombro a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Emmanuel. Os invito en estos días santos a abrir vuestras almas a este misterio de infinito amor. Que a ello os ayude la Santísima Virgen María y san José, cuya protección invoco sobre todas las familias, particularmente sobre las que se encuentran en dificultad o están probadas por la incomprensión y la división. El Salvador, luz del mundo, conceda a todas la gracia para superar cualquier contrariedad, y de este modo puedan avanzar siempre por el camino del bien. Feliz domingo RealAudioMP3

Santísimo Nombre de Jesús

Santísimo Nombre de Jesús

Santísimo Nombre de Jesús

“Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lagrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia. No pienses en un nombre de poder, menos en uno de venganza, sino de salvación. Su nombre es misericordia, es perdón. Que el nombre de Jesús resuene en mis oídos, porque su voz es dulce y su rostro bello. No dudes, el nombre de Jesús es fundamento de la fe, mediante le cual somos constituidos hijos de Dios. La fe de la religión católica consiste en el conocimiento de Cristo Jesús y de su persona, que el luz del alma, franquicia de la vida, piedra de salvación eterna. Quien no llegó a conocerle o le abandonó camina por la vida en tinieblas, y va a ciegas con inminente riesgo de caer en el precipicio, y cuanto más se apoye en la humana inteligencia, tanto más se servirá de un lazarillo también ciego, al pretender escalar los recónditos secretos celestiales con sólo la sabiduría del propio entendimiento, y no será difícil que le acontezca, por descuidar los materiales sólidos, construir la casa en vano, y, por olvidar la puerta de entrada, pretenda luego entra a ella por el tejado. No hay otro fundamento fuera de Jesús, luz y puerta, guía de los descarriados, lumbrera de la fe para todos los hombres, único medio para encontrar de nuevo al Dios indulgente, y, una vez encontrado, fiarse de él; y poseído, disfrutarle. Esta base sostiene la Iglesia, fundamentada en el nombre de Jesús. El nombre de Jesús es el brillo de los predicadores, porque de Él les viene la claridad luminosa, la validez de su mensaje y la aceptación de su palabra por los demás. ¿De dónde piensas que procede tanto esplendor y que tan rápidamente se haya propagado la fe por todo el mundo, sino por haber predicado a Jesús? ¿Acaso no por la luz y dulzura de este nombre, por el que Dios nos llamó y condujo a su gloria? Con razón el Apóstol, a los elegidos y predestinados por este nombre luminoso, les dice: en otro tiempo fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijo de la luz. ¡Oh nombre glorioso, nombre regalado, nombre amoroso y santo! Por ti las culpas se borran, los enemigos huyen vencidos, los enfermos sanan, los atribulados y tentados se robustecen, y se sienten gozosos todos. Tú eres la honra de los creyentes, tú el maestro de los predicadores, tú la fuerza de los que trabajan, tú el valor de los débiles. Con el fuego de tu ardor y de tu celo se enardecen los ánimos, crecen los deseos, se obtienen los favores, las almas contemplativas se extasían; por ti, en definitiva, todos los bienaventurados del cielo son glorificados. Haz, dulcísimo Jesús, que también nosotros reinemos con ello por la fuerza de tu santísimo nombre.”

San Bernardino de Siena

Fuente

¿Puede la Iglesia definir dogmáticamente la maternidad espiritual de María? Objeciones y respuestas

¿Puede la Iglesia definir dogmáticamente la maternidad espiritual de María? Objeciones y respuestas

P. Bertrand de Margerie, ¿Puede la Iglesia definir dogmáticamente la maternidad espiritual de María? Objeciones y respuestas

¿Puede la Iglesia definir dogmáticamente la maternidad espiritual de María? Objeciones y respuestas1

El Padre de Margerie fue miembro de las Sociedades Francesa y Americana de Estudios Marianos, la Sociedad Internacional de Estudios Patrísticos y la Academia Romana Pontificia de Santo Tomás de Aquino en Roma. El P. Margerie también fue un colaborador frecuente al L’Osservatore Romano.

Me gustaría explicar brevemente aquí2 la situación de la doctrina católica sobre la maternidad espiritual de María, después del Vaticano II y el pontificado de Pablo VI; luego subrayaré las objeciones y problemas que resultarían de la eventualidad de una definición dogmática de este misterio; ofreceré respuestas que podrían darse a estas objeciones y problemas, varias posibles modalidades de tal definición, y, por último, las ventajas que podría presentar a la Iglesia y a la humanidad.

El estudio presentado aquí es una extensión de un artículo anterior, publicado por la revista Internacional Ephemerides Mariologicae, en 1975-1976; para entonces ya yo había examinado en detalle el argumento litúrgico a favor de la maternidad espiritual de María, es decir, los signos de la fe de la Iglesia en este misterio, tal como brillan en diversas liturgias de Oriente y Occidente (un estudio muy preciso y técnico).

Tres años más tarde el Papa Juan Pablo II accedió a la Santa Sede. Es bien conocido el gran interés personal del Pontífice sobre la doctrina y devoción mariana. Debemos recordar particularmente su importante discurso del 10 de enero de 1979 sobre la maternidad espiritual de María. Todas estas señales indican, con certeza, que no poseen ninguna información o datos hostiles a la propuesta de una definición dogmática, ni, por consiguiente, al tema de este artículo.

LA SITUACIÓN DE LA DOCTRINA CATÓLICA RESPECTO A LA MATERNIDAD ESPIRITUAL VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL CONCILIO

En los veinte años siguientes al Concilio Vaticano II, la Iglesia ha dado a sus miembros tres importantes documentos sobre este tema: En primer lugar, en 1965, dos párrafos de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, luego, en 1967, la exhortación apostólica Signum Magnum; y por último, en 1968, una mención en el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI.

(1) La constitución dogmática Lumen Gentium, en los párrafos 61 y 62, ofrece un claro primer paso en el desarrollo de la doctrina, aun cuando, es cierto, ciertos puntos permanecen abiertos a mayor refinamiento3. Vamos a repetir el texto: «La Santísima Virgen... como Madre del divino Redentor en la tierra, sobre todos los demás y de una manera singular fue la generosa asociada y humilde esclava del Señor, (singulariter prae aliis generosa socia). Ella concibió, dio a luz, y alimentó a Cristo, ella lo presentó al Padre en el Templo, compartió los sufrimientos de su Hijo cuando murió en la Cruz. Así, de un modo totalmente singular ella cooperó (operi Salvatoris singulari prorsus modo cooperata est) por su obediencia, fe, la esperanza y ardiente caridad, en la obra del Salvador, en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia».

Uno puede ver que tal concepción analógica de la maternidad espiritual significa esencialmente una cooperación única y particular de María, como Madre de Dios, el Salvador, con la obra redentora de su Hijo, para restablecer la vida sobrenatural de las almas inmortales. El Concilio Vaticano II aclaró el contenido trascendente, oculto dentro de la imagen de la maternidad, una vez que se adaptó al orden espiritual y sobrenatural: la de una cooperación privilegiada pero dependiente en la transmisión de la vida. Esta dependencia, en igualdad, distingue la maternidad de la paternidad. Evidentemente, es una maternidad de mediación y, en un sentido paulino más amplio, una corredentora. Esto es lo que revela la siguiente parte del texto:

«Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la Cruz, hasta la consumación perpetua de todos los elegidos... con su múltiple intercesión [ella] continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna... Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador» (Lumen Gentium, núm. 62).

Vemos, en estos dos párrafos, una distinción clara entre los dos períodos de tiempo de la maternidad espiritual de María: el tiempo durante el cual la Virgen cooperó con Cristo en la adquisición del tesoro de salvación, y el momento actual en el que coopera con su Hijo en la distribución de este tesoro.

Nótese también, basado en el texto latino citado entre paréntesis, a continuación, —singulariter socia... operi Salvatoris singulari modo cooperata est—, un eco muy evocador de los mismos términos de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, en 1854, por Pío IX: “Se dice que María es inmaculada por una "gracia especial de Dios omnipotente" (singulari omnipotentis Dei gratia: DS 2803). El Vaticano II nos ofrece, en el trasfondo del privilegio único de la Inmaculada Concepción, el privilegio de una maternidad espiritual, también única, de la Virgen.

Más profundamente aún, el Concilio Vaticano II, mediante la presentación de la singular cooperación de la Virgen en la obra de la salvación como el fundamento de su maternidad de gracia, en su definición de la misma, va más allá de la noción de una simple transmisión de la vida divina, para incluir también los esfuerzos especiales por la Virgen de obtener para los hombres esta misma vida divina. El resultado es que María es la Madre, no sólo de los justos que han aceptado esta vida divina, sino también de los pecadores que todavía la rechazan, pero que están destinados a recibirla, así como Cristo es el Salvador incluso de aquellos que no están de acuerdo en cooperar con Él para su salvación. Por tanto, podemos entender por qué el mismo Concilio Vaticano II describió a María anteriormente (Lumen gentium, n.54), como Madre de los hombres, de todos los hombres.

Un poco más adelante en la misma constitución, Lumen gentium, núm. 64, la Iglesia confirma, en el contexto de la "eminente y singular" la maternidad de la Virgen (reafirmada en el núm. 63), que ella misma se convirtió en una madre "al recibir y predicar la palabra de Dios en fe", así como en la celebración del bautismo: Así, «da a luz hijos, que son concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios, a una vida nueva e inmortal».

La comparación de los textos relativos a la maternidad de María y la de la Iglesia nos permite entender mejor el concepto común de la maternidad espiritual que entra en juego en ambos casos: maternidad espiritual significa una actividad sobrenatural, recibida y subordinada, en la obra de la salvación eterna de otro ser humano, por el que una persona crea, recibe y transmite a otra persona la vida divina. La maternidad espiritual presupone la paternidad divina y la fraternidad humana. El ser humano que es elevado al nivel de la maternidad espiritual recibe de Dios el Padre la posibilidad de engendrar sobrenaturalmente a los que son sus hermanos y hermanas en el orden natural.

Una vez se entiende este significado fundamental uno puede reconocer fácilmente, en otros pasajes del Concilio Vaticano II, la afirmación sustancial de la maternidad espiritual: La palabra no puede ser claramente establecida tal vez, pero la realidad está ahí. Este es el caso especialmente en el decreto sobre el apostolado de los laicos, núm. 16: «Los laicos... conscientes de ser cooperadores de Dios Creador, Redentor y Santificador... Recuerden todos que con el culto público y con la oración, con la penitencia y la libre aceptación de los trabajos y desgracias de la vida, con la que se asemejan a Cristo paciente (cf. 2Cor. 4,10; Col. 1,24), pueden llegarse a todos los hombres y contribuir a la salvación del mundo entero».

En todos estos casos —ya se trate de María, de la Iglesia, o de cada uno de sus miembros bautizados— es siempre una cooperación activa, libre y sobrenatural con Dios, el Salvador que contribuye a la salvación de los hombres, y a su regeneración espiritual, teniendo como fondo la iniciativa de la gracia divina conferida tanto al instrumento como al beneficiario de la obra de la salvación. La imagen de la maternidad, distinta como tal a la de la paternidad que tiene la iniciativa y de la filiación recíproca al final, por lo tanto se adapta perfectamente aquí.

Brevemente entonces, digamos que la maternidad espiritual significa una causalidad salvífica dependiente. Cuando, en el plano humano, la maternidad no participa en la paternidad, a pesar de que es igual a ella, la maternidad espiritual constituye esencialmente una participación en la paternidad divina.

Habiendo subrayado así el carácter analógico del significado de la maternidad espiritual, podemos ahora estudiar en profundidad su aplicación mariana.

Es al enfatizar las acciones que la Virgen ofreció libremente al servicio de la obra salvífica de su Hijo que el Vaticano II fue capaz de afirmar la maternidad espiritual como válida incluso en lo que respecta a los pecadores y a los no bautizados. La maternidad espiritual, aunque potencial, no está totalmente actualizada. Percibimos aquí, sin duda, un progreso real, especialmente respecto al modo en que fue expresada la maternidad espiritual antes del Concilio Vaticano II. El énfasis puesto en el papel que juega la libertad, en ir más allá de las imágenes emocionales, ha hecho posible el reconocimiento de la universalidad de la maternidad espiritual. Información adicional y reflexiones sobre la problemática de la posibilidad de definición antes del Concilio Vaticano II se puede encontrar en el apéndice.

Podemos incluso sospechar, si no probar, que Ruperto de Deutz, el famoso exégeta medieval del Evangelio de Juan, está, por vía de Suárez, en el origen de la explicación de la maternidad espiritual expresada en los números 61-62 de la Lumen gentium. En efecto, hemos visto cómo estos párrafos enfatizan la relación entre la compasión de María y la restauración de Cristo de la vida sobrenatural. Ruperto de Deutz explica magníficamente, comentando Jn 16,27, la siguiente relación: «La Virgen María es verdaderamente Madre de todos nosotros, porque dio a luz a la salvación para todos nosotros en la Pasión de su Hijo único»4. En alusión a Juan 16,21: «Verdadera mujer, verdadera madre, [María conocía] a esa hora los dolores del parto».

(2) Apenas dos años después del final del Concilio Vaticano II, Pablo VI discutió la maternidad espiritual de María en un párrafo que generó algunos comentarios, a pesar de su extrema importancia, un párrafo de la exhortación apostólica Signum Magnum. El Papa ofreció allí, un resumen —tal vez más claro que el original— de las reflexiones fundamentales, citadas anteriormente en la Lumen Gentium. El pasaje contiene tres pronunciamientos decisivos.

En primer lugar, "María es nuestra Madre Espiritual por su participación en el sacrificio de la Cruz." Esta es la primera vez —que yo sepa— que este concepto de participación, concepto clave en la historia de la filosofía y la teología, parece que se aplica explícitamente a considerar la naturaleza de la unión de María con el sacrificio de su Hijo en la Cruz. Cuando estamos de acuerdo en no pasar por alto la importancia de este concepto en las discusiones con el mundo protestante (por desgracia, no tan sensible a esta idea de la participación), podemos comprender mejor la importancia de su introducción en el contexto de la asociación de María al sacrificio de la Cruz.

En segundo lugar, esta verdad, de la maternidad espiritual de María por la participación en el sacrificio de la Cruz, está calificada como una "parte integrante del misterio de nuestra salvación."

Por último, se declara también que "esta verdad debe considerarse como una verdad de fe."

Aquí está la última palabra, la palabra nunca pronunciada hasta el momento —hasta donde yo sé. Aquí está la más cercana declaración de una definición por el magisterio extraordinario. Aquí está el magisterio ordinario en su ejercicio supremo, reconociendo una verdad como revelación divina, ya que tal es la implicación de esta declaración. Leamos el texto original en latín5:

«Postquam Filii sacrificium, nostrae Redemptionis causam, participavit, idque ratione tam arta, ut ab eo mater non unius Ioannis discipuli, sed etiam - hoc dicere liceat - humani generis, cuius ille quodammodo gessit personam meruerit designari, ea caelitus nunc materno pergit munere fungi, quo ad gignendam augendamque vitam divinam in singulis hominum redemptorum animis operam confert. Haec veritas... e libera voluntate Dei sapientissimi, pars6 est expletiva mysterii salutis humanae; quam ob rem7 ab omnibus christianis debet fide teneri».

¿No estamos aquí en presencia de una formulación, que ofrecer —en un modo inmediato y mejor— las condiciones necesarias para una definición dogmática, si lo comparamos con la de la Lumen Gentium, todavía en curso? Además, debemos reconocer que la Lumen Gentium, al final del núm.62, ha elaborado el estudio más profundo en el Signum Magnum. De hecho, así es como lee:

«La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador. Jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado tanto por sus ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de diversas formas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, así también la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente» (Lumen gentium, núm. 62).

Citemos las expresiones latinas del texto original: «sacerdotium Christi participatur,...unica mediatio Redemptoris non excludit sed suscitat variam apud creaturas participatam ex unico fonte cooperationem».

Uno puede ver que aquí se afirma la doctrina de la participación, tanto en el plano natural de la creación y a nivel sobrenatural en la economía de la salvación. Se establece claramente que Cristo mismo está en el origen de toda participación en su mediación de Redentor.

La doctrina de la participación se destaca, precisamente, respecto a la cooperación de María en la obra de la salvación. El texto conciliar contiene implícitamente la confirmación de la participación de María en el sacrificio de la Cruz, confirmada explícitamente en el Signum Magnum. Existe, por tanto, perfecta armonía y continuidad entre la exhortación pontificia de 1967 y el texto conciliar, tanto es así que la participación de María en el sacrificio de Jesús no constituye ni una derogación ni una adición a este sacrificio, sino que resulta a partir de la iniciativa del propio Jesús.

También está en perfecta armonía con la Lumen Gentium y con su concepción de la maternidad espiritual, la de María así como la de la Iglesia, a saber, la de una causalidad dependiente y salvífica, como hemos demostrado arriba, que la Signum Magnum ve en la palabra de Jesús: "Esta es tu Madre", la expresión proclamada de la acción participada de María en la economía de la salvación.

(3) Por último, un poco más tarde, en 1968, en el párrafo 15 del “Credo del Pueblo de Dios”, el Papa Paulo VI se remonta a los textos anteriores que aluden sólo a la actividad presente y gloriosa de la maternidad espiritual de María, sin otra mención de fundamentos pasados: como la aceptación en la Anunciación, la compasión al pie de la Cruz. Este silencio parcial, sin embargo, deja completas todas las doctrinas ya proclamadas previamente comunicadas por el mismo Papa.

También pudimos haber mencionado la solemne proclamación de María, Madre de la Iglesia, por Pablo VI, durante el Concilio, en 1965. No lo hemos hecho porque no parece llevar un nuevo elemento doctrinal relativo a la maternidad espiritual, en relación con Lumen Gentium. Esa es la diferencia con Signum Magnum.

Las maravillosas páginas finales de Juan Pablo II en su encíclica Redemptor hominis no trajeron ningún nuevo elemento doctrinal en cuanto a la exhortación de 1967 se refiere, a pesar de que enriquecieron la espiritualidad mariana, como un ejercicio de nuestra filiación espiritual hacia la Inmaculada.

II. OBJECIONES A LA DEFINICIÓN DE LA MATERNIDAD ESPIRITUAL

Creemos que podríamos enumerar siete principales dificultades que algunos podrían presentar en oposición a una definición dogmática de la maternidad espiritual de la Santísima Virgen. Vamos a presentarlas aquí en detalle:

(1) Primera objeción:

Si este es un asunto de verdad de fe reconocido como tal —que requiriera, si tal fuese el caso, el martirio— pues cada uno de nosotros debería estar dispuesto a dar su vida para confesar delante de los hombres cualquiera de las verdades de fe, una definición parece inútil, ya que precisamente, esta verdad ya es reconocida como verdad de fe.

Respuesta: Pío IX nos ofreció la respuesta cuando definió la Inmaculada Concepción:

«La Iglesia trabaja duro para pulir las enseñanzas anteriores, para llevar a la perfección su formulación, de tal manera que estos dogmas más antiguos de la doctrina celestial reciban la prueba, la luz, la distinción, mientras mantienen su plenitud, su integridad, su carácter propio, en una palabra, de tal manera que se desarrollen dentro del mismo contenido objetivo y que se mantengan siempre en la misma verdad, la denotación, el mismo pensamiento». (DS 2802).

En otras palabras, una definición dogmática, como es evidente en los grandes concilios trinitarios y cristológicos, perfecciona el conocimiento eclesiástico de la verdad, pues no debe ser fácil para algunos miembros del Pueblo de Dios discernir con claridad la verdad revelada, reconocida como tal por la Iglesia con la ayuda de su magisterio ordinario solamente. Las definiciones no sólo manifiestan la verdad considerada, pero sobre todo ayudan a distinguirla de las verdades relacionadas. Estas ventajas no son ciertamente leves.

(2) Segunda objeción:

La plenitud de la verdad de la maternidad espiritual de María, que se extiende —de acuerdo con el anteriormente citado texto de los núms. 61-62 de la Lumen Gentium— desde la Anunciación hasta la Parusía, ¿no va mucho más allá de cualquier posible objeto de una definición? ¿No es evidente por sí misma si la maternidad espiritual por un lado se compara con la Inmaculada Concepción y la Asunción por el otro? La Inmaculada Concepción es un momento, un instante al comienzo de la vida de María, la Asunción otro momento al final de su vida.

Respuesta: Sí, al parecer. En realidad, la plenitud inicial de la gracia afecta a toda la vida terrenal de la Virgen y la Asunción se refiere a toda su vida gloriosa en términos de la Iglesia peregrina.

Nota: De hecho, desde el momento de la Inmaculada Concepción y mucho antes de su consentimiento a la maternidad divina, María es ya, de una manera fundamental, nuestra madre espiritual. ¿Cómo es eso? En el triple título de su eterna predestinación, de su prefiguración en el tiempo y de su anhelo por el Mesías, el Salvador. La Constitución Lumen gentium, núm. 61, nos recuerda que la Virgen María fue predestinada eternamente para la maternidad divina; ahora, esta maternidad divina es la raíz de su maternidad espiritual que, de alguna manera, la incluye.

Es este doble misterio de la predestinación y la prefiguración, en la eternidad y en el tiempo, de la maternidad divina y espiritual de María siempre Virgen que el obispo de Rávena, San Pedro Crisólogo, doctor de la Iglesia en el siglo V, celebró tan magníficamente en su sermón 146, comentando sobre Mt 1,188: «¿Cuando no ha sido ella la madre, la que dio a luz al autor de los siglos?... María es llamada madre y ¿cuándo no fue ella una madre?».

El obispo de Rávena ve también a María prefigurada en las aguas iniciales (Gén. 1) como las aguas del paso del pueblo escogido a la Tierra Prometida (cf. 1Cor. 10) y, finalmente, como la hermana de Aarón, Miriam, que celebra la liberación del pueblo elegido (Ex. 15). Al subrayar el hecho de que María es la que siempre precede y guía a la salvación de los hombres (semper Maria humanae praevia salutis), Crisólogo demuestra así que su "numquam non mater"9 se refiere a la maternidad espiritual universal de la Virgen simultáneamente con su maternidad divina10.

Lo que, según mi conocimiento, San Pedro Crisólogo no estaba diciendo, pero que podemos agregar, es que la Virgen, predestinada eternamente y prevista en el tiempo, por anhelar la venida del Salvador, por su súplica, deseó y anticipó su propia maternidad divina y espiritual, comenzando así a ejercer su salvífico y absolutamente único servicio a la humanidad.

En otras palabras, podemos pensar, con Ruperto de Deutz y en armonía con las sugerencias de la Lumen Gentium (cf. núm. 61 y 65), que la maternidad divina misma se dirige a la maternidad espiritual y a su ejercicio, así como el Verbo divino se hizo carne para salvarnos. De la misma manera también, María aceptó la maternidad divina, precisamente por la salvación de la humanidad cumpliendo una maternidad espiritual respecto al hombre, después de haberse preparado previamente por su anhelo.

También es obvio que, en una posible definición, no habría necesidad de considerar el misterioso ejercicio de una maternidad espiritual previa al consentimiento explícito a la maternidad divina según la carne.

(3) Tercera objeción:

La tercera dificultad es en relación al alcance de la maternidad espiritual. ¿De quién es Madre espiritual María? ¿Es ella también la madre de los ángeles, o sólo de los hombres? ¿También de los pecadores únicamente de los bautizados que permanecieron fieles?

Respuesta: Un problema difícil. A primera vista, parece que María es la Madre solamente de estos últimos, ya que sólo ellos han recibido y mantenido la vida sobrenatural y divina en una manera normal y humana11.

Sin embargo, como hemos visto, el Concilio Vaticano II y los documentos posteriores han evitado este peligro mediante el estudio en profundidad del concepto de la maternidad espiritual y yendo más allá del carácter mítico y limitado de una analogía imaginativa. Más concretamente, Lumen gentium (núm. 54) ha respondido a esta dificultad al presentarnos a María como Madre de los hombres, especialmente de los fieles: "Mater Christi, Mater hominum maxime fidelium".

¿Qué significa eso? Hay aquí, ciertamente, una referencia escondida al pensamiento paulino: «El Dios viviente es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes». (1Tim. 4,10). Es obvia la transposición mariana del texto paulino por la Lumen Gentium, núm. 54.

Una posible definición dogmática de la maternidad espiritual no tendría que preocuparse por la inclusión de los ángeles: Una definición es la obra de una Iglesia peregrina que desea expresar su preocupación por guiar a los fieles hacia la bienaventuranza de los "viators" (los viajeros). Los santos ángeles ya no están más en esa categoría. La Iglesia, sin embargo, no niega que María, exaltada a la maternidad divina en el orden de la unión hipostática, ha merecido, en dependencia de Cristo, gracia y gloria para los ángeles, de acuerdo con la escuela franciscana de pensamiento.

La Iglesia niega menos aún una cierta "maternidad cósmica" de la Virgen, que se presume como su papel privilegiado en relación con todo lo humano y el uso sobrenatural del universo o de cada uno de sus elementos. Este magnífico papel fue subrayado por San Anselmo12.

Sin entrar en todos estos aspectos, sería suficiente para una definición utilizar las formulaciones de Signum Magnum y de la Lumen Gentium. Subrayaría al mismo tiempo la universalidad humana y la actualización preferencial para los justos de la maternidad espiritual de la nueva Eva, madre de los vivos y los muertos a quienes ella desea traer de vuelta a la vida.

(4) Cuarta objeción:

Con la diferencia de la Inmaculada Concepción y en especial de la maternidad divina, sino también de la Asunción, la maternidad espiritual no parece ser un privilegio único o casi único; en el caso de María, la Iglesia, hasta ahora, sólo ha definido los privilegios o dones únicos de un modo absoluto o casi único13.

¿Por qué definir como una verdad de fe, respecto a María, una verdad que se percibe en ella analógicamente, en la Iglesia universal, en las Iglesias particulares, e incluso en cada uno de los fieles?

Cristo, en el Evangelio (Mt 12,48-50), después de haber hecho la pregunta: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?", acaso no respondió, extendiendo sus manos hacia los discípulos diciendo: "Estos son mi madre y mis hermanos; pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre."

Respuesta: Una posible definición sólo podría llevarse a cabo si se establece la maternidad espiritual de María como una maternidad privilegiada en el contexto total de varias y numerosas maternidades espirituales. Tal definición, precisamente, tendría que demostrar el carácter único, en una analogía total, de la maternidad espiritual de María.

Ciertamente, es correcto decir que María es nuestra Madre espiritual en la Iglesia, por la Iglesia, con la Iglesia, para la Iglesia y nunca sin la Iglesia. Esto es lo que Isaac de Stella ha destacado en su sermón 51: «Como hay un solo Hijo y muchos, así María y la Iglesia son sólo una madre y muchas: ambas son madres de Cristo, pero ninguna de ellas puede dar a luz al Cristo total sin la otra»14. Nada es más fácil de entender si tenemos en cuenta que la vida sobrenatural y divina es por lo general conferida por los sacramentos, que son siempre los sacramentos de la Iglesia, y no pasar por alto el hecho de que la espiritual maternidad de María es plenamente actualizada sólo en el corazón mismo de la vida sacramental. Recordemos estas palabras: Mater Christi, mater hominum, maxime fidelium.

Sin embargo, no es menos cierto que María es la única madre espiritual cuya actividad salvífica está basada directa e inmediatamente en el hecho de su maternidad divina según la carne; ella es también la única madre espiritual que es la causa de todas las demás, en los cuatro niveles de causalidad meritoria: efectivo, instrumental, ejemplar y final. Todas las demás maternidades espirituales (eclesiásticas o individuales) deben su existencia, su actividad, su horizonte a la maternidad espiritual de la Virgen, única y privilegiada. Por otra parte, entre todas las madres espirituales, individuales o institucionales, María es, dentro de la Iglesia peregrina, la única madre inmaculada.

Definir la maternidad espiritual e María, por lo tanto, sería también definir lo que es, de hecho y de manera tangible, un privilegio único de la Virgen, visto dentro de una totalidad analógica y la interacción complementaria de todas las maternidades espiritual. El propósito y el resultado de tal definición sería un mejor ejercicio de todas las maternidades espirituales, eclesiásticas o personales.

(5) Quinta objeción:

Los Padres de la Iglesia desarrollaron sólo el aspecto celestial de la maternidad espiritual y, dentro del aspecto terrenal, la colaboración singular de la Virgen con el plan de la salvación en la Anunciación, pero poco o nada en el momento de su Compasión. Pero nuestra Iglesia hoy día reconoce también en el segundo una base de su maternidad espiritual. Los Padres apenas han mencionado nada sobre la participación de María en el sacrificio de la Cruz.

Respuesta: No es necesario que una verdad esté establecida explícitamente en las Escrituras o la Tradición apostólica divina para que la Iglesia sea capaz de definirla. Sería suficiente para la Iglesia de hoy creer que esta verdad está incluida en la Revelación Divina. Este es el caso aquí. Además, esta verdad tiene una base más explícita en las Escrituras que la de la Inmaculada Concepción o la Asunción.

Podemos decir lo mismo en lo que respecta a los fundamentos de la maternidad espiritual de María en la Tradición apostólica divina: En cuanto a la Anunciación, Ireneo, Justino, Tertuliano, todos los cuales son citados por la Constitución Lumen gentium en este mismo sentido, enseñan la cooperación privilegiada de la Virgen, la nueva Eva, en la economía de la salvación, de ahí su maternidad espiritual. Por lo tanto, ya está presente explícitamente en la tradición previa a Nicea. Encontramos de nuevo aquí el famoso "principio de asociación" (principium consortii) entre el nuevo Adán y la nueva Eva, un principio tan enfatizado por Pío XII en la bula papal Munificentissimus Deus sobre la Asunción (cf. DS 3901).

En cuanto al rol de María al pie de la Cruz, no es sino un desarrollo de su respuesta en Nazaret, como se reconoció explícitamente en el núm. 62 de la Constitución Lumen Gentium. El consentimiento de la Virgen en Nazaret aplicado a su plena asociación con la totalidad de la misión del Salvador, incluyendo su presencia al pie de la Cruz. Los Padres mencionan implícita pero realmente la participación de María en el sacrificio de la Cruz. Por lo tanto, esta objeción carece de fundamento.

(6) Sexta objeción:

El "escándalo ecuménico" de una posible definición. ¿No constituiría un obstáculo considerable para la muy importante obra de "recomposición" de la unión visible y orgánica entre católicos y las Iglesias Ortodoxas?15 ¿No sería el obstáculo aún más grande en términos de la reunificación con las comunidades eclesiales del mundo protestante? ¿Acaso el enfatizar un privilegio de María no desalentaría, de antemano, todos los intentos de reunificación con el mundo protestante?

Respuesta: Es cierto que esta definición haría surgir objeciones enérgicas, por las razones expuestas, no sólo entre los ortodoxos y los protestantes, sino incluso entre los católicos.

No obstante, es inexacto decir que esta definición constituye en sí misma un obstáculo. Mucho menos, ya que ninguna reunificación sería posible sin un acuerdo sobre la maternidad espiritual de María, declarada ya como una verdad de fe por la Iglesia católica (cf. vea arriba Signum Magnum). La definición establecería la verdad con precisión, pero no añadiría ninguna nueva verdad a las ya reconocidas por la Iglesia.

Por otro lado, un cierto número de anglicanos y protestantes creen con todo el mundo ortodoxo, la sustancia de la doctrina de la maternidad espiritual, entendida como la cooperación única y privilegiada de la Virgen con la economía de la Redención. Entre ellos, podemos mencionar al profesor John Macuare (Principios de Teología Cristiana, Londres, 1966, p. 254; cf. G.M. CORR, revisión del clero, [1976], P.313)16.

Todavía hay más. En 1975, en Roma, con ocasión del Séptimo Congreso Internacional Mariano, los participantes protestantes, ortodoxos y católicos en una mesa redonda redactaron y firmaron juntos las propuestas siguientes17, que incluían, obviamente, la substancia de la doctrina de la maternidad espiritual profesada por el Concilio Vaticano II:

— (2) Dios ha querido asociar a colaboradores creados en grados diversos a la obra de la Redención, entre ellos a la Virgen María que posee la dignidad y eficacia excepcional.

— (3) María fue elegida para concebir y dar a luz al Redentor, quien recibió de su Madre la humanidad que necesitaba para realizar su sacrificio en el Calvario, como víctima y sumo sacerdote.

— (4) El “Fiat” de María, que tiene un carácter permanente, fue su libre consentimiento a la maternidad divina, y por lo tanto a nuestra salvación.

— (5) La colaboración de María fue singularmente demostrada cuando ella creyó en la Redención, realizada por su Hijo, y cuando estuvo al pie de la Cruz, mientras la mayoría de los Apóstoles huyeron.

— (6) Las oraciones de intercesión dirigidas a la Virgen tienen como fundamento, además de la confianza que el Espíritu Santo establece hacia la Madre de Dios por parte del pueblo cristiano, el hecho de que María permanece siempre vinculada a la obra de la Redención y por lo tanto a su aplicación a través del tiempo y el espacio.

No hay duda de que muchos protestantes se negarían a firmar tal texto en la actualidad. Se dan cuenta, sin embargo, que los demás lo firman, aun cuando se creen ser tan fieles como lo son a los principios fundamentales de Lutero y Calvino.

Podemos encontrar en este texto, no sólo la substancia de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la maternidad espiritual, sino también la enumeración de las etapas fundamentales en el sufrimiento terrenal y vida gloriosa de María, de su cooperación única y privilegiada con la Redención, que es la propia esencia de esta doctrina.

Añadamos que la experiencia previa de las consecuencias de la definición de la Asunción muestra el carácter, bastante inútil, de los temores que serían causados por la maternidad espiritual. Sabemos que Max Turnia, durante una visita personal, le pidió al Papa Pío XII que abandonara el proyecto de una definición. No obstante, Pío XII definió el dogma. Esta definición no impidió la promulgación, quince años más tarde, en presencia de los observadores protestantes, entre los cuales estaba Max Turnia, del Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio Vaticano II. En consecuencia, ni el gran desarrollo ni la unión ecuménica resultaron interrumpidos.

Incluso podríamos decir que por este don ecuménico la Virgen respondió a la generosidad y a la valentía de Pío XII, quien definió la Asunción. Esto no nos debe sorprender: ¿No es María, de acuerdo a la palabra de San Agustín, la "Madre de la unidad," Mater Unitarias?18

Esta es la opinión que ya León XIII examinó a fondo, el 5 de septiembre de 1895, con un lenguaje particularmente alegre en su encíclica Adjurasen Populi19:

“¿No será el deseo de María emplear su bondad y providencia para llevar a la plena perfección el vínculo de unidad entre los miembros de la familia cristiana, que es el fruto ilustre de su maternidad?... María será la unión feliz para reunir, con lazos firmes pero suaves, a todos aquellos que aman a Cristo, allí donde se encuentren, para formar una nación de hermanos, que rindan obediencia al Vicario de Cristo en la tierra, al Romano Pontífice, su Padre común... pues María no ha dado a luz —ni pudo— a los que son de Cristo, excepto en la misma fe y en el mismo amor, pues "¿Está dividido Cristo?” (1Cor 1,13)"

Podemos ver que, para León XIII, siguiendo a Agustín, María, lejos de dividir los cristianos, está, por su consentimiento a la Encarnación redentora y por su intercesión, en el origen mismo de los encuentros sobrenaturales que puedan existir y existirán en el futuro entre ellos; su unidad completa y perfecta es la verdadera razón de su maternidad divina y espiritual. ¿Cómo podría, por lo tanto, la definición de esta unidad causar realmente nuevas divisiones entre ellos?

(7) Séptima y última objeción:

¿Es cierto que, con los católicos, la verdad de la maternidad de María ya ha alcanzado el grado de madurez necesario para su definición? ¿No hay todavía numerosos debates y desacuerdos entre los teólogos católicos sobre la mediación de María, sobre la naturaleza de su asociación a la obra redentora de Cristo, es decir, como ya hemos visto, sobre la sustancia misma de su maternidad espiritual? ¿Cómo podría la Iglesia definir una doctrina que no parece estar completamente desarrollada?

Respuesta: Una definición dogmática no tendría que entrar o participar en discusiones técnicas entre los teólogos; no es la costumbre del supremo magisterio de la Iglesia hacer eso, o suprimir la libertad de discusión entre los teólogos en asuntos que no son de fe; es precisamente por esa razón que el Vaticano II ha establecido con precisión que no tiene «la intención de proponer una completa doctrina sobre María, ni desea decidir aquellas cuestiones que el trabajo de los teólogos aún no ha aclarado» (Lumen gentium, núm. 54).

Pero es obvio que la Iglesia puede definir, en virtud de su magisterio extraordinario, una doctrina que ya se considera como de buena fe, en los términos de Signum Magnum aclarando a Lumen gentium, sin entrar en disputas académicas, sin pretender que ningún otro estudio profundo posterior sea más factible. Siempre habrá controversias teológicas sobre María, al igual que existen acerca de Cristo o la Trinidad. Después de una definición final de la maternidad espiritual, dentro de la unidad de una fe consciente y más profunda, persistirá la libertad de investigación y discusión teológica sobre muchos aspectos del misterio definido.

III. POSIBLES MODOS DE TAL DEFINICIÓN

Se puede identificar tres modos:

(1) El primer modo posible: la definición por un concilio ecuménico.

Así es como —a diferencia del Concilio de Éfeso que no formuló ninguna definición— los Concilios de Calcedonia y Constantinopla III incluyeron en sus definiciones cristológicas su referencia a "María, Madre de Dios de acuerdo a la humanidad." Tal modo de definición, en sí mismo, sería muy favorable, es decir, en el marco de un concilio cristológico que desease definir el misterio de la Redención (que nunca se ha hecho)20 y de la Iglesia corredentora. Sin embargo, nada nos permite creer que la convocatoria de este concilio ecuménico es inminente.

(2) El segundo modo posible: Una definición sólo por el Papa, precedida por una consulta con el episcopado católico.

Reconocemos en este modo el modelo seguido por Pío IX y Pío XII en las definiciones de la Inmaculada Concepción y la Asunción.

La consulta podría extenderse a los obispos de las Iglesias Ortodoxa y Monofisita (anteriores a Calcedonia).

Podría examinar la esencia de la materia, la sustancia de la doctrina y su formulación.

Como fue el caso en las definiciones de Pío IX y Pío XII, se podría consultar indirectamente a los laicos a través de sus obispos, mediante una invitación a dar testimonio a sus Iglesias.

El Cardenal Newman incluso pensó: «Si alguna vez hubiese un caso en que se debiera consultar a los laicos, sería en el de las doctrinas relacionadas directamente con la expresión de la devoción». Citó el ejemplo de la Inmaculada Concepción, y agregó: «La Santísima Virgen es, por excelencia, un objeto de devoción»21.

Las ventajas de estas consultas son evidentes; ellas podrían preparar a la Iglesia para abrazar de todo corazón la doctrina definida. Las desventajas no son menos claras. Los medios sociales de comunicación podrían aprovechar las características específicas de la consulta, y mediante la creación de dificultades dentro de las Iglesias, tratar de obstaculizar y prevenir cualquier definición.

(3) El tercer modo posible: definición por el Romano Pontífice solo, sin consulta con los obispos, pero después de examinar la Tradición apostólica, las Escrituras, las enseñanzas de los Padres y Doctores de la Iglesia, la tradición de su propia Iglesia Romana, indefectible en materias de fe22: en armonía con la doctrina de los Concilios Vaticano I y Vaticano II, según los cuales "las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por su propia naturaleza y no por razón de la aprobación de la Iglesia" cuyo "asentimiento nunca le puede faltar a tales definiciones debido a la influencia del Espíritu Santo mismo, a través del cual todo el rebaño de Cristo se mantiene en la unidad de fe y avanza en ella" (Lumen gentium, n. 25).

Este tercer modo sería, en nuestro caso el más concretamente realizable, ya que se trata de una verdad ya aceptada pacíficamente por toda la Iglesia y más que nunca, desde el Concilio Vaticano II, tanto es así que Pablo VI la expresó y la enseñó como digna de fe. Esta verdad no ha conocido —para alcanzar el estado actual de su formulación— la historia inflamada del dogma de la Inmaculada Concepción. En nuestro caso, el Papa definiría lo que la Iglesia de hoy cree sin temor o duda.

Sin duda, este tercer modo también trae algunos inconvenientes. ¡Uno nunca puede escapar de ellos! Pero este podría ser, quizás, el modo que presentaría la menor dificultad.

IV. VENTAJAS DE UNA DEFINICIÓN PARA LA IGLESIA DE HOY

Tengamos en cuenta las ventajas de cada uno de los miembros del Cuerpo y las que se reflejarán en todo el Cuerpo.

Todos los bautizados serían impulsados al ejercicio de su propia maternidad espiritual, única como cada persona, pero no privilegiada (ya que sólo lo es la maternidad de María). Esto significará que cada miembro de la Iglesia podría, con motivo de esta definición, volverse cada vez más consciente de su vocación divina en la práctica de la maternidad espiritual, idéntica a una misión corredentora23, para el triunfo del único Redentor, en dependencia de María y por compartiendo su misión de privilegio en la Iglesia y en el mundo. La definición ayudaría a cada bautizado a comprender mejor que María es, de una manera única, la Madre, por la cual cada bautizado ejerce su maternidad espiritual, principalmente a través del apostolado de la oración. Hemos citado arriba los textos del Vaticano II que establecen en substancia esta vocación divina de cada bautizado a convertirse en el colaborador de Dios el Creador, Redentor y Santificador de todos los hombres y contribuir a la salvación del mundo entero (cf. Apostolicam actuositatem, n. 16).

La Iglesia —cada Iglesia particular, así como la Iglesia universal— encontraría en esta definición una ayuda poderosa para una mejor contemplación del misterio de María24 y para una mejor práctica de su maternidad espiritual, mediante un aumento en las virtudes teologales, sobre todo la de la esperanza. La Esposa de Cristo, compartiría así siempre mejor, a imagen y en dependencia de María, en la actividad trascendente y redentora, de la paternidad espiritual del nuevo Adán, Jesús de Nazaret.

Esta definición, incluso parecería ser, para el Papa y para la Iglesia25, un recurso espiritual, a la luz de las dificultades actuales, y con ello cumplirían mejor la súplica del Concilio Vaticano II en lo que respecta a una reforma permanente de la Iglesia: «Ecclesia semper reformanda»26. De hecho, María reforma la Iglesia constantemente, ya que por su poderosa intercesión, obtiene para ella, sin cesar, conformarse siempre a su forma original, Cristo, y permitir continuamente ser transformada por Él y en Él, presente y actuante en la Eucaristía. La maternidad espiritual de María está, de hecho, reformando constantemente a la Iglesia. En este sentido, la definición de esta maternidad podría ser vista como un elemento de reforma en la Iglesia.

Esta definición expresaría la gratitud de la Iglesia hacia la Santísima Virgen por su colaboración única y privilegiada en el misterio de su redención por Cristo, el Salvador de su Cuerpo (Ef 5,23) y de su compasión dolorosa al pie de la Cruz. La Iglesia mostraría así que ella no olvida el sufrimiento de su Madre (cf. Sir 7,26).

Esta definición también sería una consecuencia lógica de la consagración de la Iglesia a la Madre de Dios, a su traspasado e inmaculado Corazón27. Sería una señal de la voluntad de la Iglesia por reparar el daño por los insultos de tantos cristianos bautizados que olvidan, ignoran o niegan el papel privilegiado de la Santísima Virgen en su propia salvación.

Lo que estamos diciendo es que esa definición traería iluminación y devoción a nuestra vida, aumentaría nuestro deseo de reparar y seguir buscando la reforma y la santidad. La Iglesia, si Su Santidad lo considerase favorable —y sólo él es el juez carismático de tal oportunidad— a través de tal definición progresaría en el conocimiento y el amor a María y de su propio misterio, en la consagración a María, en la reparación hacia ella, en la conformidad (la reforma y santificación) a ella. En una palabra, por medio de esta definición, la Iglesia sería y se convertiría más en su verdadero yo.

Ante tan grandiosa perspectiva y en vista de alcanzarla, debemos recurrir a la intercesión de los santos y siervos de Dios, cuya historia pone de manifiesto la conexión con el misterio de María, en su maternidad espiritual —como San León Magno, quien la confirmó sin lugar a dudas— o en sus privilegios: Pío IX y Pío XII, quienes tuvieron el valor de definir dos de ellos; San Leonardo de Puerto Mauricio, que recomendó a la Santa Sede hacer una consulta al episcopado universal sobre la Inmaculada Concepción; San Antonio María Claret que animó a la reina Isabel de España a pedir a Pío IX que definiese la Asunción. Esta fue la primera petición jamás recibida sobre este tema; sabemos que menos de un siglo después, el objeto de esa petición se hizo realidad.

APÉNDICE: LA CUESTIÓN DE LA MATERNIDAD ESPIRITUAL ANTES DEL VATICANO II

En vísperas del Concilio Vaticano II, sabemos que una serie de "vota" o peticiones procedentes de los obispos (más raramente, de instituciones académicas), le pidió a la Santa Sede, especialmente con la ocurrencia del concilio, una definición dogmática de la maternidad espiritual de María, o de su mediación universal.

Las formulaciones de estas peticiones se encuentran en los grandes volúmenes de los “Acta et Documenta Concilio Vaticano II Apparando”, publicadas en Roma (algunos de ellos ya en 1961).

Así es como los obispos mexicanos (seguido por el Antonianum) en la víspera del Concilio, 28 de agosto de 1959, se refieren a su petición previa de 1954, el texto completo de la cual se pueden encontrar en el volumen: La Maternidad Espiritual de María. Estudios teológicos. Este volumen fue publicado en 1961 por la Comisión Mexicana Nacional para la definición dogmática de la maternidad espiritual de María, en la Basílica de Guadalupe, págs. XXXIII-XLII. En 1959, el arzobispo de Puebla de los Ángeles, Monseñor Márquez Toriz, señaló (Acta et Documenta, Ser. I, vol. II, Pars VI, págs. 228-229) que sesenta obispos no mexicanos que apoyaron la petición en 1954 habían renovado su adhesión y apoyo en 1959 cuando el concilio ya era inminente. También señaló que la maternidad espiritual implica la mediación universal. El texto de la petición de 1954 no indicaba con precisión el aspecto metafórico de la imagen de la maternidad espiritual.

El documento del Antonianum (acta et documenta, Ser. I, Vol. IV, Pars I, t. 2, pp.55-61), por el contrario, lo expresó de otro modo: Podemos encontrar (p. 58, en relación con Gén. 3,15), la siguiente aclaración que indica una perfecta conciencia de los problemas discutidos aquí: «Pater nunc cum sit spiritualis totius humani generis semen-Jesus ob redemptionem omnibus allatam, mater esse quoque dici debet Maria propter inseparabilem cum Filio suo actionem in primi peccati auctorem».

Los deseos de la Facultad de Teología de San Buenaventura (ibid., p. 239) expresan una reflexión similar.

En cuanto a esta larga discusión, es conveniente señalar que la mayoría, por no decir la unanimidad, de las peticiones emitidas por los obispos, no sugieren, cuando solicitan una definición, una fórmula exacta, ni ofrecen respuestas a las objeciones, o las fuentes que justifican tal definición.

Sin embargo, una investigación más extensa y metódica en el “Acta et Documenta” podría conducir a unas cuantas observaciones más sutiles, sin posiblemente traer a cuestión la totalidad de las percepciones y evaluaciones desarrolladas aquí.

Traducido por José Gálvez Krüiger (josemagalvez@hotmail.com)


1

Traducido con permiso de Marianum, 43 (1981) págs. 394-418, B. de Margerie, "L'Eglise peut-elle définir dogmatiquement la Maternité spirituelle de Marie? Objections et réponses". Ha parecido útil incluirlo debido a las semejanzas e incluso a la identidad parcial del tema tratado y también debido a que las objeciones y respuestas son, de modo general, iguales.

2

Resumimos aquí, con numerosos enriquecimientos y modificaciones, un estudio presentado en Quito (Ecuador), 15 de abril de 1980, a los miembros de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Marianos. El texto original en español, bastante incompleto comparado con éste, ha aparecido en la publicación internacional Ephemerides Mariologicae 31 (1981) págs. 131-138.

3

Cf. R. Laurentin, La Vierge au Concile, París 1965, pp.151-168. Nota: en esta traducción todas las citas relativas al Concilio Vaticano II se han tomado de Concilio Vaticano II: Documentos Conciliares y Post Conciliares, Austin Flannery, O.P. Gen. Ed., The Liturgical Press, Collegeville, Minnesota, 1975.

4

Rupert De Deutz, In Ev. Joannis Commentariorum Liber XIII: PL 169, 789-790; cf. Suárez, Opera Omnia, Vivés, París 1860, t. 19, disp.22, § 4, p. 327.

5

Paulo VI, Signum Magnum, AAS 59 (1967) pp.467-468. Vea mi comentario en Eph. mar., 25 (1975) págs. 62-66.

6

Nótese la armonía entre el principio del párrafo (participavit) y su final (pars). ¿En qué consiste la participación de María en el sacrificio de la Cruz? Ciertamente, en su "estación" al pie de la Cruz (Jn. 19,26-27) y en todo lo que simboliza (especialmente al sacrificar sus derechos maternales a Cristo su Hijo: cf. Papa Pío XII, Mystici Corporis, AAS 35 [1943], p. 247), pero también en la participación ya implícita dentro de la aceptación del misterio de la Encarnación redentora, por la cual María consintió en proveer "el sujeto del sacrificio" (cf. San León I Magno, Tome à Flavien, c.4: DS 294); fue como Madre de Dios y como Inmaculada que María tomó parte, de modo único y privilegiado, al pie de la Cruz, en el sacrificio de su Hijo; de ahí el valor excepcional y eficacia de su participación; podríamos incluso demostrar —pero esto iría más allá de los límites de este estudio y esta nota— que la ofrenda, por la cual María participó, al pie de la Cruz, en el sacrificio de su Hijo, incluyó, por lo menos implícitamente, la de sus comuniones eucarísticas futuras (todo lo cual significa otras tantas participaciones reales en el sacrificio de Jesús en la Cruz) y la de su amorosa muerte, aún por venir, todo ello ofrecido en unión con su Hijo por la salvación del mundo.

7

El "quam ob rem" indica claramente una relación de causalidad: Esto es porque María, al participar en el misterio del Sacrificio de Cristo, comparte en el misterio de salvación, que su maternidad espiritual es objeto de nuestra fe, que incide, en primer lugar, en el misterio de nuestra salvación justo como lo ha enfatizado el Concilio de Trento (decreto sobre la justificación, cap. 6: "credentes in primis a Deo justificari impium in Christo Jesu": DS 1526. Hay aquí (como recalca Paulo VI) un libre albedrío de Dios, imposible de demostrar por la razón, conocido sólo a través de la revelación: Tal es la fructífera participación de María en el Sacrificio de Cristo.

8

San Pedro Crisólogo, Sermón 146 (PL 52, 592 B): «genitrix quando non quae saeculorum generavit auctorem, principium dedit rebus?». Este mismo Doctor de la Iglesia ha expresado en otro lugar, de modo maravilloso, la maternidad espiritual de María, en el significado preciso en que lo entendemos aquí (causalidad dependiente salvífica), en estas palabras: «accepit Virgo salutem saeculis redditura», «La Virgen recibió la salvación para poder transmitirla a los siglos». (Sermón 143: PL 52, 583 C).

9

Esta fórmula citada tan a menudo es quizás de San Pedro Crisólogo; de cualquier modo, presenta la ventaja de resumir concisamente su pensamiento, en su sermón 146 (cf. nota 7). Dice (col. 593): «Maria mater vocatur; et quando Maria non mater?».

10

Ibid., 593 B: «Ut semper Maria humanae praevia sit salutis, populum quem unda generatrix emisit in lucem, ipsa jure praecessit in cantico». El doctor de Rávena habla de Miriam, la hermana de Aarón, pero piensa en María, Madre de Jesús, según es evidente por todo el sermón.

11

Cf. San Ambrosio, In Lucam 2.19.26-27 (CCL 14,42): «quaecumque crediderit anima et concipit et generat Dei Verbum, secundum carnem una Mater Christi: secundum fidem tamen omorium fructus est Christus»; de igual forma, Augustine De Sancta Virginitate, c.6: CSEL 41,239. «El contexto demuestra que San Agustín no estaba pensando en la maternidad universal de María», dice el P. Friedrich y T. Koehler (María, París 1970, t.VI, p. 570).

12

San Anselmo, Oratio 52, (PL 158,955-956): «Maria, mater rerum recreatarum... Mater restitutionis omnium».

13

Cf. Mit 27, 52-53: Un buen número de teólogos católicos piensan que el evangelista demuestra aquí resurrecciones gloriosas y definitivas, no unas temporeras como la de Lázaro. Juan XXIII, siguiendo a muchos otros, reconoció en este contexto la asunción corporal de San Juan Bautista y San José, en una homilía en 1960, Cf. AAS 52 (1960) p.456.

14

Isaac Of Stella, Sermón 51 (del cual la Lumen Gentium cita otro fragmento): PL 194, 1862-1865. Este punto de vista resume y sintetiza las opiniones de San Agustín.

15

En el grado donde, como reacciones de muchos ortodoxos que se enfrentan a las definiciones de la Inmaculada Concepción y la Asunción han demostrado, nuestros hermanos separados orientales se inclinan hoy día a criticar la precisión, llamada latina, de las definiciones… sin olvidar quizás que los concilios del siglo I, principalmente griegos de hecho, no se negaron a “definir”.

16

El título del artículo del P. Corr es: Madre de la Iglesia: ¿un título ecuménico?

17

El texto original en francés: Oss. Rom., 14 de junio de 1975; Documentation Catholique 72 (1975), p. 677.

18

San Agustín, Sermón 192, 2 (PL 38, 1012): «Ecclesia... similitudinem gerens Virginis quia, et in multis est mater unitatis». Esta afirmación es directamente sobre la Iglesia, indirecta pero realmente sobre la Santísima Virgen.

19

León XIII, Encíclica Adjutricem Populi, en The Rosary of Mary, traducciones de las cartas apostólicas de León XIII recopiladas por William Raymond Lawler O.P., P.G. St. Anthony Guild Press, Paterson, New Jersey 1944, págs. 135-140.

20

Cf. B.De Margerie, Christ for the World, Chicago 1974, págs. 267 y 271.

21

Card. Newman, On consulting the Faithful in Matters of Doctrine, Londres, 1961, págs. 104-105. Sin embargo, uno debe reconocer que el Papa no tiene ninguna obligación estricta de consultar a los obispos (a fortiori) o a los laicos, antes de definir un dogma: cf. vea textos citados en la siguiente nota.

22

Vea al respecto, el notable informe doctrinal por Msr. Gasser en el Concilio Vaticano I, justo antes de la definición de la infalibilidad, 11 de julio de 1870; en su discurso de cuatro horas Gasser (Mansi 52, 1216-1217) explicó por qué el Papa podía sustituir una consulta con los obispos por una investigación en la Escritura y la Tradición, esto fue seguido por una sugerencia de Vicente de Lérins: Para evitar discusiones doctrinales del tiempo presente, debemos recurrir al consentimiento de la Antigüedad (ex consensione antiquitatis dissensio praedicationis praesentis est resolvenda): Cf. R.M. Gagnebet, L'infaillibilité du Pape et le consentement de l'Eglise au Vatican I, in Angelicum 47 (1970), págs. 296 ss. y 448.

23

Cf. B. De Margerie, op.cit. (n. 19), todo el capítulo XI.

24

Es decir, de una mayor conciencia amorosa de este misterio. Esta definición podría especialmente permitir una mejor comprensión de cómo la maternidad espiritual es el principio fundamental de la mariología, precisamente, en la medida en que está orientada hacia y finalizada por la maternidad espiritual: Es María, la nueva Eva, Madre del nuevo Adán y de todos los vivos quien es la piedra angular de la mariología.

25

Es cierto que el Papa solo, o con un concilio, podría definir, pero la definición estaría precedida, acompañada y seguida por la felicidad y acción de gracias de un gran número de miembros de la Iglesia. Al hacerlo, estarían compartiendo en los méritos del acto papal o conciliar.

26

Cf. Concilio Vaticano II, Unitatis Redintegratio, n.6: «Cristo convoca a la Iglesia, mientras ella peregrina, a esa reforma continua de la cual ella siempre ha necesitado, en la medida en que ella es una institución de hombres terrenales».

27

Recordamos que Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María el 8 de diciembre de 1942.

Opinión y análisis - Socialismo vs capitalismo

Opinión y análisis - Socialismo vs capitalismo

Socialismo vs capitalismo

Pompeyo Márquez

Domingo, 2 de enero de 2011

"La representación del mundo sometido a la dicotomía 'socialismo/capitalismo' debe ser superada"
M. Gorbachov. Memorias.

El autócrata insiste en esta dicotomía, a todas luces infantil y fuera de lugar sobre capitalismo y socialismo. En Venezuela, y según Gorbachov, en el mundo, no está planteado ese dilema. Esta convicción es mayor cuando leo voceros oficialistas, algunos con rango académico, repetir frases clisés sobre el marxismo como que si nada hubiera sucedido.

No podemos igualar estalinismo con socialismo pero es contrario a la objetividad cerrar los ojos en torno a lo sucedido con el intento de convertir al marxismo en religión de Estado. Es colocarse de espaldas a los profundos cambios que se han originado en el desarrollo de la humanidad en el siglo XX y comienzos del XXI que son contrarios a postulados básicos del marxismo.

En un gesto de seriedad científica muchos pensadores han reconocido que en la carrera entre socialismo y capitalismo, este impulsó a grados colosales las fuerzas productivas.

En la mayoría de las comparaciones entre los países socialistas y los capitalistas había una brecha en la calidad de vida. Basta citar tres ejemplos: la República Democrática Alemana y la República Federal Alemana. El colapso fue de la primera ya que la RFA se convirtió en la primera economía de Europa y cuarta del mundo. O Corea del Norte y su abismal distancia con respecto a Corea del Sur; así como Cuba, a los 51 años y su comparación con países de América Latina y del Caribe.

China se transforma en la segunda economía mundial no por el socialismo sino gracias a las inversiones extranjeras. Es el ejemplo preferido de Stiglitz, Premio Nobel.
En Venezuela el debate está planteado así: colocar a un lado la Constitución o cumplir con ella. Esos son los "dos modelos" en disputa.

El artículo 299 de la CN reza: "El régimen socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela se fundamenta en los principios de justicia social, democracia, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad, a los fines de asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad…" El debate es: hacer cumplir la Constitución, como lo quiere la mayoría, o seguir violándola.

Mesa Unitaria Cabimas Zulia's Fan Box

Ecclesia Digital