sábado, 7 de abril de 2012

EL SECRETO MEJOR GUARDADO POR LAS MONJAS DE ROMA (1943-1944)

EL SECRETO MEJOR GUARDADO POR LAS MONJAS DE ROMA (1943-1944):
LOS JUDÍOS ESCONDIDOS EN LOS CONVENTOS DE ROMA DURANTE LA OCUPACIÓN ALEMANA

¿Cuántos judíos de la ciudad de Roma se salvaron de la persecución nazi porque se hospedaron en los conventos de la Urbe durante la segunda guerra mundial? El jesuita Padre Leiber, colaborador personal de Pío XII, redactó una lista de casas religiosas con el número de huéspedes, aunque parece que en realidad la lista había sido confeccionada por otro jesuita, el P. Beat Ambord, tras una investigación cuidadosa que llevó a cabo en 1954. El mismo Ambord, que durante la guerra habitaba en la curia generalicia de la Compañía, había sido muy activo en la Roma clandestina con la ayuda a los judíos, entre los que consiguió distribuir un millón de liras procedentes de un benefactor suizo.
La lista, que aparece en la Historia de los judíos de Italia, de Renzo De Felice, fue confeccionada con los datos que las mismas casa religiosas proporcionaron al acabar la guerra, si bien no se ha podido encontrar la documentación original que sirvió como base a la lista. Las cifras que en ella se contienen hablan de 2775 personas hospedadas en conventos femeninos, 992 en conventos masculinos y 680 en locales pertenecientes a capillas e iglesias, juntándose así un total de más de 4400 judíos salvados de la persecución. Las cifras son muy significativas si se considera que el total de judíos salvados en Roma fue de unos 10.000 y los que desaparecieron no llegaron a 2000.
Pero estas cifras de la lista de Ambord no son definitivas, pues se sabe que hubo otros conventos que ofrecieron hospitalidad y no fueron incluidos en la lista, mientras que también con frecuencia los perseguidos cambiaban de escondite, por lo que iban de una casa a otra y el calcular el número total se hace difícil. Por otro lado, las cifras ofrecidas en esta lista no incluyen las parroquias del clero diocesano, ni las instalaciones del palacio lateranense y las de Propaganda Fide en el monte Gianicolo, que también hospedaron a un buen número de judíos. Sea la cifra un poco mayor o un poco menor, la realidad es que se puede afirmar, como lo hace la historiadora italiana Liliana Picciotto, experta en la historia del pueblo judío, que “los religiosos católicos fueron los primeros en esconder a los judíos”.

Llama la atención la mayoritaria acogida por parte de las religiosas, las cifras hablan de unos 200 conventos (sobre un total de unos 700 que había en Roma en aquella época) que acogieron a judíos dentro de sus muros, de los cuales 130 fueron femeninos. Por cantidades, las Hermanas de Sión hospedaron a 187 judíos, las del Perpetuo Socorro en la vía Merulana 133 huéspedes, las de los Siete Dolores más de cien, etc. Cifras tan altas no se dieron entre los frailes, si no es la casa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas con 96 huéspedes y la parroquia de Santa Cruz en el barrio Flaminio, llevada por los Estigmatinos, en la que se refugiaron un centenar de judíos.
La gran acogida por parte de las mujeres tiene varias explicaciones, entre ellas que los conventos femeninos tenían mayores facilidades para acoger familias y niños, también la intrepidez y generosidad de las mujeres en estos casos de necesidad y además el que tenían más independencia de la autoridad eclesiástica, si bien en muchas ocasiones la Secretaría de Estado del Vaticano mandaba a los que pedían refugio directamente a los conventos femeninos.

Como se he dicho, el convento en el que se hospedaron el mayor número de judíos fue el de las Hermanas de Sión, en el Gianicolo, que tenía en su jardín el árbol donde según la tradición Garibaldi ató a su caballo durante la conquista de Roma. Las monjas de la comunidad, mayormente no italianas, tenían que tener especiales precauciones para moverse por Roma, especialmente aquellas que eran de países enemigos de Alemania. A dichas religiosas sus consulados les recomendaron a dejar Italia, pero se negaron, por lo que su convento fue registrado por la policía y dichas religiosas fueron interrogadas en distintas ocasiones, como pasó con otras muchas religiosas extranjeras. Se les permitió quedarse en el convento pero con muchas restricciones sobre el uso del teléfono y la correspondencia, pues se temían contactos con los gobiernos extranjeros. Todo ello ocurrió en muchas comunidades que, por ser Roma el centro de la cristiandad, contaban entre sus miembros a extranjeras.

Cuenta Andre Riccardi en su libro sobre la ocupación nazi de Roma, cómo las monjas ancianas de la comunidad de Sión le contaron en los años setenta los hechos ocurridos en el 1943: El 10 de septiembre, el capellán les advirtió que los alemanes se acercaban a la ciudad, por lo que se decidió esconder el Santísimo Sacramento y recibir la absolución en peligro de muerte. Ese mismo día se oyeron cañonazos que parecían venir de la plaza de Santa María in Trastevere. No ocurrió lo peor ni murieron las monjas con la ocupación, pero a partir de octubre familias enteras de judíos, angustiados, llegaban al convento a pedir a la madre superiora el poder refugiarse, pues estaban huyendo del barrio judío. La superiora no dudó en abrir el convento y ponerlo a disposición de cuantos cupieron dentro. Se creía que la cosa duraría unos días, pero pasaron las semanas y los meses, y los huéspedes permanecieron refugiados allí, con la complicidad generosa de las monjas.

El mismo Riccardi explica que para los judíos acudir a los conventos religiosos no fue fácil, demuestra la desesperación en que se encontraban pues si ya las relaciones entre judíos y católicos en la ciudad de Roma no eran de mucha confianza por motivos históricos, los conventos religiosos eran una realidad misteriosa e inaccesible que miraban con recelo no sólo los no católicos, sino también incluso muchos que sí lo eran. En el caso de los judíos, hacía sólo 70 años que había desaparecido el gueto de Roma y los resentimientos mutuos no se habían superado totalmente. Además, los judíos recordaban los bautismos forzados que en el pasado habían ocurrido y miraban con un cierto recelo a las religiosas, que encontraban con frecuencia en los hospitales públicos, por el miedo a que se repitiesen dichos hechos.

Por exigencias de las clausura, los huéspedes se separaban en los conventos, de manera que las Hermanas de Sión habilitaron unos cobertizos del jardín para que pudiesen alojarse los hombres, mientras que las mujeres y niños podía alojarse en las habitaciones de las religiosas y otras dependencias del convento. Una de las refugiadas, Emma Alatri Fiorentino, ha contado años después cómo se sentían en su propia casa en el convento, podían usar libremente el jardín y la huerta, y leer libros en la biblioteca de las monjas, que las recuerda como llenas de disponibilidad y muy serenas ante los peligros que afrontaban por esconder a judíos en la comunidad. Los niños podían correr libremente por los pasillos del convento y las mujeres trabajaban en la costura con las monjas. Éstas, acostumbradas al silencio, parece que no se descomponían ante tanto ruido y alteración de la paz claustral que tenían ahora.

Un caso curioso fue el de las religiosas de Namur, en cuyo convento el seglar que hacía de guardián y demandadero era de tendencia fascista y veía con malos ojos que allí se alojasen judíos. Viendo que las cosas se ponían feas y existía un verdadero peligro de delación por parte de dicho seglar, la superiora de la comunidad, madre María Antoniazzi, mandó a un sacerdote que hablase con el susodicho y le amenazase de excomunión si delataba a las monjas, lo cual se hizo y se alejó el peligro, que por otra parte no era nada extraño, ocurría con frecuencia por parte de vecinos u otras personas que denunciaban la presencia de judíos en los conventos. Los registros eran frecuentes y las monjas tenían que agudizar su ingenio para esconder a sus huéspedes, muchas veces en los recovecos de las techumbres de los conventos.

Las anécdotas abundan y hablan de la buena relación que había entre los huéspedes y las religiosas, de modo que al acabar la guerra, dicha relación continuó, como en el caso del convento de las Pías Maestras de santa Lucía Filippini, a las cuales los judíos refugiados en su convento les regalaron al acabar la guerra una imagen de la Virgen en agradecimiento por su generosidad, o las Franciscanas de Vía Vicenza, que contaban como después de la guerra mantuvieron la amistad y cercanía con las familias que habían hospedado. En el caso de las Hermanas de Sión, Emma Alatri Fiorentino cuenta como muchas de las familias hospedadas en su convento siguieron visitándolas durante años Un caso especialmente hermoso es el que se cuenta en la biografía del párroco Gaetano Tantalo, que fue declarado por el pueblo judío “justo entre las naciones”, el cual tras la guerra fue cuidado por una familia judía cuando estuvo enfermo. Sin embargo no ocurrió así en todos los casos, pues no faltaron judíos que nunca quisieron saber nada más de aquellos que los hospedaron. De todo hubo en la viña del Señor y hay que atribuirlo a que no en todos los casos el trato fue tan ejemplar como el de la Hermanas de Sión ni tan sentido el agradecimiento entre los huéspedes.

¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores?

¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores?:


¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores?

Tercera aparición: 13 de julio de 1917, Fatima, Portugal:

La Virgen abrió sus manos y un haz de luz penetró en la tierra y apareció un enorme horno lleno de fuego, y en él muchísimas personas semejantes a brasas encendidas, que levantadas hacia lo alto por las llamas volvían a caer gritando entre lamentos de dolor. Lucía dio un grito de susto. Los niños levantaron los ojos hacia la Virgen como pidiendo socorro y Ella les dijo:

-¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores?

Y añadió Nuestra Señora: Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: "Oh Jesús mío, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".

Cuarta aparición: 19 de agosto de 1917, Fátima, Portugal:

-"Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas..."

¿Has escuchado bien? ¿Cuántas almas se pierden porque nadie reza por ellas? El Señor las quiere salvar, mediante la interseción de la Santísima Virgen, ¿tu duermes?, ¿se te olvidó este llamado?, ¿se te olvidaron las terribles palabras de nuestra Senora? Muchas almas van al infierno porque nadie reza por ellas, ¿has sido obediente con el llamado de la Virgen? El Santo Rosario es la oración por excelencia; no hay oración que agrade más a Dios que ésta. Sus súplicas en el cielo no son negadas por nuestro Senor Jesucristo; un sólo suspiro que Ella presente a la Santisima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los Santos. Los Demonios le temen más que a todos los bienaventurados juntos, y nada pueden contra sus fieles servidores; descubre sus tentaciones y disipa las tinieblas. El camino más corto y más fácil para llegar al cielo, es Ella. Cuando te toque presentarte ante el tribunal de Dios, tendrás que dar cuenta si fuiste obediente al llamado del Cielo en Fátima o si hiciste oídos sordos. ¿Cuántas almas se perderán si desde ahora en adelante no rezas el Santo Rosario fervorosamente? ¿Cuántas almas se perderán si pecas de indiferencia ante este llamado? Pecado es desechar este mandato del cielo y que se convertirá en pecado mortal después, ya que sin la interseción de la Santísima Virgen, no podremos perseverar en la Fe Católica, no podremos salvarnos: Y si se muere en pecado mortal, es segura la eterna condenación. Nuestra Señora no dijo: Si quieres pueden rezar el Santo Rosario. Ella dio una orden: -"Rezad el rosario todos los días; dijo: continúen rezando el Rosario todos los días. El católico desde Fátima hasta nuestros días, está obligado a obedecer esta orden del cielo. Esfuérzate por rezar los 15 misterios del Santo Rosario diariamente, y pedirle a Dios esta Gracia, porque sin Él, nada podemos. 


Fuente: Anticristo Juan Pablo II


Acerca de Dios...

Acerca de Dios...:

"¿A quién, más que a Dios, debo creer con respecto a Dios?"

San Ambrosio

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos:
Fra Angélico - Domingo de RamosUN DEFECTO que disminuye frecuentemente la eficacia de las meditaciones que hacemos, consiste en meditar los hechos de la vida de Nuestro Señor sin hacer ninguna aplicación a lo que sucede en nosotros o a nuestro alrededor. Así, nos sorprende la versatilidad e ingratitud de los judíos, ya que éstos, después de proclamar con la más solemne recepción el reconocimiento que debían al Salvador, poco después lo crucifican con un odio que a muchos llega a parecer inexplicable.
Sin embargo, esa ingratitud y esa versatilidad no existieron solamente en los judíos de los tiempos de la existencia terrena de Nuestro Señor. Aún hoy, ¡en el corazón de cuántos fieles tiene Nuestro Señor que soportar esas alternativas de adoraciones y de vituperios! Y esto no sucede únicamente en la intimidad, en general inescrutable, de las conciencias. ¿En cuántos países, Nuestro Señor ha sido sucesivamente glorificado y ultrajado, en cortos intervalos de tiempo?
No empleemos nuestro tiempo exclusivamente en horrorizarnos delante de la perfidia del pueblo deicida. Para nuestra salvación nos será utilísimo reflexionar sobre nuestra propia perfidia. Puestos los ojos en la bondad de Dios, podremos así, conseguir la enmienda de nuestra vida.

* * *

NADIE IGNORA que el pecado es un ultraje hecho a Dios. Quien peca mortalmente expulsa a Dios de su corazón, rompe con Él las relaciones filiales que le debemos como criaturas, y repudia la gracia.
Así, hay una marcada analogía entre el gesto de los judíos, matando al Redentor, y nuestra situación cuando caemos en pecado mortal.
En efecto, ¡cuántas y cuántas veces, después de haber glorificado a Nuestro Señor ardientemente, por nuestros actos o al menos después de haber tomado con los labios aires de quien lo glorifica, caemos en pecado y lo crucificamos en nuestro corazón!
Lo mismo se da con muchas naciones contemporáneas. Realizan manifestaciones católicas imponentes, en que glorifican públicamente a Nuestro Señor. Al mismo tiempo, los estadistas por ellas mantenidos en el poder traman, ora en silencio, ora de manera apenas disfrazada, ¡la ruina de las instituciones católicas y la demolición de la civilización contemporánea, en sus lineamientos aún católicos! Así, mientras tales católicos proclaman su amor a la Iglesia de Cristo, por su negligencia, por su tibieza, por su indiferencia, permiten que la Iglesia sea lentamente maniatada, que su influencia sea sabiamente solapada, que su actividad sea engañosamente coartada, a fin de que, el día en que suene la hora del ataque violento la reacción se haya tornado enteramente imposible.
Evidentemente, pueblos como esos, después de haber aclamado a Nuestro Señor como Rey o mientras lo hacían, preparaban persecuciones y tristezas que poco diferían de la grande y divina tragedia de Semana Santa.

* * *

GRACIAS A DIOS, sin embargo, no es sólo la versatilidad y la perfidia de los judíos lo que sobrevive en nuestros días. También se encuentran – y cómo son conmovedores – gestos que recuerdan de modo irresistible la piedad, tan dulce hacia Cristo y tan audaz frente a sus perseguidores, de la Verónica.
Si es cierto que nuestra época se caracteriza por grandes e inesperadas defecciones, no es menos cierto que el historiador verá en ella, en el futuro, una época de grandes santos, admirables por la virtud de la fortaleza, de la prudencia, de la templanza y de la justicia, de las cuales el mundo parece tan radicalmente olvidado.
Nuestro Señor, indudablemente, es muy ultrajado en nuestros días. Seamos nosotros algunas de aquellas almas reparadoras que, si no por el brillo de nuestra virtud, al menos por la sinceridad de nuestra humildad – humildad inteligente, razonable, sólida, y no sólo humildad de palabrerío sonoro y cuello torcido – reparemos en estos días santos, junto al trono de Dios, tantos ultrajes que, incesantemente, le son infligidos.
Plinio Corrêa de Oliveira
"O Legionário" - Nº 447 de 06 de Abril de 1941

La iglesia nacida del concilio Vaticano II NO ES la Iglesia Católica

La iglesia nacida del concilio Vaticano II NO ES la Iglesia Católica:

Así lo reconoce el teólogo progresista suizo, P. Hans Küng, que participó como perito en el concilio:
“El concilio no hizo todo. … Pero hizo más de lo que uno se habría atrevido a esperar en aquel entonces… El concilio Vaticano II representa, en sus características fundamentales… un giro en 180 gradosEs una nueva Iglesia la que surgió del concilio Vaticano II (Veracidade – O futuro da Igreja, Herder, São Paulo, 1969 pp. 112s y 130).

El apóstata

El apóstata:

Pedro Lastra

La misa que se le escenificara en sus predios, ultrajada sin otro objetivo que servir al propósito de la apostasía: convertirla en ritual de sanación, en médium de un conjuro y en escenario de una impostura – pedir prestadas las espinas y la sangre de Cristo para burlar al destino y lograr la eternidad sólo reservada a Dios – colma el vaso de lo tolerable.

Encender la Cruz del Ávila por capricho de los sicofantes del tirano ya fue un irrespeto descomunal, un acto de prepotencia digna de quienes creen que la Cruz del Gólgota es una figura como cualquier otra: una cruz gamada, por ejemplo, la misma con la que Hitler creyó posible desterrar para siempre del imaginario alemán la de Nuestro Señor Jesucristo. Un acto de avasallamiento de quienes creen ser dueños de hombres e instituciones y se sienten facultados para apropiarse de todo cuanto existe en nuestro territorio. Incluso sus ideas y creencias. Rebajando un símbolo de nuestra espiritualidad y un signo inequívoco de nuestra identidad cristiana a amuleto de la suerte. Una pata de conejo, una herradura, una moneda recogida del piso.
Corresponde al sustrato de barbarie que se ha instalado en Miraflores desde hace 13 largos años y que se expresa en el recurso a santeros, babalaos, paleros, brujos y toda suerte de siniestros artificios de la superchería afrocubana que se ha apoderado del corazón y la mente de su inquilino mayor. Barbarie que no ha trepidado en descerrajar el sarcófago del Libertador para jorungar su osamenta y manosearla con fines inconfesables. Para mayor humillación de nuestras tradiciones más sagradas, mediante la transmisión en vivo y en directo del sacrilegio.
¿A qué fines obedeció ese obsceno manoseo histórico sino a los de intentar apoderarse del poder sobrenatural que la suprema ignorancia del teniente coronel le atribuye a los despojos inanes de un simple mortal, al que atribuye sus delirios y devaneos? ¿A qué fines obedeció encender la Cruz del Ávila sino a la absurda y sacrílega creencia en los poderes sobrenaturales de un símbolo, cuya sacralidad le viene dada por la fe que en él depositamos tras dos milenios de historia y no en supuestos conjuros de magia negra?

Calculan que al menos un millón cien mil jóvenes faltan por inscribirse en el Registro Electoral

Calculan que al menos un millón cien mil jóvenes faltan por inscribirse en el Registro Electoral:

miércoles, 4 de abril de 2012

ANTI-VALORES

ANTI-VALORES:
NOTITARDE, Valencia, 0http://www.blogger.com/img/blank.gif1 de Abril de 2012
La Semana Santa: Amor de Dios (Mc. 14,1-15,47)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Aunque nos parezca increíble, porque vivimos sumergidos en actividades y vamos de prisa, llegamos a la Semana Santa; tiempo en que los cristianos católicos meditamos en los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Para muchas personas la Semana Santa es sinónimo de playa, paseo, descanso, ocio, diversión y quizás sea merecido el descanso y el paseo por estar sometidos casi todos los días a duros trabajos que desgastan y causan estrés. Pero más allá de esto, la Semana Santa es y debe ser para el creyente un espacio privilegiado para el encuentro con Dios que tanto ha amado al mundo, que fue capaz de enviar a su Hijo para rescatar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna. Tiempo para acercarnos al amor de Dios que nos espera siempre con los brazos abiertos, sin importar si tenemos muchos o pocos pecados; lo importante es que estemos arrepentidos y queramos emprender junto con Él una nueva vida.

La Semana Santa podemos sintetizarla como la expresión máxima del amor de Dios por todos los hombres, por la humanidad entera; porque estando sumergido el hombre en el pecado, por haber mal utilizado su libertad, Dios en su infinito amor, envió a su Hijo para que entregando su vida, subiendo al Calvario, el mundo por medio de Él alcanzara el perdón y vida eterna. ¿Qué padre o qué madre sería capaz de entregar a la muerte a un hijo? ¿Quién sería capaz de morir por un delincuente o un hombre malo? Pues bien, Dios por amor fue capaz de entregar a su Hijo Jesús para que salvara y redimiera a la humanidad y allí está la prueba máxima del amor de Dios por cada uno de los seres humanos. Cuando contemplamos una cruz podemos meditar, sentir, palpar y admirar lo importante que somos para Dios; lo grande de su misericordia, bondad, perdón y amor. Por eso, para los cristianos católicos la cruz no es símbolo de muerte, no es instrumento del mal, sino signo del inmenso amor de Cristo por los hombres de todos los tiempos. Su Pasión y Muerte en la cruz es una entrega redentora y su alcance es universal. Es decir, realmente Cristo redimió al hombre muriendo en la cruz, porque es Dios y Hombre verdadero y realmente su sacrificio único y definitivo salva a los hombres de todos los tiempos y de todos los pueblos. Ya no necesitamos otro Mesías; ya no hay que pagar otro precio por el rescate de los hombres pecadores; Dios canceló nuestra deuda ofreciendo como víctima expiatoria a Cristo, su Hijo; Nuestro Señor y Salvador.

Acerquémonos estos días santos a la parroquia más cercana, dediquemos tiempo a la oración, a la confesión, participemos de las eucaristías y recibamos con fe y gratitud a Cristo en la Comunión; acerquémonos a los hermanos, compartamos con los que menos tienen, meditemos en lo que Dios ha hecho por nosotros; que aparte del justo descanso que podamos tener, no dejemos a Dios de lado, no dejemos de cultivar la vida espiritual; aprovechemos estos días para elevar nuestra vida, nuestras mentes y corazones hacia ese Dios que tanto nos ama. Yo les garantizo que si nos acercamos a Dios con fe, si abrimos nuestro corazón al amor a Él y a los hermanos, la vida se transforma, se hace nueva; porque el amor y la fe hacen siempre que todas las cosas y que todos los días sean nuevos; quien vive en Dios y para Dios vive feliz, en paz, en armonía y cuando asaltan los problemas y dificultades de la vida (que todos sufrimos) se encuentran fuerzas, luces y capacidades para superarlas y se encuentra el camino que debemos y necesitamos transitar para alcanzar de nuevo la paz.

Dios nos espera en estos días santos, nos ofrece su amor, nos brinda su perdón y quiere que vivamos como auténticos hijos suyos. No desperdiciemos estos días viviendo como si Dios no existiera o como si solo nuestra vida se llena con cosas materiales. Cultivemos la vida espiritual y experimentaremos lo grande y hermoso que es estar con Dios y descansemos en su amor.

Que cuando llegue el Domingo de Resurrección, que nos recuerda que Dios está vivo, que Cristo vive y ha vencido a la muerte; podamos sentirnos hombres nuevos, llamados a la vida, a la felicidad, al gozo pleno que solo Dios nos puede ofrecer y regalar.

A todos deseo de corazón una Feliz Semana Santa, una semana vivida, sentida y meditada en el amor de Dios.

IDA Y RETORNO: ¿Qué hacer con tantos antivalores que están presentes en nuestra sociedad venezolana? Los cristianos católicos sabemos y entendemos que la primera iglesia es la familia; que es allí donde se deben sembrar y predicar los valores del evangelio, colocarlos en el corazón y la mente de nuestros niños, para que en el futuro sean hombres y mujeres de bien; sobre todo sembrar en ellos la fe, la esperanza, el amor; el valor de la responsabilidad, la honestidad, el servicio, la sinceridad, la justicia, la templanza y la fortaleza. Esto es y será posible si junto a la enseñanza de los padres (primeros educadores), sus hijos los vean testigos; es decir, que den testimonio de lo que enseñan. Hagamos de nuestras familias semilleros de valores.

Ilustración: Marc Chagall

El papa nombra a Tulio Luis Ramírez Padilla obispo auxiliar de Caracas

El papa nombra a Tulio Luis Ramírez Padilla obispo auxiliar de Caracas:


Ciudad del Vaticano, 4 abr (EFE).- El papa Benedicto XVI ha nombrado al sacerdote Tulio Luis Ramírez Padilla, de 52 años, obispo titular de Ausuccura y auxiliar de Caracas, informó hoy el Vaticano.

Tulio Luis Ramírez Padilla nació en Caracas en 1960. Estudió filosofía en el seminario mayor interdiocesano de Caracas y teología en el seminario de San Idelfonso, en Toledo, España.
Es licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y fue ordenado sacerdote en 1984 por la archidiócesis de Valencia, en Venezuela.
Ha sido vicepárroco de “San Agustín”, en Guacará, y párroco de “Nuestra Señora del Carmen”, en Miranda, de “San Diego de Alcalá”, en San Diego y de “Nuestra Señora de Begoña”, en Naguanagua.
Desde 2001 es vicario general de la archidiócesis de Valencia y moderador la Curia. EFE

miércoles, 28 de marzo de 2012

Culpar al Diablo No Disculpa

Culpar al Diablo No Disculpa:

Culpar al Diablo No Disculpa

Cierta vez golpeó el diablo la puerta del monasterio de San Antonio Abad. Éste salió a ver quién era y se encontró con un extraño hombre de más de dos metros de altura. 

San Antonio preguntó: ¿Quién eres, forastero?

Y el diablo respondió: Soy el mismo Satanás.

Y antes de echarlo, le preguntó: ¿Y qué quieres por aquí?

Satanás: Sólo quería saber por qué, no sólo los monjes, sino todos los cristianos me maldicen. Por qué ante cualquier caída enseguida dicen: "Maldito el diablo".

San Antonio, entonces, asombrado por las verdades que obligadamente pronunció el "Padre de la Mentira", le replicó: ¡Con mucha razón los cristianos te maldicen; porque tú los tientas y les tiendes lazos permanentemente! ¡Te maldicen porque eres tú el que los induces a pecar!

Entonces Satanás dijo: Yo no tengo la culpa de las culpas de los hombres, sino ellos mismos, que se hacen la guerra y se buscan solitos las ocasiones de pecado. Yo no tengo la culpa, ni puedo tenerla. De hecho, cuando el Hijo de Dios murió en la cruz, yo fui apresado y encadenado; y aún faltan muchos pecados para que me desaten nuevamente. Aún de los desiertos, donde moran los monjes, he sido desterrado. Por eso, los hombres se han de quejar de sí y no de mí cuando caen. Porque yo, ninguna culpa de sus pecados puedo tener.

San Antonio, entonces, lo hizo callar; y lo expulsó de allí en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.



Mesa Unitaria Cabimas Zulia's Fan Box

Ecclesia Digital