domingo, 19 de mayo de 2013

Históricas Revelaciones sobre Captura del pesquero Alecrín por Armada Venezolana (Video)

Históricas Revelaciones sobre Captura del pesquero Alecrín por Armada Venezolana (Video):


Lo que fue calificado como un secuestro de un indefenso bote pesquero en la prensa cubana de entonces, resultó una acción de defensa de la Armada Venezolana ante un intento de desembarco de guerrillas procedente de Cuba. El Capitán de Navío (r) Bernardo Jurado reveló a Universo Increíble, que fue su padre el Teniente de Navío Bernardo Jurado Toro, quien llevó a cabo la misión de interceptar 3 naves de bandera cubana que navegaban en aguas territoriales venezolanas en noviembre del 1968.






En un amplio reportaje en video se muestra un amplio reporte de los diarios de la época sobre todas la maniobras para la captura del Alecrín, tripulados por supuestos pescadores que no se comportaban como tales. A continuación el reportaje especial de Universo Increíble sobre este evento, que nunca se publicó en la prensa cubana, cómo realmente ocurrió.






del Blog Universo Increible

cosas que el Bergoglio no le repite a Frei Betto ni le enseña a Jaime Ortega palomino

cosas que el Bergoglio no le repite a Frei Betto ni le enseña a Jaime Ortega palomino:


Transcripción de una entrevista que le hiciera, al entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio en Argentina, el periodista de tendencia socialista Chris Mathews.



Bergoglio termina acribillando a Mathews de tal forma que MSNBC, el canal de noticias por cable 24h de Estados Unidos que la había encargado, nunca la pasó al aire.
El video fue archivado, pero un estudiante que hacia pasantías en el canal lo copió y entregó a su profesor en la universidad.


Del intercambio entre el Cardenal, hoy Papa, Francisco y el periodista se extrae esta intensa discusión sobre la pobreza.


“Culpo a los políticos que buscan sus propios intereses. Los socialistas creen en la redistribución que es una de las razones de la pobreza. Ustedes quieren nacionalizar el universo para controlar todas las actividades humanas. Ustedes destruyen el incentivo del hombre para, inclusive, hacerse cargo de su familia, un crimen contra la naturaleza y contra Dios. Estas ideologías crean más pobres que todas las corporaciones que ustedes etiquetan como diabólicas”. La mejor parte de la entrevista es cuando replica Mathews: 


“Nunca había escuchado algo así de un cardenal”, a lo cual el hoy Papa suelta esta perla:“La gente dominada por socialistas necesita saber que no tenemos que ser pobres. El imperio de la dependencia creado por Hugo Chávez, con falsas promesas, mintiendo para que lleguen a arrodillarse ante el gobierno y ante él. Dándoles peces pero sin permitirles pescar. Si en América Latina alguien aprende a pescar, es castigado y sus peces confiscados por los socialistas.La libertad es castigada. Tú hablas de progreso y yo de pobreza. Temo por América Latina. Toda la región está controlada por un bloque de regímenes socialistas como Cuba, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua. Quién los salvará de esa tiranía?”


El periodista acusa al Cardenal de capitalista, a lo cual el purpurado responde: “Si pensar que el capital es necesario para construir fabricas, escuelas, hospitales, iglesias, tal vez lo sea. ¿Tú te opones a este proceso?”.


ALUCINAMIENTO Romae QUE PUEDE SER PRELUDIO DE SU FIN mundi

El periodista dice que no, pero pregunta si no piensa que el capital es arrebatado de la gente por corporaciones abusivas, a lo cual Bergoglio lanza está más que revolucionaria respuesta: “No, yo pienso que la gente, a través de sus opciones económicas, decide que parte de su capital irá para esos proyectos. La utilización del capital debe ser voluntaria. Solo cuando los políticos confiscan ese capital para construir obras del gobierno, alimentar la burocracia, surge un grave problema. El capital invertido de forma voluntaria es legitimo, pero el que se invierte a base de coerción, es ilegitimo”.


Mathews tilda de radical al Cardenal, quien tranquilamente le dice:


“Te ves muy enojado pero la verdad puede ser dolorosa. Ustedes han creado el estado de bienestar y ha sido solo respuesta a las necesidades de los pobres creados por la política. El estado interventor absuelve a la sociedad de su responsabilidad. Las familias escapan de su responsabilidad con el falso estado de bienestar e inclusive, las iglesias. La gente ya no practica la caridad pues ve a los pobres como problema del gobierno. Para la iglesia ya no hay pobres que ayudar, los han empobrecido permanentemente y son ahora propiedad de los políticos. Y algo que me irrita profundamente, es la inhabilidad de los medios para observar el problema sin analizar cuál es la causa. A la gente la empobrecen para que luego vote por quienes los hundieron en la pobreza”.


LA VIRGEN MARÍA Y EL PLAN DIVINO 1

LA VIRGEN MARÍA Y EL PLAN DIVINO 1:
Dios conocido en el mundo.

La cumbre de toda la religión consiste, dijo Leibniz, en la adoración de la divinidad invisible, en espíritu y en verdad. La revelación de esta verdad al mundo es el gran milagro del cristianismo y la prueba capital de su divinidad.

En parte alguna del antiguo mundo era conocida y comprendida en toda su extensión esta verdad; ni aun en el seno mismo del pueblo judío; pues que relativamente a esta nación privilegiada decía el Mesías, hablando a la Samaritana: Créeme oh mujer, va a llegar el momento en que ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre: llega la hora, y estamos ya nosotros  en ella, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad: porque los busca y los  quiere así el Padre. Dios es espíritu, y es menester que los que le hayan de adorar, le adoren en espíritu  y verdad.

Y en efecto, aunque el pueblo de Israel era en donde el culto de Dios se conservaba infinitamente más puro que en ninguna otra nación, se hallaba empero circunscrito a solo el templo de Jerusalén, limitado en su sanción a las solas ventajas de esta vida temporal, y envuelto, por fin, en tinieblas y figuras.

Con estas palabras: en espíritu y verdad, que caracterizan a la verdadera adoración, al verdadero culto de Dios, echaba Cristo por tierra a todos los ídolos, desvanecía todas las sombras que deterioraban y oscurecían en las antiguas edades el culto de la divinidad. Con la positiva afirmación de creedme, y con aquella repetición tan significativa como augusta: « Ved, que llega el momento, venit hora: tened entendido que llega la hora... que esta hora acaba de tocar ya, venit hora, et nunc est, ponía en relieve todo cuanto había de prodigioso, todo cuanto se estaba tan impacientemente esperando en esta grande, inmensa revolución.

El estado general de la idolatría en que estaban sumidas las naciones todas, parecía en efecto de tal modo incurable, que su conversión unánime a este culto puro y acendrado de la divinidad había sido basta entonces el grave asunto, el sublime objeto de las profecías, como el acontecimiento menos verosímil, como el testimonio más maravilloso de la omnipotencia de Dios entre los hombres.            
                                      
Y  así es que no sorprendió a la Samaritana la palabra del Salvador. Preparada a tal acontecimiento por todas las profecías anteriores de su nación, y por la expectación universal de su cumplimiento en aquella época: «Yo sé, decía a su misterioso interlocutor, que el Mesías, llamado Chisto, ha de venir, y que cuando haya venido, ha de enseñarnos todas las cosas. »

¡Admirable consonancia! La respuesta de esta mujer humilde, que estaba esperando con toda la Judea viniese un Enviado del cielo a enseñar a los hombres el modo con que habían de adorar perfectamente a Dios, es casi literalmente la misma que la de Sócrates respondiendo a Alcibíades que le preguntaba, yendo al templo, qué oración había de dirigir a la divinidad: « lo mejor que podemos y debemos hacer respecto de eso, es esperar, Sí; es menester esperar que venga alguno a enseñarnos la manera de portarnos con los dioses».

Y en efecto, la filosofía antigua no estaba más adelantada acerca de este asunto que el resto de los hombres, y aun sabía mucho menos que los habitantes de la Judea. Remontábase de vez en cuando a conceptos sublimes; mas no podía sostenerse mucho tiempo a tal altura: y aun entonces mismo se encontraba aislada, como solitaria, sin poder lograr que el común del pueblo subiese a tal elevación; por lo que caía de su propio peso muy pronto para volverse a quedar encenagada entre las supersticiones de aquel. «Cosa es muy difícil, decía Platón en su Timeo, hallar el padre y el artífice del universo; y es imposible hacérselo conocer al pueblo. » Y de tal modo practicaba esta imposibilidad el precitado filósofo, que se sabe llegó a tener por regla no hablar de Dios sino en enigmas, por temor de exponer una verdad tan grande al escarnio popular, y a sí mismo a la persecución.

Por más favorable que se intente formar la opinión acerca de los alcances de los antiguos filósofos respecto del conocimiento de Dios, nos vemos precisados a conformarnos con el juicio que de ellos forma Bossuet en estos términos : « No se llama conocer a Dios cuando no se conoce la creación, y cuando se sujeta a la divinidad a no obrar nada sino de una materia; y que los filósofos antiguos que han llegado más adelante nos han propuesto un Dios que encontrándose ya con una materia eterna y preexistente por sí misma lo mismo que Él, la ha puesto en movimiento, la ha manejado como un artesano vulgar, que se ve obligado a operar en esta materia por disposiciones que no ha estado en su mano evitar. Era universal este error, dice además Bossuet; se creía que los astros y los cuerpos celestes daban el ser a todo. El dualismo y el panteísmo eran por consiguiente el fondo de la filosofía antigua; y la unidad de Dios, su independencia, su espiritualidad, su personalidad soberana iban a estrellarse incesantemente contra este error capital que atribuyendo a la materia la condición esencial de Dios, la de ser, la de existir por sí misma, abría la puerta a la idolatría de la naturaleza, y por consecuencia necesaria a la idolatría del alma humana y de las pasiones que de ella se enseñorean.

Este error radical que no solo consistía en la ignorancia, sino en la incomprensibilidad natural del misterio de la creación, hacia flaquear otros conceptos y pensamientos frecuentemente sublimes que de la divinidad tenían los primeros filósofos, y que, impidiéndoles mantenerse en sus espíritus, les reducían a un vano probabilismo: « Acordaos que yo que hablo y vos que me juzgáis, decía Platón en su Timeo, somos hombres; y que si yo os doy probabilidades, no tenéis que pedirme otra cosa».

De ese probabilismo de la antigua Academia, pasó la filosofía al escepticismo absoluto de la nueva, escepticismo que Cicerón hace subir a la antigua y aun al misino Platón: y el espíritu humano, cansado de sistemas, se refugió en el asilo de la duda. Y en efecto, en sentir de Tertuliano, no fue poco arrebatado por ese caos este filósofo, por esa larga y terrible tempestad de errores y de opiniones que le arrojó algunas veces al puerto de la verdad como por ventura, como por un dichoso extravío, pero que por lo común lo dividió y dispersó en mil locas utopías, cuya extensa revista termina Cicerón con estas palabras: «Yo he expuesto las opiniones de los filósofos, o por mejor decir, los sueños y delirios de sus cerebros. Exposui fere non philosophorum judicia, sed delirantium somnia».

Pero en fin, pasados cuatro mil años de experiencia de esa flaqueza de la naturaleza humana en busca de Dios, en medio de la noche más espesa de la idolatría de los pueblos, del escepticismo de los filósofos, y de la corrupción universal del género humano, llegó el momento del prodigio anunciado por los profetas, esperado por los sabios, determinado por Cristo; y se manifestó abiertamente el culto en espíritu y en verdad de la Divinidad invisible, echando por tierra todos los ídolos, disipando todos los sistemas, realizando todas las figuras, y estableciéndose así para siempre jamás en el espíritu humano.

Viviendo nosotros en la luz, y de la luz de este culto, después de mil ochocientos años (2013 para los lectores de este blog), nos parece muy natural y no concebimos, y creemos con cierta repugnancia que lo haya ignorado el mundo durante largo tiempo, y que se haya alejado de él hasta formarse dioses de sus propios vicios, y adorar en verdad los ídolos que no eran sino personificación de aquellos. Sin embargo, es un hecho histórico cual otro ninguno, un hecho de cuatro mil y más años. Ha permitido el Señor tome estas enormes proporciones para confundir para siempre nuestra insuficiencia, y que hiciese resaltar más y más el milagro de su intervención misericordiosa.

Una falsa misericordia y una prudencia aún más falsa, dice Bossuet, inspiran a ciertos sabios la inclinación a extender la verdadera religión por muchos pueblos, muy distintos del que se ha escogido Dios mismo; y en lugar de adorar temblando los impenetrables y secretos juicios que abandonan a las naciones todas a la  idolatría a excepción de la que ha separado de entre  todas con tantos prodigios, tratan de oscurecer el rigor santo que quiere convencer al hombre con la experiencia de sus propios desvaríos, a fin de que se encuentre más capaz de comprender de dónde le venía la luz. Eso es cabalmente lo que no querían comprender esos sabios curiosos y vanos... pero el hecho es cierto: los hombres, antes de Jesucristo, estaban todos yaciendo en tinieblas, y ciega estaba toda la naturaleza humana... el hombre, enteramente sujeto a los sentidos por el pecado, se olvidaba de Dios, y no hacía sino sumirse más y más en la idolatría. El principio es evidente, la consecuencia cierta, y perfecta la demostración: convenciendo esta igualmente a todos los pueblos del universo.

Seria empero desconocer la antigüedad, y equivocarse en el juicio que de ella hacemos aquí, el creer que no tenía idea de Dios. Menester fuera no haber penetrado nunca en su historia, no haber abierto los libros de sus filósofos, y sobre todo los de sus poetas y trágicos en particular; no haberse detenido jamás ni fijádose en los escombros de sus monumentos, para no hallarse sobrecogido, al contrario, hasta la emoción por todo cuanto profundamente religioso se encontraba en ella. Todo, todo estaba allí penetrado del sentimiento de la divinidad, todo la respiraba: por lo que nos queda, se conoce que hasta el aire estaba en cierto modo impregnado de ese sentimiento. Y esto es lo que sintió san Pablo cuando atravesó la ciudad de Atenas, y ese sentimiento fue el primero cuya expresión salió de sus labios en el discurso célebre que pronunció en ella : Atenienses, dijo, paréceme que en todas las cosas sois religiosos hasta el exceso.

Poseía pues la antigüedad en su más alto grado el sentimiento, la idea misma de la divinidad: esto es una verdad cierta. Tampoco es menos evidente sin embargo, como lo acabamos de sentar y como lo dice Bossuet, que antes de Jesucristo todos los hombres andaban en tinieblas respecto de Dios, que toda la naturaleza humana estaba ciega. Estas dos verdades, en apariencia contradictorias, se concilian perfectamente, y se explican con reciprocidad.

La antigüedad tenía la impresión de Dios, mas no tenía su conocimiento; sabía que Dios era, pero no lo que era. Y esta ignorancia de Dios era cabalmente lo que la hacía tan religiosa. No sabiendo lo que era Dios, y no distinguiéndole en sí mismo, le confundía con todo, lo veía en todas partes y lo ponía en todo; no solamente en la naturaleza, sino en todas las representaciones materiales que de él se hacía y que creía habitadas  realmente por la divinidad. Era como una locura religiosa que tenía su origen en la ignorancia misma de Dios.

Pero este abuso del sentimiento religioso, efecto de la ignorancia de Dios, era a su vez causa de esta ignorancia, en la que sumía más y más a la humanidad.

En esta lobreguez tan profunda en que solo sabía que había un Dios, mas sin conocerlo, en la que no le quedaba otro medio de encontrarle que al azar y como a tientas, según expresión de san Pablo: Quaerere Deum si forte attrectent eum; todo era Dios, y siendo todo para ella Dios, perdía de este modo hasta la suerte azarosa de encontrarle, porque lo propio de Dios es ser soberanamente distinto de todo, absolutamente único e independiente.

La antigüedad tenía la conciencia de este error sin tener conocimiento de él; y esto es lo que testificaba tan cándidamente su altar al Dios no conocido, levantado entre las estatuas de sus falsos dioses.

Al confesar de esta manera su ignorancia de Dios, daba de este el más alto testimonio, pues que, de este Dios no conocido que hubiera de ser el Dios único, solo hacia uno de sus dioses, no viendo que eran estos cabalmente los que se lo escondían.

Por lo tanto, ignorando a Dios, la antigüedad era más pródiga de la divinidad por consecuencia forzosa; y cuanto más pródiga de la divinidad, más ignorante de Dios. Extravío letal e incurable, pues que tenía por estimulante el sentimiento religioso que hubiera debido servirle de freno para esta prodigalidad.

Y así, en círculo tan vicioso, en tal laberinto de error, en abismo tan profundo se iba revolviendo y encenagándose más y más el mundo alejado de Dios.

Por esta razón, entre todos los misterios que vino a proponerle, o más bien, a imponerle el cristianismo, el que menos comprendió; el que le enfureció más fue el dogma de la unidad de Dios, espiritual e invisible, y el de un culto suyo puro. La doctrina del Dios hecho hombre, del Dios crucificado, enteramente aisladas, le hubiera repugnado mucho menos, si ese Dios no hubiera sido el solo Dios, siendo por otro lado sensible y representativa. Y así es que el paganismo había comenzado ya a abrazar esa doctrina y prepararle altares; y de hecho esta doctrina de Dios hecho hombre fue el instrumento por el cual se introdujo en el mundo el culto puro de la divinidad que enteramente a solas, no hubiera podido penetrar nunca, en las almas.

Podemos venir en conocimiento de esto por las invectivas e insultos que acarreaba todavía a los cristianos este culto aun después de los siglos de persecución. « ¿De dónde procede, les decían, quién es, en dónde está en fin ese Dios único, solitario, desierto, que no es conocido de ningún pueblo libre, de ningún Estado, ni aun de Roma en la cual se tributa culto a todos los dioses de la tierra? El diminuto pueblo judío es el único que reconoce a un solo Dios; pero siquiera ¿tiene templos, altares, ceremonias, sacrificios públicos? ¿Qué sandeces no han imaginado los cristianos? ¿No os aseguran por ventura que su Dios, al que ni pueden ver, ni definir, lo ve todo, lo oye, lo sabe todo, que penetra los pensamientos más secretos y que lo gobierna todo? Ese Dios que está en todo lugar ¿cómo puede tener cuidado de cada uno?, ¿cómo ocupado con cada uno puede estar en todo lugar?...»

Así habla el interlocutor gentil en la apología de Minucio Félix; y por este razonamiento podemos juzgar hasta qué punto estaba excluida del mundo pagano y le parecía inaudita e incomprensible la doctrina de la unidad y espiritualidad de Dios. Aún más; en el siglo cuarto toda la rabia del agonizante paganismo no encuentra nada que echar tanto en cara al cristianismo, a disputarle y llenar de baldones como esa doctrina de la unidad de Dios, invisible y soberano Señor de todas las cosas: «Llámasenos estúpidos, dice Arnobio, mentecatos,  tontos, obtusos y animales, porque profesamos a un solo Dios, soberano Señor y árbitro de todo cuanto existe». El culto de este Dios único, dice además, es tratado de religión execrable, funesta, llena de impiedad y sacrilegio, y que mancha con nueva superstición las prácticas religiosas usadas desde tan largo tiempo en el mundo y en la patria». Y sin embargo, añade con aquella manera de razonar común entonces a los cristianos y que ha venido a ser el razonamiento público general, ¿quién merece más todos esos dictados que el que profesa otros dioses que no sean ese solo Dios verdadero, que cree en ellos e invoca su poder? Ahora bien; si los mártires han derramado su sangre, ha sido en honra de esta verdad.

Así es como, a despecho de la ceguera del espíritu humano y contra todos sus obstinadísimos esfuerzos, ha penetrado en el mundo y asentado su imperio la doctrina de la unidad y espiritualidad de Dios.

Brilla hoy día como el sol. Las inteligencias todas, ora las más elevadas, ora las más humildes, el tierno infante y la mujer sencilla, como el académico y el filósofo participan de ella. Lo que era una ciencia oculta, lo que Platón escribía en números a sus amigos, es tan común y general al presente como el aire que respira todo el mundo. La filosofía ha descendido al dominio público de las inteligencias: todo el mundo platoniza hoy; y para ello basta la fe y no hay necesidad de silogismos. Al modo que las cosas más necesarias a la vida, el sol, la luna, el aire, la tierra, el mar no son patrimonio exclusivo de los ricos y de los sabios, sino las ha puesto Dios a discreción de todo el mundo, el conocimiento del mismo Dios, más necesario todavía que todas esas cosas, se ha hecho accesible a todos por el cristianismo. Y el prodigio mayor entre todos los prodigios es que esta ciencia se ha elevado en altura a medida que se ha ido extendiendo en su base. Lo que sabe todo el mundo acerca de este asunto, lo que aprende facilísimamente el más humilde, lo que pone sobre todo en acción y hace pasar por todos los trámites de su vida, sobrepuja en gran manera por su elevación no menos que por su certidumbre a lo que jamás divisó la filosofía en sus más atrevidas especulaciones. Con Platón, la sabiduría y la filosofía eran patrimonio esperado por un corto número de discípulos; con Jesucristo, más sublime y al propio tiempo más práctico y accesible, la filosofía es manjar de todo el género humano.

AUGUSTO NICOLÁS.
(LA VIRGEN MARÍA Y EL PLAN DIVINO – obra de 1858)


UN CATÓLICO COHERENTE, ¡HA DE SER DIFERENTE!

UN CATÓLICO COHERENTE, ¡HA DE SER DIFERENTE!:
¡Y el Señor se lo concedió!

¿Eres de aquellos que tienen miedo de ser diferentes de los demás? ¿De los que no quieren llamar la atención para que no se metan contigo?.

Entonces tendrías que “abandonar” porque todo el que se proponga ser un buen cristiano...por fuerza ha de ser diferente de los demás.

Mira:
En un mundo de mentira... la sinceridad choca.
En un mundo plagado de inmoralidad...la castidad desentona.
En un ambiente de egoísmo...contrasta la virtud.

No te extrañes. Ha de ser así. No te duela. Si adoptas una actitud de valentía, de responsabilidad, de limpieza, de honradez, en una palabra si eres diferente....tu actitud molestará...aunque no digas nada, habrá quienes se sentirán incómodos ante ti. Se sentirán acusados de cobardía, de poca generosidad.....Y puede ser que manifiesten esta incomodidad despreciándote, riéndose de ti. Será un momento delicado, en que has de demostrar toda tu hombría. No te eches para atrás.

Te echarán en cara, que divides, que eras “exagerado”, que te gusta llamar la atención. Sin darse cuenta, incluso tus “mejores amigos”, quizás a veces tus propios padres y familiares...te harán un cerco para que cambies de actitud, para que seas un poco “como todos”.

Necesitarás energía y corazón para no mirar ni a derecha ni a izquierda...y seguir delante.

Y te sentirás incomprendido. Verás que para algunas cosas no cuentan contigo. Que te dejan solo, solo en tus ideas. Y solo en tu forma de obrar. Y sentirás la tentación de abandonar tu postura valiente de esfuerzo, de honradez... y volver a ser como todos.

Pero, ¡mira bien!. Volver hacia atrás sería una traición. Una traición a ti mismo. Te harías despreciable a tus propios ojos. Una traición a tus amigos. A esos que te critican, pero que en el fondo admiran tu actitud y tienen en ti un ejemplo que imitar. Sería una traición a Dios, que cuenta contigo para trasformar tu ambiente y el mundo entero. Sigue adelante, no seas traidor.

A Nuestro Señor ya para nacer...no lo admitieron en la posada; a los pocos días Herodes intentó “eliminarlo”; los jefes de Israel le tenían envidia y juraron matarlo; uno de sus amigos le traicionó; sus discípulos le abandonaron. Se quedó solo...y ya sabemos..como sufrió y murió. Todo porque...era diferente. Era sincero, leal, honrado, limpio, valiente...¿Qué habría sido de nosotros si Jesús por temor se hubiera echado atrás? Y antes de morir Jesús había dicho a sus amigos..”Si a Mí me han perseguido a ustedes los perseguirán”.

Y así ha sucedido siempre. Los Apóstoles fueron martirizados. Y con ellos muchos millones de mártires en los tres primeros siglos de la Iglesia. Unos a pedradas, otros a fuego, otros echados a los leones, otros... atormentados de mil maneras. ¿Qué delito habían cometido? Uno solo: eran honrados, eran valientes, eran limpios, eran “diferentes”, como Jesús. Y eso... a muchos molesta. ¡Entonces y ahora!. Y los Santos de todos los tiempos, edades y latitudes fueron despreciados, incomprendidos. Han tenido que sufrir. Siempre ha sucedido así y seguirá sucediendo.

Pero no tengas miedo. Jesús también ha dicho: “ Yo he vencido al mundo...Yo estoy con vosotros”.

Ser diferente cuesta y compromete. Es más: Es imposible que te mantengas en pie, si no buscas ayuda. Y, gracias a la Providencia, esta ayuda está a tu disposición...no olvides: “Yo estoy con vosotros”:

Él está en su Evangelio; leyéndolo con frecuencia te sentirás animado a seguir su ejemplo.

Él está en los Sacramentos, dispuesto siempre a perdonarte, a otorgarte su fuerza, su vida, su Espíritu.

Él está en el Sagrario, como un amigo esperando tus confidencias.

Él está en los demás, para amarlo y servirlo en ellos.

¡¡¡¡Él está dentro de ti, y es compañero de luchas y de victorias!!!!!

«Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por encerrarse»

«Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por encerrarse»:

(Zenit/InfoCatólica) Después de la entronización del icono de la Virgen, que con la antigua advocación de Salus Populi Romani que presidió el encuentro, los asistentes y el papa escucharon los testimonios de diversos laicos que por su actividad profesional, su vida cristiana o por el solo hecho de estar en un país sin libertad religiosa, deben dar muestras de su fe.

Fue significativo escuchar al hermano de Shahbaz Bhatti, el exministro católico de Minorías de Pakistán, asesinado en Islamabad en 2011 por islamistas a causa de su oposición a la ley contra la blasfemia.

Dar respuesta a la fe


En el evento, enmarcado en el calendario del «Año de la fe», el papa respondió de forma espontánea, a las preguntas formuladas por diversos representantes, las que confesó «conocerlas de antemano».

Estos, en nombre de los laicos del mundo entero, le pidieron al papa una luz sobre temas de evangelización, el testimonio cristiano y una aclaración mayor sobre aquel llamado de Francisco para que la Iglesia sea «pobre y para los pobres».

Sobre la transmisión de la fe, insistió que esta debe ser presentada, porque si alguien no da el primer anuncio, el futuro creyente no podrá encontrarse con Jesús. Volvió a recordar que un nuevo encuentro con el Padre puede darse en el confesionario, «donde Él siempre nos espera».

Advirtió sin embargo que el mayor enemigo ante la fragilidad, es el miedo. Por lo que insistió que al sentirse inseguro, hay que saber que «allí está el Señor».

Comunicar a Cristo


En respuesta sobre la segunda pregunta, acerca de cómo comunicar la fe hoy, enseñó que esto no es cuestión de buscar una eficacia ni consiste en hacer estrategias, «las cuales son solo herramientas secundarias».

Lo que debe hacerse, añadió, es «comunicar a Jesucristo, y no más a Francisco», en clara alusión a que el auténtico líder de la Iglesia es Cristo y no el papa.

Invitó a rezar más, a fin de «dejarse guiar por él». Recordó el pasaje en que Pedro tuvo la visión de que el evangelio debía llevarse también a los gentiles, para insistir que hay que dejarse «sorprender» por Jesús, dejando que el Espíritu de Dios actúe dentro del evangelizador, y lo lleve hacia adelante.

Purificar la cuestión pública


Consultado sobre cómo construir una ética pública y un mejor modelo para el desarrollo humano, recomendó que el mejor testimonio que se puede dar, es con una vivencia auténtica del evangelio en esos espacios.

Advirtió sin embargo que la Iglesia «no es un movimiento político, ni una estructura bien organizada», ni tampoco debe ser comparada con una ‘ONG’. Porque cuando se hace esto, continuó, «se pierde la sal, no hay sabor, se vuelve una organización vacía, llevada por el eficientismo».

Lo contrario debe ser, en el pensamiento de Francisco, «el desarrollo de la solidaridad, del compartir». Porque según dijo, «lo que está en crisis es el hombre, el cual puede ser destruido al ser imagen de Dios».

Hizo ver que al estar frente a una crisis de esta magnitud, al hombre «se le despoja de la ética, en que todo es posible y todo se puede hacer».

Criticó al actual sistema económico, que se preocupa por las grandes caídas de las instituciones financieras, a diferencia de los que mueren de hambre por las calles.

No cerrarse ni aislarse


Ante esta realidad, invitó a la Iglesia a no cerrarse ni aislarse. Exhortó a «no cerrarse en la parroquia, con el movimiento, entre los que pensamos igual». Porque cuando se cierra, «se enferma».

Invitó nuevamente a que la Iglesia «salga de sí misma, hacia la periferia, a dar testimonio del evangelio y a encontrarse con los demás», en clara respuesta al mandato de Jesús de «Ir».

«Prefiero una Iglesia accidentada, a una que está enferma por cerrarse», dijo. Y criticó aquellas «estructuras caducas» que «no nos hacen libres, sino esclavos».

Se refirió también a que debe darse «una cultura del encuentro, de la amistad, de hablar aún con los que no piensan como nosotros, incluso con otra fe, porque todos son hijos de Dios».

Una Iglesia pobre


Una de las preguntas hizo referencia a la expresión dicha por Francisco dos días despues del inicio de su pontificado, de que le gustaría una «Iglesia pobre y para los pobres».

A este respecto–y con la atención mundial puesta en sus palabras–, explicó que basta «salir para encontrar la pobreza». Lamentó que hoy en día encontrar un mendigo muerto de frío o hambre por la calle ya no sea una noticia...

Criticó a quienes se mantienen indiferentes a esta realidad, especialmente a aquellos cristianos «que hablan de teología mientras toman el té», en clara referencia a su homilía de días atrás donde dijo que no se necesita de «cristianos de salón» en este momento en la Iglesia.

Muy por el contrario, prosiguió, «hay que tener coraje y salir hacia aquellos que son la carne de Cristo». Porque para Francisco, la pobreza no es una categoría filosófica o sociólogica, sino teológica, «porque el hijo de Dios se ha hecho pobre».

Y si la Iglesia no va hacia la carne de Cristo que está en los pobres, se cae en la «mundanidad espiritual», un concepto muy unido a los peligros del cristianismo de salón.

Terminó animando a todos a anunciar el evangelio con coraje y a la vez con paciencia. E invitó a unirse a los cristianos «que sufren tanto, que hacen la experiencia del límite entre la vida y la muerte», reiterando su llamado por una verdadera libertad religiosa para todos.

«Para todos», porque según Francisco, «todos deben ser libres en su confesión religiosa, porque son hijos de Dios».

Terminada la ceremonia, el papa saludó a los líderes de las más importantes realidades laicales del mundo, con quienes departió algunos segundos entre comentarios y sonrisas.

El domingo, solemnidad de Pentecostés, el santo padre presidirá una celebración eucarística en la plaza de San Pedro, a la cual siguen llegando los peregrinos pertenecientes a cientos de movimientos y organizaciones apostólicas.


viernes, 17 de mayo de 2013

Maldición oriental: Ojalá vivas tiempos interesantes.

Maldición oriental: Ojalá vivas tiempos interesantes.:


Si hay algo que pesa sobre mi corazón sobre una losa, es la sensación de derrota en tantos millones de españoles a causa de la crisis. Os aseguro que ésa es la razón  por la que he escrito tantos post sobre economía.

No puedo cambiar las cosas. Pero al menos puedo advertir a miles de personas que me leen de que la situación que estamos viviendo es completamente diversa a las crisis económicas que hemos vivido en el pasado.

Debe ser terrible haber acabado los estudios, haber comenzado la vida con ilusión, querer formar una familia, y encontrarse diez años después que uno está en el paro y que va a seguir en el paro, y que uno se acerca a los cuarenta sin ninguna perspectiva de cambio.

Debe ser tan frustrante para un joven ver como los jóvenes que caminan por la acera, al lado, tienen todo el dinero que quieren, preciosas casas, grandes sueldos, perspectivas de futuro, y uno no tiene nada, ni dinero, ni futuro, ni posibilidad de formar una familia, ni casa propia, por supuesto.

Y al llegar a casa, ver una y otra vez la vida de los más afortunados, una vida que parece de ensueño, una vida en la que sin esfuerzo uno puede gozar de todo. Ya no digo nada si uno es padre de familia y tiene hijos. Y uno sabe que el sueldo que uno tiene es el único que entra en la familia y que no hay nada más si uno pierde ese trabajo. Que no habrá más puestos de trabajo. ¿De qué vivirá mi familia? ¿Adónde marcharemos si nos desahucian? Son preguntas para perder el sueño.

La sensación de impotencia, de callejón sin salida, es tremenda. Esto ya es una tragedia en una persona. Pero multiplicado por millones es una catástrofe. Yo vivo tranquilo porque vivo solo, mis gastos son mínimos. No necesito mucho más allá de mi sillón, poder ver alguna película en la televisión, poder ir a la biblioteca municipal en busca de otro libro, jugar una partida de ajedrez de vez en cuando, y comprar un poco de chocolate. Pero la cosa cambia si tienes familia, si tienes hijos.

Pero la pobreza se hace más triste si miras al que camina al lado tuyo en la acera, y ves en él todo lo que no eres. Te sientas en el sofá de casa y en la televisión ves una riqueza digna de los emperadores romanos y los reyes persas. ¿Por qué él sí y yo no?

Ayer vi un programa sobre los mejores hoteles del mundo. No nos damos cuenta, pero la riqueza en este planeta ha alcanzado unos niveles de lujo completamente surrealistas. El lujo ha llegado a unos niveles tan antinaturales que sólo me recuerda a un barril de pólvora con una mecha encendida.

Los patricios que hoy deambulan por los vestíbulos de hoteles cuyos muros son de cristal, algún día van a comprobar cuán invisibles e inmateriales son esos muros para contener una nueva Revolución Rusa. Hemos fracasado en nuestro ideal de crear una república de hombres libres e iguales, una sociedad constituida por una gran clase media. Nos faltan las fotos de las largas filas ante los comedores sociales. Nos parece que nuestra pobreza no es tanta con un móvil de última generación e Internet. Pero la orgullosa Bastilla sabe que las nubes son más negras cada día.

Cuando esta civilización caiga, las cosas volverán a empezar. Han vuelto a empezar tantas veces desde los tiempos de los hititas y los fenicios. Volverá a haber un nuevo amanecer. Pero esta sociedad con sus enfermedades, verá desaparecer a sus patricios, a sus nobles, a sus aristócratas, a sus grandes. Antes nos quedan años de cielos oscuros, años de capitalismo brutal, antes de que aparezcan los nuevos Chávez, años convulsos, épocas interesantes, tiempo para el heroísmo. Pero vendrá un nuevo amanecer y vuestros hijos tendrán una vida nueva cuando esta sociedad enferma haya desaparecido.

El tamaño de la catástrofe nos dará la medida de nuestro quebrantamiento de la Ley de Dios. Después, un futuro lleno de esperanza.

Otros cristianismos hubieran sido posibles

Todas las entradas del Blog del Padre Fortea acá en una sola
Otros cristianismos hubieran sido posibles:
 

Los coptos de Etiopía son la versión más judaica del cristianismo. Sus días santos son el sábado y el domingo, los varones se circuncidan, etc. Pero no debemos llamarnos a engaño por ciertas prácticas, son indubitablemente cristianos. Este hecho nos debe hacer reflexionar que dentro de la misma construcción de la fe, hubieran cabido distintas maneras de vivir el Evangelio, formas muy diversas. Por ejemplo, nos podemos plantear la hipótesis de comunidades cristianas aisladas durante siglos en el centro de Asia, que hubieran vivido un cristianismo marcadamente budista. Es decir, un seguimiento del Evangelio que hubiera adoptado la filosofía budista hasta el límite mismo donde empezara la heterodoxia. No estoy hablando de una mera inculturación, sino de llegar al límite mismo de lo que el recipiente cristiano puede admitir de prácticas y filosofías budistas.

Esta posibilidad del cristianismo budista (hecho hipotético), como la posibilidad del cristianismo judaico (hecho real en Etiopía), nos muestra que en la Historia pudieron darse otros cristianismos dentro de una misma ortodoxia y una misma comunión.

De hecho, hoy día tenemos cristianismos tan distintos como el de toda la constelación de denominaciones protestantes basadas únicamente en la Palabra. Ellos han ido más allá de la ortodoxia, pero no por ello dejan de mostrarnos variaciones experimentales del cristianismo que están dotadas de fuerza, de belleza y que suponen un seguimiento de Cristo. Esa constelación tiene variantes desviadas, pero muchas otras variantes son variantes vivificadas por Cristo mismo. Sería teológicamente simplista descalificar todo el devenir protestante como una mera pérdida de tiempo. 

(Seguiré mañana con este tema)
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Otros cristianismos hubieran sido posibles II:
La foto es del Viernes Santo. El post sigue de ayer.

Por eso, los teólogos siempre tienen que hacer un sano ejercicio de flexibilidad. La gente quizá no, pero los teólogos sí. Y darnos cuenta de que en el futuro pueden aparecer versiones muy distintas acerca de cómo vivir la misma fe. De hecho, no quiero desplegar aquí esas posibilidades porque podría yo ofrecer una falsa impresión de relativismo.

En algunos ambientes, se piensa que la fe sólo se puede materializar de un modo uniforme y uniformizante. Pienso, por ejemplo, en los lefevrianos. Realmente es muy de admirar ese esfuerzo titánico por limitar las posibilidades divinas. Es un esfuerzo teológico tan admirable por su tenacidad, como abocado al fracaso.

Un Dios que ha desplegado el ser en la naturaleza de un modo tan increíblemente variado, un Dios que ha desplegado el ser como un continuo acto de experimentación dentro de la experimentación, convenía que hiciera lo mismo en esa nueva creación que es la vida cristiana sobre la tierra.

El lefevrianismo (y éste es sólo un ejemplo) supone un esfuerzo férreo, colosal, por intentar poner un corsé a esa voluntad divina de multiplicidad. Con orgullo y felicidad, podemos afirmar que hoy día tenemos una Congregación para la Doctrina de la Fe plenamente consciente de esta realidad. En algunos temas, ha habido quien ha podido acusar a esa Congregación de inactividad y falta de visión. Pero la actuación de esos monseñores es fruto, precisamente, de una gran consciencia.
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Otros cristianismos hubieran sido posibles III:
 

Es cierto que Dios podría haber creado una versión uniforme del cristianismo. Pero era más concorde con su forma de actuar que crease un cristianismo multiforme, como de hecho ha sido. Los creyentes en Cristo que moramos en un mundo cosmopolita, debemos entender que la Iglesia tiende a la multiformidad por la propia vida ínsita en ella.

Y no sólo eso. Dios quiere una sola fe. Pero también quiere permitir que existan comunidades con versiones parciales de esa fe. Las dos cosas son queridas por el Creador. La unidad de la fe y la permisión divina se relacionan en un mismo designio divino. Valorar lo positivo de esas comunidades no ortodoxas, supone entender otra dimensión del querer del Altísimo.

Y de esta manera, los que tienen un espíritu inquisitorial podrían entender el por qué de que Dios no barra de la faz de la tierra las abundantes constelaciones de grupos protestantes. No las barre de la faz de la tierra, no porque tenga que hacer un continuo ejercicio de paciencia, sino porque esas comunidades son versiones del cristianismo, versiones llenas de vida, comunidades en las que actúa el Espíritu, en las que está Jesús.

Jesús fundó una Iglesia y quería que existiese una sola Iglesia. Pero su designio incluía esta periferia de la Iglesia. Sin ceder ni un milímetro del concepto de ortodoxia, comprender lo positivo de este designio, nos lleva tener una visión más positiva de la realidad. Y a entender que esa periferia está aquí para quedarse.




El arrianismo en el arte moderno

Del blog sursumcordablog.blogspot.com/
El arrianismo en el arte moderno:
En el día de ayer, un lector me envió amablemente una obra de Pieter De Grebber llamada "Dios invitando a Cristo a sentarse en el trono a su diestra". La obra está circulando mucho y no deja de ser llamativa. En ella, Dios Padre, presentado como un anciano, coronado con la tiara Papal señala con su mano un asiento a su derecha invitando a Nuestro Señor, quien delante de él, aparece con los signos de la Pasión, es decir, desnudo, tocado con la capa que le pusieron los soldados Romanos, y las manos horadadas por los clavos de la cruz. Cristo, de rodillas mira al Padre. Si mi vista no falla, el Espíritu Santo no está representado.


El autor era un pintor católico en la Holanda protestante, que se destacó por pintar retablos en las iglesias católicas clandestinas, murió piadosamente y dejó tras de si una importante escuela. El trabajo, titulado "Dios invitando a Cristo a sentarse en el trono a su diestra" es de 1645.

La pintura, llama la atención por su rechazo a la Cristología católica y es una muestra de los errores del "arte moderno", es decir, de aquel que rechaza la tradición cristiana medioeval, centrada en la patrística, para sumergirse en lo que Aristóteles llamó μίμησις [mímesis], es decir, la imitación de la naturaleza como el fin esencial del Arte.

Esta tendencia mimética se hizo una constante que terminó desplazando al arte tradicional en occidente, lanzando su grito de guerra en el Renacimiento, prevaleciendo en el Barroco y llegando al patetismo del rococó y posteriormente, a las formas modernas "artísticas" que, desde  comienzo del Siglo XX la Iglesia permitió que fueran introducidas, aún cuando hubo magisterio en contra.

Si el modernismo se filtró teológicamente, la μίμησις, que desembocará en el expresionismo, horadó el arte sagrado, haciendo humano, despojándolo poco a poco del simbolismo, remplazando las formas tradicionales, heredadas de los Padres y canonizando así la invención del artista, lo natural, lo creado, por encima del Creador.

Quien contemple la imagen contemplará la separación de Dios y la confusión de las personas. En efecto, el título no es "El Padre invitando..." sino "Dios invitando..." nos preguntamos ¿Acaso Jesucristo, el λóγος , el Verbo encarnado, no es Dios? La pintura lo niega, y al negarlo, está haciendo abstracción de la Fe Trinitaria Teándrica y promoviendo una piedad que no es católica, es decir, trinitaria-teándrica, sino un pietismo falso, arriano. El Credo de San Atanasio, conocido también como Quicumque, para enfatizar que "todo aquel que quiera salvarse" debe mantener la Fe Verdadera, expresada en el Credo deja en claro:

"Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad...
Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor  el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores".

La pintura niega esto, al contrario, afirma la herejía arriana de que el Hijo es inferior al Padre, no compartiendo ni la misma naturaleza ni la misma majestad.
El arte del renacimiento al retomar el ideal grecorromano (y el barroco, como continuador y perfeccionador de aquel) toma también su decadencia. El arte cristiano no se basa en la μίμησις, sino en el ícono, algo completamente diferente. La Virgen María, representada en el icono se remonta a San Lucas y los ángeles, mientras que cualesquier Madonna tiene la forma, el rostro y la fugara de alguna modelo. Los Padres del II Concilio de Nicea comprendieron la importancia de preservar la Tradición en el Arte, de su valor dogmático y simbólico para el mantenimiento de la fe y la promoción de la misma. Es por ello que cuidaron de explicar porqué las imágenes debían ser respetadas y veneradas:

"Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no ciertamente la latría verdadera que según nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina; sino que como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. "Porque el honor de la imagen, se dirige al original", y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada."

Condenando con la excomunión a quienes contradijeran lo dispuesto. Y de aquellos que negaran la Divinidad del Hijo, reflotando la herejía adopcionista, de la arriana, el mismo Concilio agregó:

Impíos e ingratos a tantos beneficios, no os horrorizáis de murmurar con venenosas fauces que nuestro Libertador es hijo adoptivo, como si fuera un puro hombre, sujeto a la humana miseria, y, lo que da vergüenza decir, que es siervo... ¿Cómo no teméis, quejumbrosos detractores, odiosos a Dios, llamar siervo a Aquel que os liberó de la esclavitud del demonio?... Porque si bien en la sombra de la profecía fue llamado siervo [cf. Iob 1, 8 ss], por la condición de la forma servil que tomó de la Virgen,... esto nosotros... lo entendemos como dicho, según la historia, del santo Job, y alegóricamente, de Cristo..."

Volvamos los ojos a la pintura de Pieter De Grebber, podemos ver como Nuestro Señor Jesucristo es reducido a un esclavo, un miserable, un hombre más. ¿Cuánto de ésto no vemos también en los "teólogos modernos"? ¿Acaso K. Barth no proponía algo similar? ¿Acaso la teología horizontal de Dietrich Bonhoeffer, tan asimilada por la Teología de la Liberación, no repite lo mismo? ¿Acaso no vemos eso en el Jesús de Nazareth de Ratzinger? Recordemos lo que dijo San Cirilio a Nestorio el Hereje: "La Tradición de la Fe repugna en esto a tu afirmación. Nosotros hemos aprendido a admirar, no a un hombre portador de la divinidad, sino a un Dios hecho hombre; tú al contrario, hablas de manera totalmente diferente".

El arte moderno, cuya manifestación es el cuadro "Dios invitando a Cristo a sentarse en el trono a su diestra" no sólo humaniza al Padre y al Hijo, sino que los separa deformando la Trinidad, algo común en el "arte moderno". Introduce en ellos además la temporalidad, la confusión de la naturaleza divina, violenta lo sagrado, profana nuestra religión... el cuadro de Pieter De Grebber niega el dogma de nuestra fe, y quienes ante él se inclinan o hacen reverencia, idolatran a un falso dios, al dios de Arrio, al dios de Nestorio... al dios de los herejes.

La canonicidad de los íconos

Del blog sursumcordablog.blogspot.com/

La canonicidad de los íconos:
Texto gentilmente enviado por Gimena para ser publicado en Sursum Corda.





Significado de la "canonicidad" de los iconos

S. N. Belkin

La tradición en el arte eclesiástico, al igual que en la misma Iglesia, está compuesta de dos realidades: el hecho histórico y la revelación atemporal, indisolublemente unidos entre sí en forma orgánica. Por un lado, la representación de la festividad o del santo nos da un contexto histórico certero y nos transporta a su Arquetipo. Por otro lado, no es una simple representación de un hecho histórico o de una persona entre otras. El icono nos da este hecho o la imagen del santo fuer a del tiempo, mostrándonos su significado dogmático y estético, su lugar en el plan general de la Economía Divina. La iconografía de la festividad nos muestra su contenido dogmático, su lugar en la cadena de hechos salvadores de la historia sagrada. A través del icono del santo conocemos su lugar y su significación en la Iglesia, al igual que el carácter de su servicio a Dios: es decir, como apóstol, santo imitador de Cristo o mártir. Finalmente, en los iconos del Salvador y la Madre de Dios está expresada toda la plenitud de la Economía Divina.

De este modo, cada icono es una parte del todo, de la Iglesia, no sólo en el sentido interno y espiritual, sino también exterior. La construcción arquitectónica del icono, tanto interna como externa, compone una unidad con la arquitectura del templo. Cada icono es para nosotros, tanto en un sentido como en el otro, el mundo llevado a un estado de armonía y de orden superior.

San Juan Damasceno decía: "No me inclino ante la creación en lugar del Creador, sino me inclino ante el Creador que se hizo creado como yo, y sin humillar Su dignidad o sufrir ninguna división, descendió a la forma de una criatura para glorificar mi naturaleza y hacerla partícipe de la naturaleza Divina. Junto con el Rey y Dios, me inclino ante la púrpura del Cuerpo, no como vestidura y no como a una cuarta Persona, no, sino como convertida en partícipe de esa misma Divinidad. Del mismo modo que el Verbo, sin sufrir cambio alguno, se hizo Carne, del mismo modo, la Carne se hizo Verbo sin perder aquello que ella es, mejor dicho, siendo una con el Verbo en la Hipostasis. Por ello, con atrevimiento represento a Dios invisible no como tal, sino habiéndose hecho visible por nuestra causa a través de la participación en la Carne y en la Sangre. No represento la Divinidad invisible, sino por intermedio de la imagen expreso la Carne de Dios que fue visible."

Lo Divino, lo invisible, lo incorpóreo no se representa por sí mismo, sino por la fuerza de la encarnación del Logos, segunda Hipostasis d e la Santísima Trinidad. La imagen, el icono, es antes que nada semejanza, modelo, impresión del Arquetipo. Una representación tal no se parece a la persona u objeto representado al modo de un espejo o de forma naturalista. Su objetivo es hacer evidentes las cosas secretas y mostrarlas. El principio de la iconografía, la relación de la imagen con el Arquetipo penetra en todo el universo. Por su naturaleza, es el reflejo de las relaciones, trascendentes para este mundo, entre Dios Padre y Dios Hijo. En este caso, la imagen es semejante en todo al Arquetipo. El icono está ligado al Arquetipo, no por naturaleza, sino por energía. La energía de Dios, al penetrar la imagen, la santifica y, al manifestarse a través de ella, eleva al hombre hacia Dios. Por ello, el que venera un icono, no venera la materia de la cual está hecho, sino venera al mismo Arquetipo por intermedio de la unión en oración con El.

El icono refleja la santidad, el mundo transfigurado, el mundo superior; por el lo las imágenes de los iconos tienen una esencia significativa y representativa: el mundo transfigurado. Esto está fijado en el Canon. La canonicidad de un icono, no está tanto en el sujeto, como en el principio de la representación del cuerpo transfigurado por medio de signos acordados. La teología cristiana diferencia la incognoscible Esencia de Di os y Sus manifestaciones creadoras, es decir, la energía, dándoles Nombres Divinos. Uno de estos Nombres es la 'Belleza.' Ella es de esencia superior y está por encima de lo mundano, es decir, es trascendente a todo lo sensible. De allí que el arte de la Iglesia tenga por principio el antinaturalismo. La Belleza es una idea central de la estética cristiana. La Belleza, como Nombre Divino, es de naturaleza luminosa. Dios es luz y no hay en El ninguna oscuridad. Cristo es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo.

Los testimonios de las Sagradas Escrituras están afirmados por la experiencia de muchos siglos de santos cristianos que se esforzaron espiritualmente, que contemplaron la Luz no creada de Dios. El icono canónico transmite esta Belleza, la Belleza llena de la Luz Divina del mundo transfigurado. El icono es el conocimiento concreto y experimentado de la santificación espiritual y la transfiguración del cuerpo del hombre. A la par de la palabra, pero en imágenes visibles y por medio de líneas y pinturas, el icono nos manifiesta la revelación de los dogmas de Dios y, al mostrar al hombre en estado de oración de gracia, nos presenta el misterio de su divinización. En otras palabras, en el icono con medios materiales, se representa la acción transfiguradora de la gracia. Todo el cuerpo participa aquí de la oración, todo el ser se dirige hacia Dios. Ocurre la renovación de nuestra naturaleza, la transfiguración de los sentimientos; ellos, al igual que todo el cuerpo , se hacen distintos. Ese momento, ese estado es la representación del santo en el icono. De allí las formas poco usuales, distintas, no naturalistas que con frecuencia nos so n incomprensible. El icono no es una fantasía, no es una invención , sino el conocimiento concreto y experimentado, como si fuera el hombre representa do en el estado de gracia de la transfiguración. Ello es algo así como una copia de lo natural, con l a ayuda de símbolos. Por ello la extraordinaria grandeza, simplicidad, tranquilidad y gracia del movimiento en el icono. Por ello su ritmo lineal y colorido, sujeto a una armonía superior. Esto es el reino del Espíritu, el dominio de la plenitud de la vida superior, expresada por intermedio de líneas y colores. Sólo las personas que vivieron este estado pudieron crear tales imágenes. Por ello el icono canónico inspira en nosotros el estado de oración y lo concentra. El icono es el camino y el medio, es la oración misma.

La Iglesia del Anticristo (αντὶ-χριστός)

Del blog sursumcordablog.blogspot.com/
La Iglesia del Anticristo (αντὶ-χριστός):

La Iglesia Conciliar no es la Iglesia Católica, eso es algo que, si bien se ha repetido miles de veces, aún cuesta a muchos comprender. ¿Puede la Iglesia de Católica ser al mismo tiempo, el Cuerpo Místico de Cristo que el Sendero que lleva a la Condenación? Como católicos sabemos que existe una sola Iglesia, lo repetimos en el Credo, lo hemos aprendido, lo hemos asimilado y somos conscientes, no por nuestra voluntad, sino porque hemos recibido el auxilio de la Gracia, en que fuera de la Iglesia Católica Apostólica y Romana no hay salvación. Así lo estableció el Credo en el Primer Concilio Ecuménico, convocado para luchar contra aquella herejía que se extendía por todo el orbe conocido, la cual hizo apostatar a la casi totalidad del Clero y que San Atanasio consideró "la Gran Apostasía".

La Iglesia Católica es la única Iglesia Verdadera, sólo en ella se da a Dios un culto agradable, un culto que él acepta como decoroso y válido. Por otra parte, la Iglesia nacida con el Concilio Vaticano II está en las antípodas de la Iglesia de Cristo, por lo que no es sino, la Iglesia del Anticristo. ¿Por qué? Porque en la Iglesia Conciliar se enseña todo lo contrario a lo que el Logos que se hizo carne nos transmitió.

El término al que aludimos proviene del griego αντὶ-χριστός significando literalmente: el que se opone o el que sustituye a Cristo. Mientras que ciertas religiones no católicas, presentan una multiplicidad de "dioses" o a un dios radicalmente diferente al nuestro, la herejía neo-modernista y neo-protestante copta el armazón institucional de la Iglesia Católica Romana y le hace predicar a un cristo diferente, un cristo conforme a las enseñanzas del mundo, a las nuevas tendencias... a un falso cristo que se opone y que suplanta (αντὶ) al verdadero Cristo (χριστός ).


Así como el Papa es el Vicario de Cristo, la Iglesia Conciliar tiene su propio Pontífice Máximo, que es el Vicario del Anticristo, y por lo tanto representa su poder, representa su enseñanza, la confirma, la promulga y la extiende por el mundo. El Magisterio de la Iglesia Conciliar es radicalmente opuesto al Magisterio de la Iglesia Católica, porque el segundo es cristo-céntrico, mientras que el primero está centrado en la oposición a Cristo ya que tiene como origen, no a la Verdad, que es el Logos sino a la Mentira y por autor a su Padre, el Demonio (Jn 8: 44). Así como Cristo nos legó el Sacramento de la Misa, el cual fue enriquecido por los Santos en forma de Divina Liturgia, el Suplantador de Cristo inspiró y dio una falsa misa, el Novus Ordo, que remplaza al Sacramento del Altar por un culto inválido, ilícito y que no adora a Dios, sino al Padre de la Mentira.


La Iglesia Católica tiene sus Santos, los cuales agradaron a Dios en éste mundo y sirven de ejemplo a los fieles de la Iglesia Militante. Los Santos permanecieron fieles (fidelis) a la Verdad, dieron testimonio de la Fe, por la predicación, por la obras, pero siempre porque fueron portadores de Cristo (Χριστόφορος), mientras que la Iglesia Conciliar tiene sus propios "santos". Ellos no pueden ser santos católicos, porque su predica, sus acciones, sus obras no son las de Cristo, sino las del αντὶ-χριστός que se manifiesta en ellos. La Madre Teresa de Calcuta, canonizada por Wojtyla/Juan Pablo II es un claro ejemplo de ello: una mujer que jamás adoró al Verbo, que no rindió culto a Dios, sino que se postró ante los falsos dioses hindúes en más de una oportunidad y profeta del ecumenismo y del indiferentismo religioso. Otro ejemplo es el mismo "beato" Wojtyla, quien persiguió a la Iglesia, expandió los errores y herejías del Vaticano II y concluyó la Gran Apostasía que hoy vivimos.

Dijo San Pablo (II Tes 2, 3-12)

"Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el Hombre de Pecado, el hijo de la Perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo.
¿No os recordáis que, estando entre vosotros, ya os decía esto? Y ahora que sabéis qué es lo que le contiene hasta que llegue el tiempo de manifestarse. [...] Entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida. La venida del inicuo vendrá acompañada del poder de Satanás, de todo género de milagros, señales y prodigios engañosos y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyeron en la verdad, se complacen en la iniquidad".

Esa Apostasía fue mencionada por Nuestro Señor (Mt 24, 12). ¿Qué es aquello que impide la manifestación del αντὶ-χριστός? Nosotros lo ignoramos, sólo podemos conjeturar que (basados en Dan 10) se trata del Arcángel San Miguel, que protege y resguarda al pueblo de Dios contra Satanás. Pero el enemigo trabaja, el enemigo hace su trabajo, lo hizo de forma paulatina hasta que les llegó la hora del triunfo momentáneo  el Golpe Maestro de Satanás, la Apostasía de la Jerarquía Católica y la promulgación por la misma Jerarquía de la Herejía Neo-Modernista y Neo-Protestante. Pero ese triunfo es momentáneo, es un tiempo, porque ellos también son criaturas. Dios es Eterno, el ésta fuera del Tiempo y del Espacio, él es Omipotente y Absoluto y ha permitido, en su providencia, ese triunfo momentaneo, ese eclipse de la Iglesia para intervenir finalmente y aniquilar al Mal



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