miércoles, 27 de marzo de 2013

VÍA CRUCIS EN ALTA RESOLUCIÓN

Del Blog Catolicidad
VÍA CRUCIS EN ALTA RESOLUCIÓN:

En virtud de que a varios lectores les agradó mucho la primera estampa (con las diversas estaciones en una sola ilustración) que aparece en el post del VÍA CRUCIS EN VIDEO y desean tenerlas individualmente en una dimensión mayor, hemos reproducido -abajo- por separado cada una de ellas en alta resolución. Esto permite que puedan abrirse en gran tamaño haciendo click (y una vez abierta volver hacer click) sobre ellas. Incluso, pueden imprimirse para montarlas sobre madera y tener el Vía Crucis para colocarlo en alguna capilla. Agregamos, al final, la estación XV sobre Cristo resucitado, aunque muchos no la consideran como parte de esta piadosa devoción por no ser parte de la Pasión de N.S. Jesucristo. Aprovechamos para presentar -con distinto texto- otro Vía Crucis para aquellos que prefieran rezarlo leído en lugar de utilizar el video.

Esta devoción se inicia rezando un Señor mío Jesucristo

Antes de cada estación se dice:
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo
y a mí, pecador. Amén..
O en latín:
[V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.]

Al final de cada estación se dice:
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé: ten misericordia de mí. Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén.

Haz clic en las imágenes si deseas ampliarlas.

VIA CRUCIS: Estación 1.  Jesús es condenado a muerte.

«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los miembros del Sanedrín, y, como no podían ejecutar a nadie, lo llevaron de la casa de Caifás al Pretorio. Pilato no encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo, pero, ante la presión amenazante del pueblo instigado por sus jefes: «¡Crucifícalo, crucifícalo!», «Si sueltas a ése, no eres amigo del César», pronunció la sentencia que le reclamaban y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.
San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas después, junto a la cruz de Jesús estaba María su madre. Y hemos de suponer que también estuvo muy cerca de su Hijo a lo largo de todo el Vía crucis.
Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.

VIA CRUCIS: Estación 2.  Jesús carga con la cruz.

Condenado muerte, Jesús quedó en manos de los soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de él. Llegada la hora, le quitaron el manto de púrpura con que lo habían vestido para la burla, le pusieron de nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de morir y salieron camino del Calvario para allí crucificarlo.
El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sí el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

  


 VIA CRUCIS: Estación 3.  Jesús cae por primera vez.

Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de los sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquella noche, en ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su camino.
Isaías había profetizado de Jesús: «Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros». El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados, infidelidades, ingratitudes..., de cuanto está figurado en ese madero. Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle, nos enseña aquí que también nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.

VIA CRUCIS: Estación 4.  Jesús encuentra a su Santísima Madre.

En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos seEn su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos sentimientos... También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasión que se transmiten.
Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.

ntimientos... También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasión que se transmiten.
Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.

VIA CRUCIS: Estación 5.  Simón el Cirineo le ayuda a llevar la cruz.

Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caída puso de manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia, la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus hijos el origen de su conversión.
El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen. Además, el ejemplo de Simón nos invita a llevar los unos las cargas de los otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.


VIA CRUCIS: Estación 6.  La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta». Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor... Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.
Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».

VIA CRUCIS: Estación 7.  Jesús cae por segunda vez.

Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y proseguir su camino.
Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en cuenta cómo había sido castigado desde la noche anterior, y cómo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil que es la condición humana, aun cuando la aliente el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. Jesús, por los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido. Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga podría sacarlas de su postración.

VIA CRUCIS: Estación 8.  Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús.

Dice el evangelista San Lucas que a Jesús, camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían pensar cómo lo haría con los culpables.
Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibían, tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. Jesús, sin duda, agradeció los buenos sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más necesario y urgente: la conversión suya y la de sus hijos. Jesús nos enseña a establecer la escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lección sobre el santo temor de Dios.

VIA CRUCIS: Estación 9.  Jesús cae por tercera vez

Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que venía y la continua subida lo habían dejado sin aliento. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.
Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por más caídas que se produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz que también nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.


VIA CRUCIS: Estación 10.Jesús es despojado de sus vestiduras.

Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa costumbre de los judíos para amortiguar la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. Jesús lo probo, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo; prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas en la carne viva, y, después de la crucifixión, se las repartieron.
Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así despojado de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar. Y especialmente para su Madre, allí presente, hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del Hijo querido.


VIA CRUCIS: Estación 11.Jesús es clavado en la cruz.

«Y lo crucificaron», dicen escuetamente los evangelistas. Había llegado el momento terrible de la crucifixión, y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
El suplicio de la cruz, además de ser infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectáculo mueve a compasión a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la cruz, necedad para el mundo y salvación para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!».

VIA CRUCIS: Estación 12.Jesús muere en la cruz.

Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús y de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás: Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»; y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
A los motivos de meditación que nos ofrece la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo, se añaden los que nos brinda la presencia de María, en la que tendrían un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus entrañas.

VIA CRUCIS: Estación 13.El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz.

Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos, éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.
Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor, expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla, siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza había atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó de atravesar el alma de la María.

 VIA CRUCIS: Estación 14.El cuerpo de Jesús es colocado en el sepulcro.

José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana limpia que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo. Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y regresaron todos a Jerusalén.
Con la sepultura de Jesús el corazón de su Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitaría, como Él mismo había dicho. En todas las situaciones humanas que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera transición la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.

VIA CRUCIS: Estación 15.Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo

Pasado el sábado, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro. Llegadas allí observaron que la piedra había sido removida. Entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del Señor, pero vieron a un ángel que les dijo: «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí». Poco después llegaron Pedro y Juan, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres. Pronto comenzaron las apariciones de Jesús resucitado: la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al grupo de los apóstoles reunidos, etc., y así durante cuarenta días. Nadie presenció el momento de la resurrección, pero fueron muchos los que, siendo testigos presenciales de la muerte y sepultura del Señor, después lo vieron y trataron resucitado.
En los planes salvíficos de Dios, la pasión y muerte de Jesús no tenían como meta y destino el sepulcro, sino la resurrección, en la que definitivamente la vida vence a la muerte, la gracia al pecado, el amor al odio. Como enseña San Pablo, la resurrección de Cristo es nuestra resurrección, y si hemos resucitado con Cristo hemos de vivir según la nueva condición de hijos de Dios que hemos recibido en el bautismo.

Oración final 

Oremos: Señor Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén


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martes, 26 de marzo de 2013

El peligro de los fieles ignorantes

Del Blog .:Sursum Corda:.
El peligro de los fieles ignorantes:
El peligro de los fieles ignorantes
(el deseo de los tradicionalistas sectarios)


Hace algún tiempo, el Padre Méramo decía en uno de sus sermones que no era posible que la ignorancia pontifique. Se trata de palabras muy acertadas. No obstante, en la Resistencia Católica,


muchos gustan de hacer gala de su ignorancia. La justifican de doble manera: Por un lado poseen una confianza ciega en sus (auto-proclamados) superiores religiosos; por el otro, creen que el estudio (no autorizado por sus auto-nombrados superiores religiosos) los llevará a la herejía. Especialmente ésto último es alentado por los mismos (autodenominados) superiores, cuya formación, muchas veces, es lamentable.
En el presente artículo, quisiera volver sobre el tema de la necesidad de estudio que tienen los fieles católicos. Si bien ya traté el tema en dos artículo. El primero se intituló "El miedo a estudiar", y el segundo "En contra de la ignorancia de los fieles". También, en algunos debates con el señor Raúl de México, hice referencia a la obligación que poseen los fieles de estar atentos a las innovaciones que pueden introducir algunos clérigos tradicionalistas, algo que nunca fue tan peligroso como la actual Crisis que atraviesa la Iglesia.
En la primera parte del presente artículo trataremos el tema de la ignorancia. En la segunda parte como la misma ha sido utilizada en algunos grupos para crear verdaderas sectas, siendo la paradigmática la del Palmar de Troya y también la del obispo Francis Schuckardt. Finalmente, expongo algunas ideas sobre como evitar éste fenómeno en la Tradición Católica.


I. LA IGNORANCIA.
Muchos fieles católicos creen que las herejías son fruto del estudio. Grave error, cuando leemos que San Agustín, gracias al estudio, a la búsqueda del conocimiento se acercó al Evangelio y con ello a la Conversión. Otro tanto leemos de San J
erónimo en la famosa epístola a Eustoquia. ¿Vale la pena citar al Doctor Angélico en sus insistencias sobre la necesidad de estudiar la Sagrada Doctrina? ¿Hay que mencionar también al Doctor Seráfico? ¿Podemos ignorar que  San Pío X, o Pío XII insistieron en la necesidad de que los fieles conocieran la Sagrada Doctrina a fin de no caer en las garras del Demonio? El peor enemigo de nuestra fe es la ignorancia, por medio de la cual actúa la Mentira, cuyo Padre es Satanás.
La ignorancia fue una de las consecuencias del Pecado Original, tiene su génesis en el ansia de conocimiento del hombre, pero no de un conocimiento infundido por Dios o un conocimiento merecido, sino, en un conocimiento apropiado por el robo, en un conocimiento ofrecido, seductivamente, por la Serpiente.
Desde aquel entonces, el hombre tiene dos caminos para el conocimiento: el primero es un conocimiento de tipo enciclopédico, hueco, vacío, material, que no conduce a nada. Por el otro, tenemos un conocimiento espiritual, un conocimiento orientado a Dios, un conocimiento de las cosas sagradas, mediada por nuestra inteligencia (limitada, consecuencia de la caída de los Padres), pero inteligencia en fin.
Dice el Padre Garrigou-Lagrange, en su hermoso tratado "Las tres edades de la vida interior", que "la única cosa necesaria de que habla Jesús a Marta y María consiste en dar oídos a la palabra de Dios y vivir según ella" (p. 2). Prosigue el último gran teólogo recordándonos que la Vida Interior es "la única cosa necesaria, ya que por ella tendemos hacia nuestro último fin". Cabe preguntarnos como podemos alimentar nuestro espíritu, si no es nutriéndonos de la Palabra de Dios, del conocimiento de lo Sagrado y así, hacer crecer la Gracia que, inmerecedores, hemos recibido.
Durante muchos años, los fieles creían que bastaba con seguir a su director espiritual, que con ello ya estaba todo arreglado. Primero al director, sino al párroco, quien el sermón proclamaba la fe católica, y por supuesto al obispo. Los obispos anteriores al Concilio eran personas bastante lejanas, muy espirituosas, normalmente alejadas de los fieles a quienes éstos veían en ocasiones especiales (confirmaciones, Misa Crismal, etc). Lo mismo se suponía del Papa. El Papa hablaba y por sus labios salía la enseñanza segura del Espíritu Santo. Congregaciones religiosas como los sansulpicianos y los jesuitas insistieron en que los fieles debían entregarse a sus sacerdotes y aceptar, acríticamente cualquier cosa que ellos les dijeran. Abrieron así un abismo entre la Doctrina y los fieles y confundieron los términos de "Iglesia Docente" e "Iglesia Diciente" y lanzaron contra quienes pedían aclaraciones, cuando no, una corrección ante los errores, la diatriba de "cismático", "hereje" o "peligroso" para la fe de los fieles. Interesante estrategia que hoy vemos reproducida en algunos ámbitos de la Resistencia Católica.
De ésta manera, los conocimientos básicos sobre la Doctrina quedan en manos de unos pocos sacerdotes y algún obispo, que se autodenominan "La Iglesia Docente". Los fieles, en contra de lo que recomendaban San Agustín, Santo Tomás, Garrigou Lagrange y la miríada de teólogos, se alejan de cualquier formación religiosa, contentándose con repetir "yo sigo a mi obispo, yo sigo a mi sacerdote". ¿Se preguntarán si esos obispos y sacerdotes no serán guías ciegos que los llevan al Abismo (Mt 15:14). No lo harán, porque fueron convencidos de que esos sacerdotes de la resistencia (que ejercen una jurisdicción extraordinaria, otorgada únicamente por el gravísimo estado en el cual nos encontramos) han recibido el don de la infalibilidad, reservado al Romano Pontífice. Hoy, estos fieles, ignoran absolutamente todo: las partes del sacramento de la confesión, el accionar de la Gracia, todo lo referente a la Jurisdicción Eclesiástica...

II. LA MANIPULACIÓN POR MEDIO DE LA IGNORANCIA. EL PALMAR DE TROYA Y EL OBISPO SCHUCKARDT.
Durante una investigación que realicé entre 2006 y 2007 en el marco de un proyecto de investigación muy amplio, di con varios documentos de la secta del Palmar de Troya. Los que más me llamaron la atención fueron los anteriores a que Clemente Dominguez y Gómez se proclamara "Papa Gregorio XVII". En los "mensajes" que él recibía hasta 1978, insistía que Montini/Paulo VI promulgaría documentos dogmáticos y frenaría a los progresistas en el Concilio. Cuando Clemente vino a la Argentina por primera vez, hizo callar a muchos (que hoy son sacerdotes de la Resistencia Católica y prefieren olvidar su contacto con el Antipapa español) en una reunión al grito de "¡Viva el Papa!". Quienes estaban presente  y todos terminaron vivando a Montini. Mientras eso ocurría en Buenos Aires, en Roma, Paulo VI promulgaba las constituciones del Vaticano II.
El 5 de septiembre de 1970, Clemente Dominguez, en el Palmar de Troya, lanzó el siguiente "mensaje" de su virgen imaginaria:

En estos tiempos en que es atacado el Vicario de Cristo en la tierra, Pablo VI; en que es desobedecido, calumniado, herido en su corazón por las ofensas que le dirigen sus mismos hijos, Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Frailes y Monjas, que se atreven a imponer sus ideas sobre la de él, porque cada uno quiere hacer según su capricho, y por eso la autoridad del Papa les molesta. Pero el que desobedece al Papa, desobedece a Cristo, y mi Corazón queda triturado por esas ofensas dirigidas a mi pobre hijo, Pablo VI. Pedid mucho por él; muy pronto el Santo Padre hará unas declaraciones dogmáticas y dejará al enemigo aplastado. En este valor del Santo Padre correrá peligro su vida, pues la masonería está infiltrada en muchas Jerarquías de la Iglesia. 


Cuando murió Montini, los seguidores de Clemente Dominguez y Gomez (obispo "Padre Fernando" de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz), hicieron lo que pensaron era lo correcto: Seguir a su obispo. ¿Por qué? Porque actuaron como pensaron que debía actuar cualquier católico.
En los catecismos durante siglos se enseñó que los fieles tenían que confiar ciegamente en sus obispos, sus sacerdotes, sus "jerarcas". Nadie les explicó a esas pobres gentes que Clemente y su secta no eran jerarcas, que eran obispos, si, pero ilegítimos y que habían, además, abandonado la Fe para inventar una propia, compilada más tarde en  "El tratado de la Misa" y "El credo palmariano". Tampoco les aclararon que el obispo Clemente Domínguez, estaba haciendo una campaña mundial preparando su pontificado (no por un Cónclave, aún el conclavismo no se había inventado...) sino por medio de una "revelación mística". Nadie les explicó a estas personas que, así como habían dudado del Vaticano II, debían ahora dudar de los obispos cuando estos, a pesar de su "tradicionalismo", ponían sus ojos en sus propios planes, en sus propias ambiciones, en su propia "mundanidad" (si se me permite el término heideggeriano), antes que en Cristo Nuestro Señor.
Clemente y sus seguidores hablaban continuamente de salvar a la Iglesia, olvidando que es la Iglesia la que salva, porque ella no es una institución humana, sino divina, creada por Dios para salvar a los hombres. "Salvar a la Iglesia" es la muletilla de las sectas tradicionalistas como veremos.
¿Por qué los fieles cayeron en la trampa de Clemente, luego Antipapa Gregorio XVII? Por la misma razón que el 90% de los fieles cayó en la Iglesia Conciliar del Vaticano II: por seguir a sus superiores. Mi madre siempre me dijo que ella aceptó el Novus Ordo porque lo daba el mismo sacerdote, además "¿Por qué iba a dudar del cura?".
Del otro lado del Océano  en Estados Unidos, un joven llamado Francis Schuckardt, famoso por sus conferencias sobre la Virgen de Fátima organizó una pequeña congregación con autorización del obispo de Idaho, y en 1968 proclamó que el Vaticano II había inaugurando una nueva religión y Paulo VI no era Papa, sino un heresiarca. Schuckardt y la naciente "Congregación María Reina Inmadulada" recibió la condena de los tradicionalistas, que trataban de conciliar que Montini era Papa pero promulgaba una fe no católica. Se puede decir, sin animo de exagerar, que Francis Schuckardt fue el padre del Sedevacantismo.
En 1971, el joven líder de la CMRI convenció a un obispo veterocatólico, Daniel Quilter Brown, de ordenarlo sacerdote y obispo, en un plazo de dos días. Pronto, "Monseñor Schuckardt" mostró su verdadero rostro: había fundado una secta destructiva basada en el culto a su persona. Los sacerdotes y los fieles debían seguir sus caprichos y sus enseñanzas como si  fueran Dogmas de Fe, cualquier idea que no fuera aprobada por "Monseñor Francis" era considerada herética, todos los libros debían ser revisados por el Superior, aún los que poseían el imprimatur. Se les prohibió a los fieles cualesquier relación con otros tradicionalistas, porque el único obispo católico verdadero era Schuckardt, todos los demás eran apóstatas, herejes y deseaban destruir al único obispo que tenía como misión "salvar a la Iglesia".
La historia fue diferente en éste caso: un grupo de sacerdotes dio un "golpe de estado", Schuckardt huyó, la CMRI fue reorganizada y las órdenes validadas por un obispo sedevacantista. No obstante, algunos seguidores de Schuckardt mantienen vivo el grupo que él organizó y tras su muerte, vuelven con un lenguaje esjatológico, negando que fuera de ellos pueda existir la Iglesia Católica.


III. CONCLUSIÓN: ESTUDIAR PARA PREVENIR.
Pensemos, en los pueblos, en los barrios, en las ciudades donde se instala una capilla o un priorato con sacerdotes tradicionalistas ¿Quiénes son sus más ferreos enemigos que los fieles más entrados en edad? ¿Quiénes se levantan con más ímpetu contra los sacerdotes de la Resistencia Católica que aquellos que conocieron la Iglesia antes del Vaticano II? ¿Por qué? Porque fueron educados en seguir a pie juntillas a sus sacerdotes, por eso mismo, se han negado al estudio, a la lectura, a la reflexión, tan necesaria hoy como lo fue durante el Concilio.
Lo que vale para la Iglesia Conciliar, en ésto vale también para la Tradición, o mejor dicho para los "tradicionalistas". Muchos fieles han creído a los obispos y sacerdotes que dicen ser, no ya ministros de lo sagrado, sino verdaderos mini-vicarios de Cristo en la tierra. En éstos sacerdotes y obispos reside la autoridad de la Iglesia, quienes están unidos a ellos, se salvan, quienes no, se condenan. Estos obispos y sacerdotes "iluminados" van de un lado al otro dejando a los fieles en la ignorancia, para así, segurarse su poder sobre ellos. El caso del Palmar de Troya puede parecer exagerado, pero no el de Schuckardt. Si éste no llegó a proclamarse Papa, fue porque algunos sacerdotes se dieron cuenta de que estaban en una culto a la personalidad del "Fundador" y por ello decidieron cortar por lo sano.
¿Podemos decir que ésto no puede ocurrir? Yo creo que pasa continuamente en la Tradición Católica. Corresponde a los fieles, ahora como nunca antes estudiar, leer las Sagradas Escrituras, los Santos Padres, el Magisterio de la Iglesia y la Vida de los Santos, como recomendaba el Padre Grrigou-Lagrange. Recordemos aquello que se le dijo a la Iglesia de Éfeso: "Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos" (Apoc II, 2).

La formación de grupúsculos, de sectas que adoran al "superior" y que se basan en la enseñanza de ese superior antes que en la fe católica, o en su defecto, en la interpretación de la misma que éste haga, casi siempre de tono apocaliptico y sectario. Cuando alguien levanta la voz y advierte contra éstos personajes, responden airados: nos condenan y nos señalan como los enemigos de la Fe, cuando en realidad, ellos se han convertido en los Enemigos de la Cruz de Cristo, porque desfiguran el Evangelio y proclaman su propia enseñanza, basada en sus miedos, sus rencores y sus ambiciones personales.

lunes, 25 de marzo de 2013

Copei: “Nicolás está más interesado en cumplir con los Castro que en los problemas de Venezuela”

Del Blog 
PUBLICACIONES
FRANCISCO ALARCÓN

Copei: “Nicolás está más interesado en cumplir con los Castro que en los problemas de Venezuela”:

Foto: Prensa Copei
(Caracas, 25 de marzo. Nota de prensa) – El secretario general del partido Copei, Jesús Alberto Barrios, manifestó que el Presidente Encargado de la República y candidato a las elecciones presidenciales, Nicolás maduro, representa los intereses de Cuba desde el punto de vista económico y político.
“Nicolás está más interesado en cumplir su compromiso con los Castro que en resolver los problemas de Venezuela, de manera que para Cuba es más provechoso respaldar, incentivar y empujar esa candidatura”.
“El candidato del Gobierno insulta, ofende, porque no tiene ideas”
Explicó, que el candidato por la alternativa democrática, Henrique Capriles, tiene propuestas concretas para resolver los problemas del país y posee la capacidad de administrar los recursos del estado. “Lo ha demostrado en Miranda, además porque tiene un compromiso con Venezuela, él no tiene ningún compromiso con ningún gobierno del mundo, menos con Cuba”.
Asimismo, dijo que el destino del país está en juego y que los venezolanos tienen dos opciones: “La opción de la mentira que la encarna Nicolás Maduro y su entorno, por otra parte está la opción de la verdad, el trabajo y la responsabilidad que encabeza Capriles”.
“El candidato del Gobierno insulta, ofende, porque no tiene ideas, por eso no quiere y no va a debatir, porque Nicolás tiene miedo de confrontar ideas, la confrontación de él es mediante el insulto y la descalificación. Es un títere de cuba porque es de formación comunista y representa sus intereses”, sentenció Barrios.
Exhortó a los venezolanos para que esta Semana Santa sea de reflexión y meditación como cristianos, “tenemos que poner en nuestro corazón la fe y la esperanza de un país que quiere un mensaje de paz, que quiere un mensaje de tranquilidad, que quiere un mensaje de progreso y que quiere un mensaje de igualdad para todos los venezolanos”.

domingo, 24 de marzo de 2013

Sobre cierto tipo de "humildad" eclesiástica

Del Blog  ITINERARIUM MENTIS
Sobre cierto tipo de "humildad" eclesiástica:
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Sobre el estudio de Santo Tomás de Aquino

Del Blog  ITINERARIUM MENTIS
Sobre el estudio de Santo Tomás de Aquino:


Doctoris Angelici

(Motu Proprio)

San Pío X

SOBRE EL ESTUDIO DE LA DOCTRINA DE
SANTO TOMÁS DE AQUINO

La filosofía escolástica, base de los estudios sagrados

   Ningún católico sincero puede poner en duda la siguiente afirmación del Doctor Angélico: Reglamentar el estudio compete, de modo particular, a la autoridad de la Sede Apostólica que gobierna a la Iglesia universal, y a ello provee por medio de un  plan general de estudios[i]. En varias ocasiones hemos cumplido con este magno deber de Nuestro oficio, principalmente cuando en nuestra carta Sacrorum antistitum, del 1 de septiembre de 1910, nos dirigíamos a todos los Obispos y a los Superiores de las Ordenes Religiosas, que tienen el deber de atender a la educación de los seminaristas, y les advertíamos: «Por lo que se refiere a los estudios, queremos y mandamos taxativamente que como fundamento de los estudios sagrados se ponga la filosofía escolástica... Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos principalmente a la que enseñó Santo Tomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos, y mandamos que se observe estrictamente por todos. Los Obispos deberán, en el caso de que esto se hubiese descuidado en los Seminarios, urgir y exigir que de ahora en adelante se observe. Igual mandamos a los Superiores de las Ordenes Religiosas».

Nos referimos a los principios de Santo Tomás

   Como habíamos dicho que había que seguir principalmente la filosofía de Santo Tomás, y no dijimos únicamente, algunos creyeron cumplir con Nuestro deseo, o al menos creyeron no ir contra este deseo Nuestro, enseñando la filosofía de cualquiera de los Doctores escolásticos, aunque fuera opuesta a los principios de Santo Tomás. Pero se equivocan plenamente. Está claro que, al establecer como principal guía de la filosofía escolástica a Santo Tomás, nos referimos de modo especial a sus principios, en los que esa filosofía se apoya. No se puede admitir la opinión de algunos ya antiguos, según la cual es indiferente, para la verdad de la Fe, lo que cada cual piense sobre las cosas creadas, con tal que la idea que tenga de Dios sea correcta, ya que un conocimiento erróneo acerca de la naturaleza de las cosas lleva aun falso conocimiento de Dios; por eso se deben conservar santa e invioladamente los principios filosóficos establecidos por Santo Tomás, a partir de los cuales se aprende la ciencia de las cosas creadas de manera congruente con la Fe[ii], se refutan los errores de cualquier época, se puede distinguir con certeza lo que sólo a Dios pertenece y no se puede atribuir a nadie más[iii], se ilustra con toda claridad tanto la diversidad como la analogía que existen entre Dios y sus obras. El Concilio Lateranense IV expresaba así esta diversidad y esta analogía: «mientras más semejanza se afirme entre el Creador y la criatura, más se ha de afirmar la desemejanza»[iv].

Estos principios son como el fundamento de toda ciencia

   Por lo demás, hablando en general, estos principios de Santo Tomás no encierran otra cosa más que lo que ya habían descubierto los más importantes filósofos y Doctores de la Iglesia, meditando y argumentando sobre el conocimiento humano, sobre la naturaleza de Dios y de las cosas, sobre el orden moral y la consecución del fin último. Con un ingenio casi angélico, desarrolló y acrecentó toda esta cantidad de sabiduría recibida de los que le habían precedido, la empleó para presentar la doctrina sagrada a la mente humana, para ilustrarla y para darle firmeza[v]; por eso, la sana razón no puede dejar de tenerla en cuenta, y la Religión no puede consentir que se la menosprecie. Tanto más cuanto que si la verdad católica se ve privada de la valiosa ayuda que le prestan estos principios, no podrá ser defendido buscando, en vano, elementos en esa otra filosofía que comparte, o al menos no rechaza los principios en que se apoyan el Materialismo, el Monismo, elPanteismo, el Socialismo y las diversas clases de Modernismo. Los puntos más importantes de la filosofía de Santo Tomás, no deben ser considerados como algo opinable, que se pueda discutir, sino que son como los fundamentos en los que se asienta toda la ciencia de lo natural y de lo divino. Si se rechazan estos fundamentos o se los pervierte, se seguirá necesariamente que quienes estudian las ciencias sagradas ni siquiera podrán captar el significado de las palabras con las que el magisterio de la Iglesia expone los dogmas revelados por Dios.

   Por esto quisimos advertir a quienes se dedican a enseñar la filosofía y la sagrada teología, que si se apartan de las huellas de Santo Tomás, principalmente en cuestiones de metafísica, no será sin graves daños.

Este es Nuestro pensamiento:

   Pero ahora decimos, además, que no sólo no siguen a Santo Tomás, sino que se apartan totalmente de este Santo Doctor quienes interpretan torcidamente o contradicen los más importantes principios y afirmaciones de su filosofía. Si alguna vez Nos o Nuestros antecesores hemos aprobado con particulares alabanzas la doctrina de un autor o de un Santo, si además hemos aconsejado que se divulgue y se defienda esta doctrina, es porque se ha comprobado que está de acuerdo con los principios de Santo Tomás o que no los contradice en absoluto.

   Hemos creído Nuestro deber Apostólico consignar y mandar todo esto, para que en asunto de tanta importancia, todas las personas que pertenecen tanto al Clero regular como secular consideren seriamente cuál es Nuestro pensamiento y para que lo lleven a la práctica con decisión y diligencia. Pondrán en esto un particular empeño los profesores de filosofía cristiana y de sagrada teología, que deben tener siempre presente que no se les ha dado la facultad de enseñar para que expongan a sus alumnos las opiniones personales que tengan acerca de su asignatura, sino para que expongan las doctrinas plenamente aprobadas por la Iglesia. 

   Concretamente, en lo que se refiere a la sagrada teología, es Nuestro deseo que su estudio se lleve a cabo siempre a la luz de la filosofía que hemos citado; en los Seminarios, con profesores competentes, se podrán utilizar libros de autores que expongan de manera resumida las doctrinas tomadas de Santo Tomás; estos libros, cuando están bien hechos, resultan muy útiles.

Utilizar el texto de la «Summa Theologica»

   Pero cuando se trate de estudiar más profundamente esta disciplina, como se debe hacer en las Universidades, en los Ateneos y en todos los Seminarios e Institutos que tienen la facultad de conferir grados académicos, es absolutamente necesario -según se ha hecho siempre y nunca se ha debido dejar de hacer- que las clases se expliquen con la propia Summa Theologica: los comentarios a este libro harán que se comprendan con mayor facilidad y que reciban mejor luz los decretos y los documentos que la Iglesia docente publica. Ningún Concilio celebrado posteriormente a la santa muerte de este Doctor, ha dejado de utilizar su doctrina. La experiencia de tantos siglos pone de manifiesto la verdad de lo que afirmaba Nuestro Predecesor Juan XXII: «(Santo Tomás) dio más luz a la Iglesia que todos los demás Doctores: con sus libros un hombre aprovecha más en un año, que con la doctrina de otros en toda su vida»[vi]. San Pío V volvió a afirmar esto mismo al declarar Doctor de la Iglesia universal a Santo Tomás en el día de su fiesta: «La providencia de Dios omnipotente ha querido que, desde que el Doctor Angélico fue incluido en el elenco de los Santos, por medio de la seguridad y la verdad de su doctrina se hicieran desaparecer desarticuladas y confundidas muchas de las herejías que surgieron, como se ha podido comprobar ya de antiguo y, recientemente, en el Concilio de Trento; por eso establecemos que su recuerdo sea venerado con mayor agradecimiento y piedad que hasta ahora, pues por sus méritos la tierra entera se ve continuamente libre de errores deletéreos»[vii].Y, por hacer referencia a otras alabanzas, entre otras muchas, que le han dedicado Nuestros Predecesores, traemos a colación gustosamente las de Benedicto XIV, llenas de encomio para todos los escritos de Santo Tomás, particularmente para la Summa Theologica: «Muchos Romanos Pontífices, predecesores Nuestros, honraron su doctrina (la de Santo Tomás), como hemos hecho Nos mismo en los diferentes libros que hemos escrito, después de estudiar y asimilar con ahínco la doctrina del Doctor Angélico, y siempre Nos hemos adherido gustosamente a ella, confesando con toda sencillez que si hay algo bueno en esos libros, no se debe de ningún modo a Nos, sino que se ha de atribuir al Maestro»[viii].
   
Así, pues «para que la genuina e íntegra doctrina de Santo Tomás florezca en la enseñanza, en lo cual tenemos gran empeño» y para que desparezca «la manera de enseñar que tiene como punto de apoyo la autoridad y el capricho de cada maestro» y que, por eso mismo, «tiene un fundamento inestable, que da origen a opiniones diversas y contradictorias... no sin grave daño para la ciencia cristiana»[ix], queremos, mandamos y preceptuamos que quienes acceden a la enseñanza de la sagrada teología en las Universidades, Liceos, Colegios, Seminarios, Institutos, que por indulto apostólico tengan la facultad de conferir grados académicos, utilicen como texto para sus lecciones la Summa Theologica de Santo Tomás, y que expongan las lecciones en lengua latina; y deberán llevar acabo esta tarea poniendo interés en que los oyentes se aficionen a este estudio.

   Esto ya se hace en muchos Institutos, y es de alabar; también fue deseo de los Fundadores de las Ordenes Religiosas que en sus casas de formación así se hiciera, con la decidida aprobación de Nuestros Predecesores; y los hombres santos posteriores a Santo Tomás de Aquino no tuvieron otro supremo maestro en la doctrina sino a Tomás. De esta forma, y no de otra, no sólo se conseguirá restituir a la teología su primigenia categoría, sino que también a las demás disciplinas sagradas se les otorgará la importancia que cada una tiene y todas ellas reverdecerán.

Medidas disciplinares

   Por todo ello, en lo sucesivo, no se concederá a ningún Instituto la facultad de conferir grados académicos en sagrada teología, si no se cumple fielmente lo que en esta carta hemos prescrito. Los Institutos o Facultades, las Ordenes y Congregaciones Religiosas, que ya tienen legítimamente esta facultad de otorgar grados académicos u otros títulos en teología, aunque sólo sea dentro de la propia institución, serán privados de esa facultad o la perderán si, en el plazo de tres años, no se acomodasen escrupulosamente a estas prescripciones Nuestras, aun cuando no puedan cumplir con ello sin ninguna culpa por su parte.

   Establecemos todo esto, sin que nada obste en contrario.

   Dado en Roma, cerca de San Pedro, el día 29 de junio de 1914, año undécimo de Nuestro Pontificado
PIO PAPA X


DOMINGO DE RAMOS, INICIO DE SEMANA SANTA

Del Blog Catolicidad
DOMINGO DE RAMOS, INICIO DE SEMANA SANTA:
Cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en Jerusalén, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"

Entró a la ciudad de Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron y recibieron como a un rey con palmas y ramos gritándole “hosanna” que significa “Viva”. La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? y les respondían: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Esta fue su entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y niños, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo interés de seguir a Jesús. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas. Esto los llevó a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén.

Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.
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¿Qué significado tiene esto en nuestras vidas?

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.
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Explicación de la Misa del Domingo de Ramos

La Misa se inicia con la procesión de las palmas. El sacerdote bendice las palmas y dirige la procesión. Luego se comienza la Misa. Se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Al terminar la Misa, nos llevamos las palmas benditas a nuestro hogar. Se acostumbra colocarlas detrás de las puertas en forma de cruz. Esto nos debe recordar que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar. Es importante no hacer de esta costumbre una superstición pensando que por tener nuestra palma, no van a entrar ladrones a nuestros hogares y que nos vamos a librar de la mala suerte.

Tere Fernández | Fuente: Catholic.net  

Ver video con la Pasión según San Mateo:

En seguida el himno a Cristo Rey "Gloria laus et honor" compuesto por Teodulfo de Orleans, que la liturgia católica emplea hoy en el día del Domingo de Ramos. A continuación está la letra en latín y luego en español.

Ver video

Gloria, laus et honor tibi sit, Rex Christe, Redemptor: Cui puerile decus prompsit Hosanna pium. Israel es tu Rex, Davidis et inclyta proles: Nomine qui in Domini, Rex benedicte, venis. Gloria, laus et honor...... Coetus in excelsis te laudat caelicus omnis, Et mortalis homo, et cuncta creata simul. Gloria, laus et honor...... Plebs Hebraea tibi cum palmis obvia venit: cum prece, voto, hymnis, adsumus ecce tibi. Gloria, laus et honor...... Hi tibi passuro solvebant munia laudis: Nos tibi regnanti pangimus ecce melos Gloria, laus et honor...... Hi placuere tibi, placeat devotio nostra: Rex bone, Rex clemens, cui bona cuncta placent. Gloria, laus et honor...... 

Gloria, alabanza y honor te sean dados, Rey Cristo Redentor, a quien los niños aclamaban piadosamente: ¡Hosanna! Tú eres el Rey de Israel y descendiente ilustre de David, el Rey bendito; Tú vienes en nombre del Señor. Gloria, alabanza y honor...  Toda la corte celestial te alaba en las alturas y también, en unión de todo lo creado, te alaba el hombre mortal. Gloria, alabanza y honor...  El pueblo hebreo te sale a recibir con salmos. Nosotros venimos en tu presencia con plegarias, votos e himnos. Gloria, alabanza y honor...  Aquellos te tributaban alabanzas cuando ibas a padecer; y ahora nosotros te cantamos dulces melodías. Gloria, alabanza y honor...Aquellos te agradaron; agrádete nuestra devoción, Rey bueno, Rey clemente, a quien todo lo bueno agrada. Gloria, alabanza y honor...

Temas relacionados (click):  1) DOMINGO DE RAMOS y 2) DOMINGO DE RAMOS: ¡HOSANNA AL HIJO DE DAVID!

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sábado, 23 de marzo de 2013

REFLEXIÓN ESPIRITUAL PARA CUARESMA por San Máximo Confesor, Abad

Del Blog Catolicidad
REFLEXIÓN ESPIRITUAL PARA CUARESMA por San Máximo Confesor, Abad:


Quienes anunciaron la verdad y fueron ministros de la gracia divina, cuantos desde el comienzo hasta nosotros trataron de explicar, en sus respectivos tiempos, la voluntad salvífica de Dios hacia nosotros, dicen que nada hay tan querido ni estimado de Dios como el que los hombres, con una verdadera penitencia, se conviertan a Él.


Y, para manifestarlo de una manera más propia de Dios que todas las otras cosas, la Palabra divina de Dios, el primero y único reflejo insigne de la bondad infinita. Pues no sólo sanó nuestras enfermedades con la fuerza de los milagros, sino que, habiendo aceptado las debilidades de nuestras pasiones y el suplicio de la muerte –como si Él mismo fuera culpable, siendo así que se hallaba inmune de toda culpa-, nos liberó, mediante el pago de nuestra deuda, de muchos y tremendos delitos y, en fin, nos aconsejó, con múltiples enseñanzas, que nos hiciéramos semejantes a Él, imitándolo con una condescendiente benignidad y una caridad más perfecta hacia los demás.


Consideró que era un padre excelente aquel hombre que esperaba el regreso de su hijo pródigo, al que abrazó porque volvía con disposición de penitencia, y al que agasajó con amor paterno, sin pensar en reprocharle nada de todo lo que antes había cometido. Por la misma razón, después de haber encontrado la ovejilla alejada de las cien ovejas divinas, que erraba por montes y collados, no volvió a conducirla al redil con empujones y amenazas, ni de malas maneras, sino que, lleno de misericordia, la puso sobre sus hombros y la volvió, incólume, junto a las otras.

De las cartas de San Máximo Confesor, Abad (PG 91, 454-455).

Bien lo dijo Fray Pedro de los Reyes:
¿Yo para qué nací? Para salvarme.
Que tengo de morir es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme,
Triste cosa será, pero posible.
¿Posible? ¿Y río, y duermo, y quiero holgarme?
¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?, ¿en qué me encanto?
Loco debo de ser, pues no soy santo.




RELATO SOBRE LA MISERICORDIA DE DIOS


Un editorialista narraba recientemente que en una pequeña iglesia de Mallorca está la imagen de un doliente Cristo. La mano derecha del Crucificado está desclavada de la cruz.

Cuenta la piadosa leyenda que hace muchos años un hombre llegó a la capilla buscando a un sacerdote para pedirle que lo escuchara en confesión. Terribles eran los pecados de aquel hombre; sus culpas eran más grandes que las mayores que el sacerdote había conocido en toda su vida, larga ya, de confesor. No existía falta en que el malvado no hubiese incurrido; todos los pecados mortales los cometió aquel torvo mortal.


-¿Qué hago? -se preguntaba en su interior el sacerdote lleno de congoja-. ¿Cómo voy a darle la absolución a este monstruo de maldad? ¡Sus culpas no pueden tener perdón de Dios!

En ese momento oyó en la capilla un ruido como de madera que se resquebrajaba. El Padre volvió la vista y se quedó admirado: el Cristo había desclavado su mano de la cruz y con dulce mirada de misericordia le estaba dando la bendición a aquel hombre arrepentido de sus graves pecados. Era la respuesta de Dios a sus dudas. Entonces, muy conmovido, procedió a absolverlo.

Leyenda o realidad (pues si no lo fue, mereció serlo), este relato retrata a la perfección la misericordia de Dios hasta con el peor pecador si realmente está contrito de su faltas, por graves que sean, y si se propone luchar por no volverlas a cometer.

Por ello esta cuaresma, acógete a la misericordia de Dios, confía en ella y acude al Confesionario para que ella se derrame sobre ti y tus culpas queden perdonadas. Cumplirás, además, con un precepto de la Iglesia: Confesar al menos una vez al año, por la cuaresma; o antes, si existe peligro de muerte o si se va a comulgar. 


¿QUÉ DICE EL SEGUNDO MANDAMIENTO DE LA SANTA MADRE IGLESIA?

485.- ¿Qué nos manda la Iglesia con las palabras del segundo mandamiento: CONFESAR LOS PECADOS MORTALES AL MENOS UNA VEZ AL AÑO? - Con las palabras del segundo mandamiento: Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, la Iglesia obliga a todos los cristianos que han llegado al uso de razón, a cercarse por lo menos una vez al año al sacramento de la Penitencia para confesar los pecados mortales.

486.- ¿Cuál es el tiempo más oportuno para satisfacer el precepto de la confesión anual? - El tiempo más oportuno para satisfacer el precepto de la confesión anual es la Cuaresma, según el uso introducido y aprobado de toda la Iglesia.

487.- ¿Por qué dice la Iglesia que confesemos los pecados mortales al MENOS una vez al año? - La Iglesia dice: al menos, para darnos a entender su deseo de que nos acerquemos más a menudo a los santos sacramentos.

488.- ¿Es, pues, útil confesarse a menudo? - Es utilitísimo confesarse a menudo, sobre todo porque es difícil que se confiese bien y esté alejado del pecado mortal quien rara vez se confiesa.

489.- ¿Por qué se añade: Y EN PELIGRO DE MUERTE? - Se añade en el segundo mandamiento de la Iglesia y en peligro de muerte, porque de una santa muerte depende la salvación del alma y una buena confesión facilita una santa muerte.

490.- ¿Por qué se indican últimamente: Y SI SE HA DE COMULGAR? - Se indica en último lugar: y si se ha de comulgar, porque la Sagrada Comunión se ha de recibir en estado de gracia, y el que tenga pecado mortal ha de ponerse en gracia mediante la confesión precisamente, no bastando el acto de contrición perfecta.

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