jueves, 3 de febrero de 2011

Martha Colmenares - Artículo “Caldera: golpe desleal a la Democracia” y su discurso del 4F/92 en video

Artículo “Caldera: golpe desleal a la Democracia” y su discurso del 4F/92 en video

4febrero. Archivo marthacolmenares.com
El economista venezolano Baldomero Vásquez Soto con motivo de cumplirse 19 años del “golpe militar fallido contra el régimen democrático que ejecutara el actual Presidente de la República, Hugo Chávez Frías”, en su artículo bajo el título Caldera: golpe desleal a la Democracia, refiere en relación a la fecha, “otro acontecimiento histórico: el discurso que aquel día pronunció el ex-presidente Rafael Caldera ante el Congreso Nacional”. Salen a relucir algunas de sus afirmaciones, cuando dijo por ejemplo “…no estoy convencido de que el golpe felizmente frustrado hubiera tenido como propósito asesinar al presidente de la república”. Y en los videos anexos se aprecia cuando le pide a Carlos Andrés Pérez “rectificaciones profundas que el país está esperando”, como si se hubiese tratado de un golpe con participación o apoyo de la gente. Los videos y el artículo en cuestión.

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febrero 03, 2011

Caldera: golpe desleal a la Democracia
Por Baldomero Vásquez Soto

El venidero 4 de febrero se cumplen 19 años del golpe militar fallido contra el régimen democrático que ejecutara el actual Presidente de la República, Hugo Chávez Frías. Es el mismo lapso de tiempo que nos separa de otro acontecimiento histórico: el discurso que aquel día pronunció el ex-presidente Rafael Caldera ante el Congreso Nacional para referirse a la intentona golpista. Consideramos que el mensaje de esa pieza oratoria, expuesta en aquellas circunstancias, hizo un daño irreparable a la democracia venezolana y en él centraremos nuestra reflexión.

Las herramientas conceptuales con las que vamos a analizar el mencionado discurso, las hemos tomado del libro de 1978 del politólogo Juan Linz: “La quiebra de las democracias” (1). En dicho texto, agrupa Linz los distintos tipos de oposición de acuerdo con su grado de compromiso con el sistema democrático. Según este criterio de homogeneización, los opositores a un régimen democrático entran en alguna de estas tres categorías: “Oposición leal, desleal y semileal”.

La “oposición leal” es la de los partidos que adversan al partido de gobierno, al cual aspiran sustituir pacíficamente por vía electoral, y que se consideran parte del sistema democrático; por tanto, están comprometidos incondicionalmente con la defensa de sus bases morales, legales e institucionales. La oposición leal se pone a prueba en situaciones de grave crisis porque está dispuesta a sacrificarse por la democracia para preservarla y evitar su caída.

La “oposición desleal” es la que ejecutan todo tipo de organización política con el objetivo destruir, incluso por vía violenta si tienen que hacerlo, el régimen político democrático. Es una oposición antisistema que actúa dentro del sistema democrático, aprovechando las garantías legales, con la finalidad de derrocarlo. La experiencia ha demostrado que la oposición desleal crece en las épocas de crisis, ya que atiza al máximo los conflictos, escandaliza con las denuncias de corrupción, manipula con el empobrecimiento de los pobres y el enriquecimiento de los ricos, etc. Su interés es convertir los conflictos sociales en insolubles para achacarle la ineficacia en resolverlos a toda la institucionalidad del régimen democrático (gobierno, parlamento, tribunales de justicia, partidos políticos).

Como bien apunta Linz, independientemente del riesgo que ello significa, ningún régimen democrático, “que por definición permite la articulación y organización de toda tendencia política”, puede existir “sin oposición desleal” (Componente que explica la existencia de partidos comunistas –opositores desleales por definición- en todas las democracias occidentales).

La “oposición semileal” la realizan los partidos que no tienen por objetivo destruir la democracia, pero que al actuar con ambigüedad y oportunismo frente a ella, sobre todo en los momentos de crisis, terminan beneficiando los intereses de la “oposición desleal” y contribuyendo al derrumbamiento del sistema.

El discurso del ex–presidente Caldera como opositor semileal

Citemos otra idea de Linz que juzgamos de gran valor para nuestro análisis, ya que nuestro planteamiento central es que el mencionado discurso del ex-presidente Caldera fue pronunciado desde el campo de la “oposición semileal” al sistema democrático:

“Un indicador de conducta semileal…es la disposición a animar, tolerar, disculpar cubrir, excusar, o justificar las acciones de otros participantes que van más allá de los límites de las pacíficas y legítimas pautas de conducta en una democracia…La violencia política, el asesinato, las conspiraciones, los golpes militares fallidos y los intentos revolucionarios sin éxito son situaciones en las que se pone a prueba la semilealtad.”

Lo primero que llama la atención del discurso del ex-presidente Caldera, y que marca su tono, es la frase con la que inicialmente se refiere al golpe militar: “el deplorable y doloroso incidente de la sublevación militar” (2). Con el calificativo de “incidente” reduce, prácticamente, a la nada el cuestionamiento al golpe de estado.

A renglón seguido, se dirige a criticar al gobierno por plantear que el golpe militar tuviese como objetivo el magnicidio. Afirmó que: “…no estoy convencido de que el golpe felizmente frustrado hubiera tenido como propósito asesinar al presidente de la república. Yo creo que una afirmación de esa naturaleza no podría hacerse sino con plena prueba del propósito de los sublevados. Bien porque hayan confesado o bien porque exista otra especie de plenas pruebas que difícilmente creo se puedan haber acumulado” (Qué opinión tendría el ex–presidente Caldera de las acusaciones de magnicidio que en contra de la oposición hace con frecuencia el Presidente Chávez en su programa de TV, donde nunca se presentan pruebas ni se procede a abrir ninguna investigación).

En otro segmento, tras la ambigua frase “los graves hechos ocurridos en el día de hoy en Venezuela”, agrega que “esa gravedad nos obliga a todos, no sólo a una profunda reflexión sino a una inmediata y urgente rectificación”. Rectificación que exige al Presidente, pues expresa que pidió la palabra para: “Transmitirle desde aquí al señor presidente de la república y los dirigentes de la vida pública nacional, mi reclamo, mi petición, mi exigencia, mi ruego, en nombre del pueblo venezolano, de que se enfrente de inmediato el proceso de rectificaciones que todos los días se está reclamando”. Planteamiento favorable a los militares golpistas que habían levantado las armas de las Fuerzas Armadas en contra de la constitución y la democracia; pero nefasto para los militares leales al sistema democrático que arriesgaron su vida para defenderlo.

Al entrar el ex-presidente Caldera en consideraciones de mayor profundidad, señala que la causa más importante de la estabilidad de la democracia venezolana ha sido: “la decisión del pueblo venezolano de jugárselo todo por la defensa de la libertad, por el sostenimiento de un sistema de garantías de derechos humanos, el ejercicio de las libertades públicas que tanto costó lograr a través de nuestra accidentada historia política”.

Argumento de un inequívoco contenido principista a favor de la democracia que era necesario continuar sosteniendo, pero que, lamentablemente, el ex-presidente inmediatamente desvalorizó -evadiendo su responsabilidad con el país y consigo mismo como líder histórico y constructor insigne de nuestro sistema democrático- diciendo: “Debo decir con honda preocupación que la situación que vivimos hace más de treinta años no es la misma de hoy”…“no encuentro en el sentimiento popular la misma reacción entusiasta, decidida y fervorosa por la defensa de la democracia”…”no hemos sentido en la clase popular, en el conjunto de venezolanos no políticos y hasta en los militantes de partidos políticos ese fervor, esa reacción entusiasta, inmediata, decidida, abnegada, dispuesta a todo frente a la amenaza contra el orden constitucional”.

Y, por si eso fuera poco, añadiría la conocida frase que no debió pronunciar nunca: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer”. Planteamiento inconsecuente con la larga trayectoria democrática del ex-presidente, y que, como hemos dicho, es propio de las oposiciones desleales que atacan a la democracia por la ineficiencia del gobierno para derrumbarla; pero sobre la idea el ex-presidente Caldera se explaya: “no podemos nosotros afirmar en conciencia que la corrupción se ha detenido, sino que…se está extendiendo progresivamente, que vemos con alarma que el costo de la vida se hace cada vez más difícil de satisfacer para grandes sectores de nuestra población, que los servicios públicos no funcionan…Que el orden público y la seguridad personal…tampoco encuentran un remedio efectivo”.

Llevó tan lejos ese argumento, que lo utilizó para objetar la solidaridad expresada por los presidentes Bush, Mitterrand, Felipe González y otros, con nuestra democracia frente al golpe de Estado. Estas fueron algunas de sus palabras: “Yo quisiera que los señores jefes de Estado de los países ricos que llamaron al presidente Carlos Andrés Pérez para expresarle su solidaridad en defensa de la democracia entendieran que la democracia no puede existir si los pueblos no comen”.

El papel de la oposición semileal tiene tanta importancia en el derrumbamiento de los sistemas democráticos que para Linz explica, “el proceso de la quiebra (de las democracias) casi tanto como el papel de la oposición desleal”. Para desgracia de los venezolanos, en su mensaje del 04 de febrero de 1992, el ex-presidente Caldera colocó su legitimidad carismática, siempre leal con los valores de la libertad y el pluralismo, del lado de la oposición desleal que perpetró el golpe de estado. Sus palabras infringieron una herida moral a las bases de sustentación del sistema democrático, contribuyendo en gran medida a que los militares golpistas de 1992 tomaran el poder por vía electoral seis años más tarde. Su actuación fue contraria a la que tuvo como Presidente en 1968 con el proceso de Pacificación, política con la cual tendió la mano para incorporarlos al régimen democrático a la oposición desleal derrotada en la aventura guerrillera de los 60.

Ubicándonos en el presente, seria una necedad negar las crecientes probabilidades de derrumbamiento de la democracia venezolana. Aspiramos a que la profundidad de las raíces de ésta en el alma de los venezolanos, impida semejante tragedia para nuestro pueblo. Si así ocurriera, paradójicamente, se reivindicaría la figura histórica del Dr. Caldera, pues a la solidez de esas raíces dedicó la mayor parte de su vida: fue firmante del Pacto de Punto Fijo, corredactor de la Constitución de 1961 y fundador de un partido leal como COPEI.

1) LINZ. J. La quiebra de las democracias. Editorial Alianza Universitaria. 1996.
2) http://www.analitica.com/bitblio/caldera/4f.asp
17/1/2011
Diario de América

Rafael Caldera. Discurso 4 Febrero 1992 Parte 1

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Rafael Caldera. Discurso 4 Febrero 1992 Parte 2
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Article "Caldera unfair blow to democracy" and his speech on video 4F/92

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