lunes, 9 de noviembre de 2015

Tendencia irreversible, por Roberto Enríquez

 


                                                          Tendencia
irreversible, por Roberto Enríquez

A 30 días de las elecciones parlamentarias ya se puede vislumbrar el
inevitable resultado de la victoria popular de la Unidad. El
triunfalismo siempre es un mal consejero, pero ante un panorama que
luce cada día más claro tampoco es bueno mezquinarnos la eventualidad
del triunfo de las fuerzas del cambio. Tenemos el deber de administrar
la victoria con humildad y madurez pero también resueltos a impulsar
los cambios y transformaciones que clama el pueblo venezolano en el
ámbito económico, social, moral y político.

¡Vamos a ganar para que gane Venezuela! Debemos impedir que entre en
nuestros corazones la peligrosa virulencia del revanchismo. La
Asamblea Nacional liderada por las fuerzas del cambio debe atender la
urgencia de la dramática crisis económica impulsando leyes y políticas
que corrijan el enorme déficit fiscal, reviertan la inflación e
inicien un ciclo de crecimiento económico, inversión y productividad
que le permitan a nuestro pueblo vivir bien.

Como principal foro político del país debemos convertir a la Asamblea
Nacional en el epicentro de la unidad nacional, la reconciliación sin
impunidad y fuente de una convivencia responsable, respetuosa y
fraterna entre los venezolanos; así como también, una tribuna en donde
las diferencias y antagonismos puedan exponerse con ardor y convicción
sin propalar odios ni vendettas de rencor.

Decir la verdad sin ofender no es fácil, pero más ofende el que
miente, el que lleva vida doble traicionando ideales, sueños y
lealtades. Vamos a ganar el 06 de diciembre y hacer de esa victoria la
partida de una nueva etapa para el país. Los cambios no se decretan ni
ocurren por generación espontánea, pero tenemos el deber de garantizar
a nuestros compatriotas que los cambios sí van, que serán en paz
porque gozarán del respaldo de la legitimidad popular y que no
aceptaremos ningún chantaje, maniobra o zancadilla para ponerle
cortapisas o ralentizar la voluntad del pueblo.

Lo peor que puede hacer el Gobierno es desesperarse y hacer loqueras.
Las fuerzas de la Unidad debemos atrincherarnos en los votos y en la
constitución; he allí el más poderoso escudo contra cualquier
pretensión antidemocrática. Ganaremos de forma contundente, eso nos
llena de responsabilidades, nos obliga a actuar con sentido de estado
para evitar que el país se nos vaya por un voladero. Por otra parte,
la derrota debe obligar al gobierno actuar con gallardía, dejar la
prepotencia y tanto abuso de poder.

La Unidad no va a la Asamblea Nacional a impulsar golpes de estado ni
agravar la crisis engendrada por el modelo fracasado del socialismo
criollo. La hoja de ruta para el cambio político está claramente
establecida en la constitución y de allí no nos vamos a salir. Pero es
bueno que el gobierno sepa que tampoco le vamos a permitir que
obstruya los mecanismos constitucionales diseñados para promover
cambios.

Como dice Henry Ramos Allup, desde la Unidad "no debemos estar
haciendo dibujo libre"; menos cuando tenemos la certeza de la victoria
le agrego yo.  Se equivocaron de largo quienes enfermos de ambición
desbocada, odio enfermizo y la ceguera de la envidia tramaron la
canallada de dejar a los socialcristianos sin diputados. Nosotros nos
sentimos plenamente representados en los diputados de la Unidad y
estamos trabajando a brazo partido por el triunfo de todos ellos en
cada circuito del país.

Los copeyanazos en Barinas, Cojedes, Táchira, Yaracuy, Mérida,
Trujillo y los que tenemos programados para la campaña electoral son
un testimonio incontestable de nuestro compromiso con Venezuela.
Debemos trabajar cuidando los detalles en la defensa del voto. El
sistema electoral venezolano no permite el trasiego de votos, para
ello la auditoria es la mejor garantía. Debemos dejar claro a los
trabajadores del sector público que el voto es absolutamente secreto y
que no se dejen meter miedo. Ciertamente el ventajismo y el
sistemático abuso de poder son adversidades que debemos enfrentar con
mística, disciplina y votos.

Por mi parte, cumplidos los compromisos nacionales que tengo, me
pondré a la orden de nuestro candidato en el 23 de enero, San Juan,
Altagracia y Catedral, Jorge Millán, bateador emergente que ha
resultado un gran candidato, para meterme en esas comunidades a
contribuir con la plataforma de testigos que deben velar por el
respeto a la voluntad de los electores. Ese día estaré en los barrios
y comunidades populares bregando la victoria de Jorge y no frente a
las cámaras de televisión. Prediquemos con el ejemplo. ¡A ganar!

 

 

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