lunes, 3 de diciembre de 2012

JESÚS NACE DE NUEVO

JESÚS NACE DE NUEVO:
 





No es descabellado pensar sobre lo que ocurriría si Jesús se hiciera presente en este mundo. Respecto a Él creo que acertaríamos a imaginar que haría. La revista El Ciervo ha publicado una respuesta tratando de responder a esa pregunta imaginaría que nos podíamos hacer.

Lo cierto es que dentro de pocos días celebraremos su nacimiento, y lo bueno sería que intentáramos dejarle nacer dentro de nosotros, porque cada día es un nuevo nacimiento a crecer un poco más en eso, en ser mejores personas y ayudar a construir un mundo algo mejor.

Sin embargo, yo me atrevo a imaginar qué haríamos nosotros con su venida. Y creo que no estaríamos muy distanciados de lo que ya le ocurr en su encarnación. Supongo que nos lo quitaríamos del medio, incluso una gran parte de la Iglesia, porque sus acciones serían tachadas de loco y metería a la Iglesia en muchos problemas.

Me imagino las acusaciones de revolucionario, agitador, peligroso y... Y lo pararían porque su Palabra amenaza cambiar este mundo en favor de todos y no de unos cuantos que tratan de manejarlo a su antojo.

Te dejo este correo que he recibido para que tú mismo saques tus propias conclusiones.  

En su último número la revista El  Ciervo me ha preguntado sobre qué pienso que haría Jesús si viniera hoy.
Esta es mi respuesta.

EL DÍA QUE JESÚS SALIÓ DEL METRO


Cuando
salió de la estación del Metro, la plaza estaba abarrotada por una gran
multitud que quería verle y escucharle. Se subían a las farolas y
encima de los coches. En su mayoría eran parados, inmigrantes y
marginados de toda clase, edad y condición, que se abalanzaban sobre él
con súplicas y lamentos.

—¡Mira, Maestro, cómo estamos. Ni uno de la familia tiene trabajo!
—Ayúdame, Jesús. Estoy sin papeles —le gritó un joven negro
—¡Te necesito! -exclamó una mujer de la calle.
Los
discípulos tenían que apartar a la gente y abrirle camino hasta un
parque cercano, donde mandó a todos sentarse en el suelo. Y les habló de
esta manera:

“Venid
a mi todos los que estáis angustiados y sobrecargados con la crisis,
soledad y falta de sentido en la vida, porque yo os aliviaré, que soy
manso y humilde de corazón. No temáis, porque en mi reino los últimos
son los primeros y los primeros últimos. No hagáis como los políticos
que os engañan como encantadores de serpientes, mienten para ganar las
elecciones, os prometen quitaros los impuestos, y en cuanto están en el
poder recortan vuestro sueldo y os cargan con pesos insoportables.

“Tampoco
os fieis de tantos predicadores que dicen hablar en mi nombre y no
cumplen lo que proclaman o convierten sus iglesias en guetos exclusivos,
reducen la religión a un montón de normas, y se olvidan del corazón del
hombre, mi verdadero templo.

No hagáis como los banqueros que especulan con el dinero
de los pobres y, después de haberles cobrado por un piso durante toda
la vida , cuando vienen las vacas flacas y les es imposible seguir
pagando, se quedan con lo cobrado y con el piso. Ni como los corruptos
de la Administración que, después de elegidos para servir al pueblo, se
apropian del dinero público en propio beneficio.

Vosotros
no pongáis vuestro corazón en el dinero, ni en la cuenta corriente, ni
en los bonos del Estado o vuestro plan de pensiones, sino en ese tesoro
escondido y la piedra preciosa que nadie os puede arrancar ni robar.
Amad a vuestros enemigos y luchad por la paz y la justicia en el mundo.
Ser auténticos hoy día supone llevar una gran cruz. Pero no os
preocupéis, que yo la he vivido primero y camino codo con codo a vuestro
lado.

Luchad
por la conservación de este planeta que mi Padre sembró de ríos, mares,
montañas, flores, frutos y animales, y ahora lo estáis convirtiendo en
un lodazal .

Repartíos
y multiplicad equitativamente los bienes de esta Tierra como yo hice
con los panes y los peces. Cambiad vuestro concepto de “realización” o
“felicidad”, que está no el poder, la fama y el éxito, sino en el
despertar por dentro, en el “ser” y no en el poseer.

No
aplastéis a las mujeres ni explotéis a los niños, pues yo me rodeé de
ellos. Amaos los unos a los otros y buscad el reino de Dios y su
justicia, que lo demás se os dará por añadidura”.

Así
dijo. La gente empezó a aplaudir y cantar. Pero de pronto se
presentaron los antidisturbios alegando que aquella manifestación era
ilegal, y porque alguien había soplado que era una concentración de
indignados,  antisistemas o inmigrantes sin papeles.

Cuando iban a detenerle, Jesús se escabulló entre la multitud.
Alguien comentó:

—Habla como quien tiene autoridad.
Pedro Miguel Lamet

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