viernes, 11 de mayo de 2012

Gustavo Coronel: Soy de “derecha”

Gustavo Coronel: Soy de “derecha”:
Siempre me ha llamado la atención el por qué los venezolanos se sienten avergonzados de decir que son de “derecha”. Todos se definen como de “izquierda”. Creo que hasta Rafaél Caldera pretendía, en ocasiones, ser de “izquierda”, cuando exhibía algunos desplantes nacionalistas y anti-petroleros, especialmente contra los estadounidenses. Aún no he podido establecer cual es la razón para la verguenza, ya que ser de “derecha”,además de ser una clasificación difusa (como la es, también, el ser de “izquierda”), no entraña algo pecaminoso o tenebroso. El ser de “derecha” no implica ser pedófilo o drogómano . Pero lo cierto es que nadie en Venezuela quiere ser definido como  “derechista”.Ser llamado así  equivale, casi,  a una mentada de madre. Porque el de “derecha”, en la mitología venezolana “no es progresista, odia a los pobres, es racista y puede hasta llegar a ser monógamo”.
Cuando jugaba al beisból yo lanzaba a la derecha y bateaba a la izquierda. Y así somos en la vida, una mezcla de muchas actitudes, hasta contradictorias.
Sin embargo, creo que puedo decir que soy, esencialmente,  de “derecha y, ciertamente,  ni  soy racista ni odio a los pobres. Eso sí, no me gusta la gente cursi, no importa su tono de piel o condición social. Creo en la sobriedad de maneras, en la cordialidad, la cortesía,  en la familia, en la tradición, en el apego al pequeño terruño. No creo que mi país sea el mejor del mundo ni que el vino de piña de Carora  se sirva en La Tour de Argent, en París, cuando repican duro. He tenido oportunidad de conocer bastantes países cuyas sociedades exhiben cualidades que ya quisiéramos tener nosotros. Soy muy conservador en asuntos financieros, es decir, he trabajado duro toda mi vida,  ahorro lo que puedo y nunca he comprado un billete de lotería. Hace muchísimos años sellaba un cuadrito de ocho bolívares casi todas las semanas porque me divertían las carreras de caballos, pero hasta allí llegó mi coqueteo con el atajo. Creo en los derechos pero también en cumplir con mis deberes. No espero nada del Estado  y ciertamente no sería incondicional de un líder politico solo porque he recibido sus favores.  Creo en la solidaridad y en la  labor comunitaria pero desprecio a quienes viven de las limosnas del Estado paternalista. Pienso que quien recibe limosnas del Estado se degrada, pierde dignidad.
No soy machista. Creo que la mujer tiene ventajas sobre el hombre en muchos aspectos de la vida, es generalmente sensata y me encantaría ver a una mujer en la presidencia de mi país. Eso sí, una mujer competente, no una Cristina Kirchner cualquiera o  a una joven ignorante impuesta allí por el papá. Me gusta la buena literatura, la buena música, la poesía lírica inglesa , las biografías y la ciencia-ficción,  pero no la débil novelística venezolana costumbrista. Disfruto del buen humor de un José Antonio Cabrujas,  Job Pim,  Laureano Márquez,  Miguel Otero,  Manolo García Maldonado,  Aquiles Nazoa, pero  no tanto del de Aníbal ( muy agrio) y pienso que en este campo el país muestra grandes representantes. Estoy más cerca de Amiel que de Don Juan.  Admiro a los sacerdotes salesianos y me conmueven las iglesias aunque no tengo religión. Nunca he andado con El Capital debajo del brazo, pero si con La Montaña Mágica de Thomas Mann. Me gustan las canciones de Ilan Chester y, si hablamos de cantar con tambores, me quedo con el indio Araucano y no con Mercedes Sosa. Aborrezco la canción de protesta y me irrita que el hamponato revolucionario haya convertido al pobre Alí Primera en un instrumento de la lucha de clases. Me gusta mucho el beisból, no tanto el futból y nada el baloncesto. Pienso que el patrocinio venezolano a un corredor de Fórmula Uno es una ridiculez solo comparable a bautizar un tanquero petrolero con el nombre de la Negra Hipólita. Nunca he fumado desnudo ni bailo mirándome los piés, hábitos mencionados por Aquiles Nazoa como gfrecuentes en el “izquierdismo”.
Nunca logré entender, con una o dos excepciones, los cuentos que premiaba El Nacional . Cuando quiero leer a un intelectual venezolano voy a los libros de Briceño Iragorry, Picón Salas, Díaz Sánchez o Herrera Luque, no de Earle Herrera.  Antes leía El Nacional pero hoy leo El Universal. No creo en el aborto. Tomo whisky, casi nunca ron. Nunca le he quitado la mujer a otro, lo cual es un signo de liberación  y de mentalidad acanzada en algunos sectores del “izquierdismo”.  No me gusta recitar poemas llaneros, sobre todo con acompañamiento de cuatro y maracas, ni que me canten El Rey en mi cumpleaños. Rechazo la impuntualidad, sobre todo la de los presidentes. No creo en el concepto de industrias básicas, ni en el control de la economía por parte del Estado sino en la libre actividad del sector privado. Que el Estado se encargue de mantener las calles limpias, mejorar la infraestructura del país y de regular las actividades educativas y de salud. Me baño todos los días, otra característica que parece diferenciar a los “derechistas’ de los “izquierdistas”. Nunca corté caña en Cuba ni sembré yuca en Nicaragua. Pienso que el lema “Ejército forjador de libertades” es una mentira y sueño con una Venezuela sin el lastre de unas fuerzas armadas.
Me entristece oir hablar de “nuestra linea aérea bandera”, una señal inequivoca de complejo de inferioridad. Creo que el cultivo de dogmas y mitos patrioteros nos ha hecho mucho daño y nos seguirá haciendo mucho daño, ya que muchos de los líderes politicos nuevos siguen rindiéndoles pleitesía. Les oigo decir:   continuará la inamovilidad laboral, no vamos a desmontar el control de cambios, reforzaremos las misiones, promoveremos las industrias “estratégicas” en manos del estado, la CVG es para los guayaneses,  la educación debe ser gratuita a todos los niveles, la universidad no debe ser elitiusta, la gasolina permanecerá barata,  somos solidarios  con los países progresistas (Nicaragua, Bolivia), China sí, USA no. Más de lo mismo.
No creo que ser rico es malo, como dice hipocritamente Esteban, si la riqueza es el producto del talento y del trabajo y estoy seguro de que hay mucha gente con dinero bien ganado. Pienso que quien quiera irse a otro pais a vivir debe sentirse libre de hacerlo, sin ser estigmatizado por ello. Me considero un ciudadano del mundo y estoy seguro de que el hombre viajará al espacio y que ello terminará por completo con los nacionalismos y las fronteras articiales en nuestro planeta.
No creo en los controles de cambio sino en  los cambios de actitud.
Pero, realmente, al final de cuentas, nunca he sabido de que se trata, exactamente,  eso de “derechas” e “izquierdas”. Si se trata de definir una actitud ante la vida repito que todos somos una mezcla de “derecha’ y de “izquierda”. Cada uno de nosotros es un original, sin copias, lo cual puede ser  afortunado en algunos casos (Hitler, Stalin, Esteban) y una desgracia en otras (Einstein, Brahms, Lincoln).
En los toros se dice que la “izquierda” es la de cobrar. Agregaría que la “derecha” es la de producir.



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